Coyuntura

Gobernar o que te gobiernen, esa es la cuestión

A más de dos semanas de las elecciones, la situación política sigue sin definirse pero, recurriendo a un símil ciclista, ya hay un corredor escapado. Si estuviéramos en una etapa de montaña, de las decisivas que definen quién será el ganador de la competición, Mariano Rajoy sería el corredor que, aprovechándose del marcaje que se realizan sus rivales entre sí, se ha ido distanciando de sus competidores con una ventaja cada vez más clara para ganar la etapa y la carrera, es decir, de formar gobierno. El mensaje de Rajoy, muy apoyado mediáticamente es el de: o yo o terceras elecciones. Con ello intenta desplazar el dilema entre continuidad o cambio al de gobernabilidad o ingobernabilidad. Mariano Rajoy, que ha demostrado con insistencia y suficiencia sus grandes limitaciones como gobernante, también ha evidenciado su habilidad para gestionar el margen que le dan las debilidades y contradicciones de sus competidores y opositores para seguir al frente del gobierno.

Sin embargo el dilema social, político y económico que afecta a la mayoría de la sociedad es el de un gobierno que dé continuidad al cuatrienio negro (más el último periodo de Zapatero) o el de un gobierno de cambio. La continuidad o el cambio en tres frentes que se entrecruzan: el que existe entre mantener, atenuar o revertir gestión neoliberal de la no-salida de la crisis, el que se da entre centralismo, reforma del modelo estatal y secesionismo, y el de la regeneración democrática, cada vez más urgente.

Los seis meses transcurridos entre el 20D y el 26J han evidenciado algo tan elemental como que toda opción política que se presenta a unas elecciones o lo hace para gobernar o pierde credibilidad. Y eso es lo que le ha sucedido a Podemos, y de rebote a la coalición electoral Unidos Podemos. El Consejo Ciudadano de Podemos y sus prolegómenos nos han obsequiado con las figuras literarias de Pablo Iglesias sobre el paso de la guerra de movimientos a la de posiciones, de la guerrilla al ejército regular, evidente en un estado de derecho. También hemos disfrutado del descubrimiento del Mediterráneo que implica la insistencia de Errejón: en la “necesidad de contar no sólo con los sectores más movilizados y organizados, sino también con los que no lo están”. Y hemos conocido diversas explicaciones sobre el millón de votos perdido por Unidos Podemos. Como ya se ha indicado en esta web, y en algún momento lo ha reconocido la propia dirigente de Podemos Carolina Bescansa, la encuesta del CIS de Abril ya evidenciaba esa fuga de votos para sus siglas. Es cierto que como también afirma Bescansa, no son votos cedidos a otra opción sino desmovilizados, pero al fin y al cabo perdidos con su correspondiente sangría de fuerza parlamentaria y de capacidad de gobernar. Ante la testarudez de la realidad, la dirección de Podemos parece haber optado por un cambiar la forma de describirla, variar el relato de la misma con vistas al consumo interno de la organización y los titulares periodísticos. Desde el 20D hasta el 26J la situación socio-económica española no ha variado. En el terreno político el único elemento diferenciador ha sido el del fracaso del PSOE en la configuración de gobierno alternativo. Fracaso provocado por su gestión del acuerdo con Ciudadanos y complementado por la posición de Podemos, autoexcluyéndose de la negociación y evidenciando su nula voluntad de acuerdo. En consecuencia se ha producido un parón en el crecimiento electoral de una opción a la izquierda del PSOE, no un cambio de ciclo. Un parón electoral que refleja, como ya lo hacían los resultados del pasado diciembre, una situación compleja en nuestra sociedad, en la que la inercia de la continuidad no sólo no desaparece sino que se reagrupa y el empuje del cambio no sólo no crece espontáneamente sino que ha de superar su dispersión. Pero al mismo tiempo el estado de catástrofe social que afecta a una parte cada vez más importante de nuestra sociedad sigue ahí: tres millones de españoles han salido de la clase media desde el 2008 y ahora tienen ingresos por debajo del 75% de la media. Y ello comporta para la izquierda la obligación de gobernar para defender derechos y mejorar situación laboral y social. Ya se verán los grados de implicación en el gobierno, de presencia en él, de apoyo exterior o incluso de intervención desde la oposición. Pero primero hay que reconocer la obligación de gobernar, es decir, de establecer alianzas en base a los frentes de salida de la crisis, reforma de la estructura del Estado y regeneración democrática.

Frente a la opción de la continuidad, representada por un Gobierno, en solitario o con mayoría del PP, la alternativa de un gobierno de cambio ha sido reclamada por representantes de la izquierda del PSOE como Torres Mora y Odón Elorza, por el alcalde de Valencia Joan Ribó, por el secretario general de CCOO Ignacio Fernández Toxo, entre otros . Teresa Rodriguez, secretaria general de Podemos en Andalucía, ha declarado a el diario: Nosotros tenemos que hacer todos los esfuerzos para evitar una legislatura de Rajoy. Coincido y añado: ya estamos tardando. Ahora bien, la consecución de un gobierno de cambio alternativo al PP depende esencialmente de la evolución del PSOE, partido que está recorrido por la tensión interna entre continuidad y cambio. La derecha económica, política y mediática están presionando desde el 27J por mantener al PSOE en la continuidad. Esperar que éste caiga en la trampa de la abstención en la investidura de Rajoy, o no hacer lo posible por evitarlo, sería infantil colaboración con la derecha. Por el contrario, es hora de poner en primer plano la necesidad de alianzas, de negociar, de trabajar para fortalecer la posibilidad de que el PSOE asuma la voluntad del cambio.

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