Artículo extraído de Confluencia Network


 

Catalunya, oasis perdido en un espejismo


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El día en que a Carles le robaron la cartera del relato

Ya está, ya somos República independiente sin autogobierno y bajo el mando de Soraya, la alta funcionaria de ideología centralista y neoliberal. La euforia inunda a la ciudadanía catalana, aunque esta ha decidido disimularlo y pasar el fin de semana ignorando la trascendencia de estos días históricos que una vez más vive (o sufre). Mientras, el (ex)president Puigdemont, después de recibir la felicitación de amigos y parientes por lo bien que ha salido en la tele su última declaración institucional, se ha personado en la comisaría más cercana para denunciar que Rajoy le robado la cartera del relato, caso muy extraño teniendo en cuenta la escasez de sus contactos, o quizás haya sido por eso mismo. Según expertos anónimos y tertulianos mudos, todo ello forma parte de un fenómeno de “espejismo deformante” provocado por la sustitución, continuada en el tiempo, de la realidad por el pensamiento mágico. Esto explicaría que actos que pretenden ser sublimes se conviertan en ridículos y que pretendidas gestas de liberación acaben convirtiéndose en combustible para la reacción tribalista a un lado y al otro del Ebro.

 

Las ocasiones perdidas

El hombre que recomendó prudencia, perseverancia y perspectiva a los ciudadanos que nunca lo había elegido como President, ni siquiera como alcalde de Girona, demostró el jueves 26 de Octubre carecer de prudencia y perspectiva. Después de anunciar la disolución del Parlament de Catalunya y la convocatoria de elecciones anticipadas, decidió que donde dijo digo diego, se echó atrás y se las ofreció en bandeja a Mariano, que es muy mediocre gobernante pero muy hábil explotador de los errores, debilidades e insuficiencias de sus adversarios.

En esas horas, en las que pareció que Junts pel Si aceptaba la necesidad de un paso táctico hacia atrás, el entorno de la coalición se convirtió en un guirigay de reacciones y presiones. En esos eternos minutos la gente “procesista”, gente de muy buena fe según atinada caracterización de Enric Juliana(1), entrevió que el gran PLAN ( todo estaba previsto y organizado) que les había de conducir a la tierra prometida, a lo mejor no era tal y que en vez de un oasis se estaban perdiendo en un espejismo. Pero cuando se está instalado en el terreno de la emotividad, racionalizar el fracaso, o sea la derrota, se equipara a la traición.

La disensión dentro de la congregación “procesista” se superó con un nuevo consenso: proclamación, expositiva que no dispositiva de la República catalana, que el Gobierno central, con el apoyo de Cs y PSOE apruebe en el senado y a esperar que la aplicación del mismo, como sucedió en el 1-O, se convierta en el Dien Bien Phu (2) del malvado estado español. Es decir no sólo se cedía la iniciativa al adversario, sino que se fiaba la estrategia a que aquel actuase con violencia, que acentuase la represión. ¿Las posibles victimas individuales y la fractura social sólo serían daños colaterales de la liberación nacional?.

 

¿Participar, es lo importante?

Perseverancia, fruto de la convicción (magia) y de la determinación (voluntad), es la consigna del momento dentro del procesismo,; no admitir (disimular) el aislamiento internacional, obviar la falta de implicación del mundo del trabajo, ignorar los avisos del poder económico (Urkullu había mediado avalado por buena parte del poder económico). Después que la aplicación del artículo 155 se haya reducido drásticamente, Junqueras también ha recomendado perseverancia. Junqueras, que como Rajoy confía sus aciertos a los errores de sus adversarios y enemigos, ahora ha de decidir como aborda las elecciones del 21 de Diciembre, un boicot de ERC parece muy improbable, sus diputados permanecen en el Parlamento español a pesar de la ¿proclamación? de la República de Catalunya. El relato deberá retorcerse hacia la magia o hacia lo grotesco o hacia las dos cosas a la vez para justificar la participación, pero la alternativa es quedarse fuera de las instituciones, o en unas instituciones paralelas no reconocidas y de poder menguante, y en ese espacio hace mucho frío para una organización nada revolucionaria como es ERC.

