Coyuntura

Las hipotecas de la izquierda

 

Siguiendo la norma de que las organizaciones políticas deben mirarse en el espejo de la sociedad en la que se desempeñan, la izquierda se asemeja a la clase media y trabajadora, por la enorme deuda hipotecaria que soporta en este comienzo de siglo.

En primer lugar, el PSOE, que ha apostado la supervivencia a la “Gran Coalición”, eso si, tan vergonzante como vergonzosa, con el PP. Las últimas revelaciones de Ernesto Alkaizer sobre las instrucciones del Gobierno Zapatero a los órganos de supervisión bancaria, que confirman la carta de los inspectores del Banco de España a Solbes en 2005, denunciando la falta de supervisión a las malas prácticas de riesgo de Cajas y Bancos, ante la burbuja inmobiliaria y el sobreendeudamiento, indican que el bi-partito tiene incentivos más que de sobra, para controlar conjuntamente cualquier intento de “Comisión” de investigación parlamentaria sobre prácticas corruptas y connivencia de los Gobiernos con los poderes económico-financieros. Según Soledad Gallego, el País, 5-2-17, el Partido Socialista parece haber apostado por bloquear la acción parlamentaria, por lo menos hasta asegurar la legislatura para el Partido Popular. Esas son, entre otras, las dos hipotecas más evidentes del PSOE.

El toma y daca es una práctica común en el entorno de los negocios, y mafioso. ¡Nunca se sabe cuando va a ser necesaria la correspondencia! El PP está colaborando y ha puesto a Trillo en la picota, cabeza de turco ya amortizada. Y Podemos,…, acompaña. El espectáculo dado por la formación morada las últimas semanas, la ha colocado fuera de la política y no se sabe cuando retornará. Aunque ya venía avisando. Primero fueron las declaraciones de Iglesias el día 20 de diciembre de 2015, seguidas por su discurso en el parlamento ante la chapuza de acuerdo presentada por Pedro Sánchez, atado, ahora tenemos más datos, no todos ideológicos, por su Comité Federal en su política de pactos. Y, unos días más tarde, Podemos se negó a sí mismo, la enorme ventaja estratégica que le confería las posibilidades de Abstención. A partir de ahí, excepto por la coalición con IU, el líder de la organización ha venido marcando, como si de un macho dominante se tratara, la jefatura.

Para señalar su visión del tablero, que no es otra que “las dos orillas”, ya viejas, de Anguita respecto al PSOE, destituyó a los responsables de Madrid y al secretario de organización, porque, desde antes del 20-D, venían negociando con Gabilondo, posibles actuaciones conjuntas en la Asamblea de Madrid. Unos meses más tarde, negociando sin criterio claro con los dirigentes de “Las mareas” gallegas, topó con alguien con más criterio que él, y tomó una decisión estratégica: marcar un futuro confederal a la coalición de izquierdas que, siendo correcta, se saltó todos los procedimientos de consenso democrático en el seno, tanto de Podemos, como de la coalición y, en octubre de 2016, inició una pelea de gallos interna, que fue parada, en aquella ocasión, por la intervención de sus poderosas aliadas confederales y, de nuevo, por el alcalde de Santiago. En su ayuda vino una torpe campaña de prensa contra su joven candidato a dirigir la organización de Madrid, que cabreó a las bases y le permitió obtener una holgada victoria en la renovación de la dirección de esa organización. Pero, la doctrina de Anguita, como la de clase contra clase de hace casi un siglo, es fácil, sirve de coartada para no pensar y no hacer política, es muy útil para los líderes mal llamados radicales. Y protege a los estalinistas contra toda crítica.

Esas son las hipotecas de Podemos, más gravosas que una mala teoría que, al fin y al cabo, es siempre mejor que ninguna. Pues una mala teoría, bien utilizada con una metodología adecuada, permite construir escenarios y contrastar, modificar y abandonar la teoría, cuando los hechos te dicen que las cosas van por otro lado. Y las cosas, los hechos, han arramblado con las visiones construidas por los marxistas a partir de la visión soviética del leninismo. Los discípulos de Laclau recurren al viejo populismo obrero: arriba y abajo, el pueblo contra las oligarquías, anterior al marxismo, una visión de la política que, en su día, permitió avanzar en muchas y diversas direcciones, desde el liberalismo radical de los sindicatos británicos a la socialdemocracia nórdica y el comunismo italiano. Lo importante, en tiempos de confusión, es la capacidad crítica y la honestidad democrática. Lo que es un camino equivocado, criminal incluso, es el estalinismo, la convicción de que la posesión de la verdad, permite el desprecio a los procedimientos de consenso democrático en que se basa una buena organización.

Por último, quedan los socios federales de Podemos e Izquierda Unida. Ésta última, hipotecada por su adhesión histórica al comunismo soviético, y su crítica liberal del sovietismo con el eurocomunismo, de la cual aún no ha realizado un ajuste de cuentas, acorde con la magnitud del error. Las confluencias, iniciativas y mareas, son, ellas mismas, una hipoteca por su configuración regional en un mundo global. Necesitan a Podemos más que éste último las necesita a ellas.

Sin embargo, en el conglomerado que conforma Unidos-Podemos, hay capital humano suficiente, y una solidez organizativa que aportan éstas últimas fuerzas: cuadros políticos, activistas sociales y sindicalistas, municipalistas etc., que dan pie al optimismo. Podemos ha significado el salto cualitativo de la pequeña organización aislada, con sus núcleos locales de influencia, pero sin presencia política nacional, a la representación pública en las Instituciones del Estado, y de la Unión Europea, su bisoñez puede romper el conjunto, aunque no signifique “vuelta a la casilla de salida”. Pero el verdadero reto está en Europa. En éste último aspecto, los Verdes (EQUO), miembros de la coalición, representan un anclaje firme, pues son la tercera fuerza del Parlamento Europeo, con una amplia experiencia en la política continental y de gobierno, en sus países, y sus políticas son completamente compatibles, con diferentes pero no contradictorias prioridades; aportan la visión global, la ecología solo es abordable desde lo local y lo global, no encaja en lo nacional.

Como ya hemos dicho en otro artículo (Y 5) Unidos-Podemos depende de que la formación morada salde sus diferencias, sin perder en la confrontación la capacidad para “consultar al enorme capital intelectual joven” que allí confluye. “Ponerlo a trabajar y exigirle que construya buenas decisiones, con programas y estrategias específicos para cada situación concreta”, en base a Una visión de “profundizar en la democracia, ampliando su ámbito hacia la igualdad y los derechos sociales y civiles,   y redundando en la necesidad de abrirse a las alianzas europeas con las fuerzas, que desean esa misma ampliación para una Europa confederal”. Que esa visión sea el socialismo, depende de las fuerzas que confluyan en el contenedor principal (Europa), y de la capacidad de IU para saldar cuentas con su pasado, y atraer a los dirigentes sindicales.

Valencia, 6-2-2017

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