Coyuntura

El juego de las sillas catalanas

A finales del Antiguo Régimen, los hijos de los aristócratas y burgueses ricos jugaban en los salones a un juego educativo, que ha llegado a nuestros días, con el nombre de Juego de las Sillas.

Consistía, y consiste, en que los vástagos de la élite, que pronto competirían por un pupitre en la amplía burocracia de la monarquía absolutista, corrían alrededor de un conjunto de sillas, siempre menor que el grupo de niños, hasta que una señal de un mayor, vigilante y organizador de los juegos infantiles de sociedad, les invitaba a sentarse en una de las sillas. Los que se retrasaban, bien por ser lentos de reflejos, bien por dudar, pagaban una prenda.

Esta carrera, en la actualidad catalana, ha sido organizada por Mariano Rajoy, que ya ha pagado prenda por su papel en el primer movimiento del juego, con una salida, provisional y chapucera, al embrollo que, él mismo, con la ayuda entusiasta de los independentistas, habían creado en La Marca Hispana del antiguo reino carolingio. Ahora, tras la pausa navideña, en la que los inscritos han repuesto fuerzas con el turrón, continúa la carrera, en la que los jugadores aún no han tenido tiempo de contar las sillas. Lo único cierto, es que las cuentas no salen, y los grupos participantes siguen corriendo.

La primera jugada, aquella en que el público ha castigado al organizador, ha clarificado la composición de los grupos, acelerando la decantación del verdadero populismo, no el “teorizado” por Errejón, que solo es una versión modernizada de la vieja socialdemocracia; sino el populismo en serio, el que en su día degeneró en fascismo, y que hoy toma la forma, en Europa, del “regionalismo de los ricos”: el conglomerado nacionalista que recoge las ruinas de CIU, y ha logrado el verdadero “sorpasso” catalán sobre “Esquerra Republicana”. Por el momento, es muy posible, que sus dirigentes no sepan aprovechar el viento a favor, continúen con el hálito romántico y destruyan su propia victoria.

El PSC ha podido, y poder no significa saber, aguantar el fuego cruzado de los nacionalismos exacerbados en España y Catalunya. Pero la relativa fortaleza de la sección catalana de la socialdemocracia española, no puede hacernos perder de vista que el 155 de Rajoy ha significado cuadrar y humillar a Pedro Sánchez. Por mucho que lo intente, la falta de protagonismo, e independencia del PSOE, durante toda la crisis catalana, le ha quitado cualquier capacidad de maniobra a su líder para resucitar políticas y alianzas de izquierdas. Y ha dejado a su partido catalán, sin opción de protagonismo en la configuración del nuevo parlament.

Lo mismo podemos decir de Catalunya en Comú, el reciente, y bien configurado, partido impulsado por Ada Colau, una formación política cuyas opciones estratégicas han sido dilapidadas, pocas semanas antes de las elecciones, por la torpeza, sin excusas, de la alcaldesa barcelonesa, al romper el pacto de gobierno con el PSC.

Y aquí es donde la estrategia del IBEX está funcionando. Josep Oliu, padrino de Albert Rivera, lanzó a su formación ante los empresarios, con la frase: “necesitamos un Podemos de derechas”. Este empresario es presidente del Banco Sabadell y patrono de FEDEA(Fundación De Estudios de Economía Aplicada).

La propia relación de Ciudadanos con FEDEA es conocida (eldiario.es, 15-12- 2015). De allí procede Luis Garicano, artífice del programa económico, y Florentino Felgueroso, cuyas ideas sobre Educación en la fundación del Ibex 35 han encontrado eco en el programa de ese partido. Y el actual director de FEDEA, Ángel de la Fuente, presidente de la mesa del primer congreso de Ciudadanos.

Esa estrategia del IBEX no es conseguir que gobierne Rajoy (dirigente sostenido por la torpeza de sus oponentes) sino evitar a toda costa que la unidad de la izquierda fragüe. Los resultados electorales de Ciudadanos en las elecciones catalanas del 21-D, abren las expectativas a un gobierno español de Ciudadanos y el PSOE, porque crea un receptor creíble, y fiable para el IBEX-35, para la posible erosión de votos del Partido Popular, tras su fracaso en Catalunya.

Después de la posición sin fisuras de la Comisión y el Consejo de la Unión Europea, frente al secesionismo catalán, y la demostración del talante operístico de éste último, demostrado en los paseos y tertulias en torno la “taula”, del fugado Puigdemont, el problema catalán entra en una vía manejable para el IBEX 35. Sin posibilidades de convertirse en un reto democrático y de izquierdas, por la torpeza de la propia izquierda no independentista catalana; la crisis catalana solo tiene posibles lecturas desde las políticas española y europea, y desde esa perspectiva es contemplada por las fuerzas principales en conflicto.

La posición de los competidores, tras ocupar sus respectivas sillas, y dejar a Catalunya en Comú y al PP fuera de juego, y al PSC con las manos atadas por el PSOE y Ciudadanos, nos dirá quien acabará mandando en el bloque independentista, y nos dará nuevos indicios sobre cuales son las perspectivas del populismo en España y Europa.

 

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