El tiempo de Junts pel Si, ya se ha acabado, en los últimos días las tensiones internas se han convertido en diferencias y necesidad de caminos específicos. ERC aspira a hegemonizar el espacio “procesista” y ante un PDeCat tocado por su pasado y por una dinámica que no es la suya. Para PDeCat participar en las elecciones es casi una necesidad, no puede seguir distanciándose del poder económico. Aunque si lo hace correrá el riesgo de perder cuadros y afiliación y tener que emprender un largo camino para recuperar sólo parte de su base social. Sin embargo la dimisión del conseller de empresa Santi Vila anuncia una voluntad de desmarcarse de la última deriva del “procès” y encabezar una alternativa de catalanismo moderado.

La CUP, el tercer lado del triangulo secesionista, es el que se encuentra mas descolocado en la actual situación. Su táctica necesita de la tensión, de la represión del gobierno estatal para intentar ganar peso en la base social de sus aliados y al mismo tiempo presionarlos con su capacidad de movilización. Sin embargo sus avances en el terreno de la hegemonía desde las elecciones del 26-S del 2015 no han sido muchos. Su capacidad de proponer disparates le ha limitado su incidencia en el electorado independentista y la subordinación de los social a lo nacional lo ha alejado de la izquierda, salvo de sectores muy minoritarios anclados en el infantilismo. Se ha presentado a la CUP como la fuerza que condicionaba la actuación de sus aliados, y es cierto que sus diputados eran claves para la mayoría secesionista. Ahora bien lo sucedido los últimos días indican que más bien eran utilizados como excusa de políticas asumidas por una mayoría de Junts pel Si. Si ERC y la PDeCat deciden participar el 21-D y la CUP mantiene su negativa a participar en unas autonómicas, puede perder la capacidad de ser decisiva en el Parlament y tendría que fiarlo todo a una correlación fuerzas ingobernable y a un posible recrudecimiento del conflicto en la calle.

Ser parte del problema o de la solución.

El PP parece no querer repetir los errores previos al 1-O, es decir creer que puede resolver la crisis administrativamente. La realización del referéndum demostró que las acciones administrativas no pueden detener una movilización masiva y arraigada social y territorialmente , aunque no sea mayoritaria. Desde esta experiencia, la pretensión de gobernar una sociedad con esa misma parte de la sociedad en oposición y con un apoyo minoritario, no sólo auguraba un fracaso sino el agravamiento del problema. Ahora bien, es una partido que sigue preso de una visión centralista y autoritaria que le impide cualquier acción u oferta política de calado reformista sobre la relación entre Catalunya y el conjunto de España. Sigue siendo parte del problema no de la solución. Además su tendencia a retorcer la ley para dar satisfacción al creciente nacionalismo españolista, en parte activado por PP y Cs y en parte reacción a la torpe unilateralidad “procesista”, puede alimentar la dinámica represión-reacción.

Ciudadanos, por su parte, al limitarse a enarbolar la petición de aplicación del artículo 155 y la realización de elecciones, parece centrarse en rentabilizar electoralmente ese auge nacionalista españolista, con lo que deja abandonados, más que aparcados, sus supuestos principios liberales.

Sobre el PSC pesa el factor de que el PSOE se niega a ir más allá de una reforma constitucional sin claros objetivos y que no reconoce la necesidad de un referéndum pactado. Cuando en la realidad catalana un porcentaje de la población muy mayoritario lo pide. Además existe la presión de la vieja guardia y el susanismo, las reacciones al aventurerismo procesista y la estrategia del PP de dejar que las cosas, las situaciones avancen hasta un punto en el que obliga a sus adversarios a secundarle en una alianza que sólo le beneficia a él.

En esta situación de pressing el PSOE y el PSC han tenido varios intentos por marcar una posición propia, la mayoría volátiles, aunque el anuncio “interruptus” de elecciones por Puigdemont les dio oxigeno. Que la aplicación del artículo 155 se haya centrado en la convocatoria de elecciones les deja un cierto margen para disputar base social a Ciudadanos sin acabar de romper puentes con el resto de la sociedad.

