Coyuntura

Ni gobierno del PP, ni terceras elecciones. Hay alternativa

La presión de los grupos mediáticos, el natural conservadurismo militante de los poderes económicos, el anquilosamiento, cuando no degradación imparable, de los aparatos políticos que nos han gobernado hasta ahora, la fragmentación de la izquierda, el tacticismo que deriva demasiadas veces en infantilismo torpe… todo ello parece confabularse para retener nuestra política en una especie de estancamiento provocado por la ausencia de perspectivas de avance. Una situación que favorece la continuidad del PP de Mariano Rajoy, si hay otro PP se halla en paradero desconocido, a pesar de haberse ganado a pulso un gran descrédito como personificación de la corrupción sistematizada, de la degradación y degeneración de la democracia, del ataque solapado pero continuo al estado de derecho..

Hasta ahora el dominio que el actual jefe de gobierno en funciones ejerce sobre su partido ha frustrado la posibilidad de un gobierno de derechas sin Rajoy, alternativa manejada por Ciudadanos y que sería muy cómoda para los poderes económicos. Por otra parte, el apoyo indirecto a la investidura de Rajoy mediante una abstención generalizada, segunda alternativa de Rivera y primera del sector carcamal del PSOE, no acaba de cuajar. Quizás porque el desprestigio de Rajoy no sólo iguala sino que puede superar la más preciada virtud de nuestro jefe de gobierno en funciones: su tremenda capacidad de aguantar impávido ingentes cantidades de errores, fracasos y corruptelas propias. Fiel a su estilo, Rajoy sigue presionado, amenazando, con el dilema entre un gobierno presidido por él o la repetición electoral, unos terceros comicios que podrían fortalecerle aún más. En este escenario la izquierda parecía haber dejado la iniciativa a las diferentes opciones de la derecha. Sin embargo, como respuesta al debate generado en los medios y las consiguientes presiones sobre la dirección del PSOE, y a la supuesta obligación de elegir entre Guatemala y Guatepeor, se producen una serie de planteamientos de gobierno alternativo. El primero de ellos surge de Economistas frente a la crisis, colectivo cuyas propuestas de cara a los comicios de 20-D y del 26-J fueron recogidas en lo esencial en los programas de Unidos Podemos, y en parte del programa del PSOE. En un manifiesto encabezado por con un título muy explícito: Terceras elecciones no… pero no a cualquier precio, http://economistasfrentealacrisis.com/terceras-elecciones-no-pero-no-a-cualquier-precio, señalan:  existe un espacio suficiente de consenso entre las fuerzas políticas para construir una alternativa a la perniciosa política económica aplicada en los últimos años; a la política económica, en definitiva, del Partido PopularNecesitamos un gobierno que aplique las medidas de emergencia social necesarias para hacer frente a las consecuencias de la crisis y de la política de austeridad practicada; un gobierno limpio, sin sombras de corrupción, que apueste con decisión por la regeneración de las instituciones y de la práctica política. El 18 de Julio es el Foro 26J de reciente constitución,  relacionado con ex dirigentes del PSOE, el que se pronuncia en el llamamiento Qué hacer: un acuerdo amplio para el progreso https://foro26j.blogspot.com/2016/07/que-hacer-un-acuerdo-amplio-para-el.html. y el 28 de Julio aparece el manifiesto un Gobierno de Progreso Por un acuerdo de PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos, http://www.ecestaticos.com/file/4f68f29120bb2c1e01e648184c1b40fc/1469698375.pdf, que firman entre otros miembros de Compromís, Izquierda Abierta, Foro 26J, Recortes cero otra parte el mismo día 28 en el Parlament de Catalunya Junts pel Si y la CUP aprueban una resolución de desconexión unilateral con el estado. Se trata de una maniobra destinada a mantener vivo un “procès” en horas cada vez más bajas y a asegurar el voto de la CUP a Puigdemont en la moción de confianza que se votará en los inicios del próximo otoño. Esta insistencia en la unilateralidad y la experiencia de la elección de la Mesa del Congreso de los Diputados invalidan de facto la opción de un acuerdo PSOE-Unidos Podemos con PNV, ERC y PDC (ex CDC). Ya no se trata de la existencia líneas rojas sino de la imposibilidad de confiar en quién se empecina en el choque frontal, más o menos virtual, con las instituciones del Estado, para justificar su apriorismo de que aquel es irreformable, versión secesionista pero no menos infantil, o interesada, del cuanto peor mejor. El 30 de julio Josep Borrell, miembro del gobierno en la sombra de Pedro Sánchez, plantea en una entrevista publicada en el diario que si Ciudadanos no vota si a Rajoy es obvio que puede haber otras soluciones, alternativas relacionadas con lo propuesto por Economistas frente a la crisis, colectivo del que el ex ministro forma parte. Efectivamente aritméticamente los números dan para otras alternativas, esencialmente dos. El secesionismo catalán, como hemos visto, ya se ha encargado de inutilizar una de ellas, queda la otra, la de un gobierno basado en un acuerdo entre PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos. Ahora bien la aritmética cuando es interpretada por la política se hace mucho más compleja; las negociaciones y no negociaciones habidas tras el 20D así lo demuestran. En todo caso esa alternativa exige como primera condición que el PSOE asuma la responsabilidad de llevarla adelante, lo que implica que la actual dirección venza tanto la ofensiva de la vieja guardia encabezada por Felipe González como los obstáculos prodigados por Susana Díaz llevada por su su voluntad de ser califa en lugar del califa. Además, es necesario que desaparezcan las adolescentes líneas rojas y se debata y negocie, de forma abierta y pedagógica, sobre el programa de mínimos que puede dar sentido a un acuerdo de gobierno de progreso. Avanzar en esta línea es responsabilidad de los partidos con representación en el Parlamento, pero la experiencia más cercana, la misma correlación de fuerzas y la colisión de intereses plantea la necesidad de la presión y de la participación social. Y en este terreno último el movimiento sindical tiene un papel clave por su capacidad organizativa, su representatividad y por lo que se juega el mundo del trabajo. La irresponsable actuación del PP con la dilapidación del Fondo de reserva de la Seguridad Social, la aplicación de los ajustes exigido por la Comisión europea para mantener el déficit, así como la posible continuidad de las políticas sociales y laborales del PP son motivos suficientes para que el sindicalismo de clase y confederal apueste consecuentemente por la consecución de un acuerdo de gobierno de progreso. Un acuerdo que debería incorporar las 20 actuaciones urgentes por el progreso y el bienestar sociales, http://www.ccoo.es/cms/g/public/o/5/o101251.pdf, presentadas por CCOO y UGT en el proceso electoral del 20J; así como el compromiso de abordar un “ambicioso” programa de negociación tripartita, con gobierno y patronal sobre distintas materias de carácter económico y social, tal como planteaba la carta que los secretarios generales de CC.OO. y UGT, Ignacio Fernández Toxo y Pepe Álvarez, respectivamente, enviado el 22 de Julio a los cuatro principales partidos políticos (PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos).

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