Los Comunes por su parte han salido perjudicados, quizás los que más, del previsto (3) choque de trenes entre gobiernos de PP y de Junts pel Si. Se ha evidenciado la debilidad paradójica de su hiperliderazgo, la falta de cohesión organizativa, el insuficiente distanciamiento de la dinámica secesionista y sobre todo la incapacidad para ofrecer una alternativa aplicable y consecuente con la democracia. Hay que recordar que en Un país en Comú se realizó después del 11 de Septiembre una consulta sobre la participación o no en el referéndum del 1-0. La casi totalidad de sus dirigentes, con Ada Colau a la cabeza, defendieron el si, ningún dirigente propugnó el no y sin embargo este sacó un 40,6%. Esta diversidad no supo ser recogida por la dirección, que no matizó su propuesta de participar en el referéndum. Cosa que podía haber hecho con la simple reafirmación y apoyo al discurso de Joan Coscubiela en el Parlament con motivo  de la aprobación antidemocrática de las leyes de Referendum y de Transitorietat (4). Los Comunes, presos de similares ambigüedades que Podemos, se han limitado a la reivindicación de un referéndum pactado, sin explicitar como conseguirlo; sin admitir que, en la actual correlación de fuerzas, hay que negociar y acordar dentro del marco de nuestro estado de derecho. Porque es el que tenemos, y en todo caso se trata de mejorarlo y transformarlo, no de ignorarlo o sortearlo. No son válidos los falsos atajos, ni llamamientos a la República federal que es o debe ser el mañana. Hoy se trata de ganar la hegemonía de la mayoría de la sociedad con propuestas transformadoras y a la vez realizables en el actual contexto (5).

 

Entesa pel diàleg

En este contexto y con unas elecciones que seguro estarán polarizadas por la confrontación nacionalista hay un riesgo muy alto de que la izquierda, o sea la posibilidad de transformación democrática, sea la derrotada. También es muy previsible que esa bipolarización refuerce el enfrentamiento pero que no resuelva la situación de empate social, de equilibrio de fuerzas.

Y sin embargo hay en Catalunya un espacio social importante para desarrollar propuestas y políticas de izquierda. Es ese tercer sector de la ciudadanía catalana que proclama que una salida unilateral en Catalunya no es posible, que no hay solución sin referéndum pactado, que defiende que la alternativa es la negociación dentro del principio de realidad y del respeto mutuo, que es consciente de que la actual dinámica del conflicto es una amenaza para la democracia. Un sector que se ha movilizado en la prensa, en las redes, en las concentraciones de Hablamos-Parlem y que tiene su expresión más visible en la Comisión independiente para la mediación y el diálogo (en la que participan el Colegio de la Abogacía, CCOO, UGT, Universidad de Barcelona, Universidad Autónoma de Barcelona, PIMEC, Colegio de Economistas…) y que el pasado día 22 llenó el Paraninfo de la Universidad de Barcelona bajo el lema Trobem l’entesa a través del diàleg ( Encontremos el acuerdo a través del diálogo) para plantear el diálogo como alternativa a la dinámica de acción-reacción. Ese sector, anclado socialmente en las diferentes formas del mundo del trabajo, puede ser clave para encarrilar la crisis catalana hacia una posible solución democrática y progresista si se halla la manera de convertir en realidad su potencial político.

(1)http://www.lavanguardia.com/politica/20171026/432357109856/el-dia-que-trump-fascino-a-mas.html?utm_campaign=botones_sociales&utm_source=twitter&utm_medium=social&utm_campaign=botones_sociales&utm_source=facebook&utm_medium=social

(2) La batalla de Ðiện Biên Phủ se libró en 1954 entre el Viet Minh, bajo el mando del General Võ Nguyên Giáp, contra el Cuerpo Expedicionario Francés en Extremo Oriente mandado por el general Henri Navarre. Los franceses que creyeron rematar a un debilitado ejercito vietnamita acabaron presos de su propia estrategia y perdieron la guerra en esa batalla.

(3) Catalunya: El espectáculo que no cesa. (http://confluencia.network/coyuntura/802/)

(4) http://www.elperiodico.com/es/politica/20170908/discurso-coscubiela-siqueespot

(5) Ver propuesta planteada por Carlos Tuya en el artículo Derrotas autoinfligidas publicado en esta misma web