Política

Unidad de las Izquierdas

Una cuestión previa: ¿es posible e imprescindible estratégicamente dividir el campo político en izquierda-derecha?

La división del campo político en izquierda-derecha resulta una tarea previa imprescindible para desarrollar una estrategia política de transformación. Para su realización es necesario adoptar como criterio el horizonte estratégico (atractor) que todos los parámetros del campo pretenden alcanzar. Afirmamos que el atractor del campo de la izquierda es el desarrollo de una sociedad con creciente disminución de la desigualdad social, lo que en el límite supone su eliminación. En la actual fase de capitalismo neoliberal, el objetivo de ampliar el Estado Social de Bienestar exige la regulación y control de los mercados, lo cual implica establecer una estrategia tendente a eliminar el Nuevo Dominio Indirecto que ejercen determinadas instituciones y grupos a través de los Estados, pero que actúan desde fuera de ellos. Así, la clasificación implica tomar posición respecto al papel del Estado, lo que incluye el aspecto de su relación con otros Estados. La transversalidad se presenta cuando los parámetros que tienen atractor, establecen alianzas con grupos sociales o incluso grupos políticos que no lo tienen. Por ello, quedan excluidas otro tipo de clasificaciones, por más utilidad que pueda tener su aplicación en diferentes terrenos (incluido el electoral). Por último, esta división exige la Unidad de las Izquierdas como instrumento capaz de conformar la mayoría social y política del propio campo.

Desde diferentes lugares y parámetros del campo político, sobre todo en los momentos de debilidad subjetiva, se puede oír el canto retórico de cuán necesaria es la Unidad de las Izquierdas. Pero si se pregunta a cada una de esas voces qué entiende como contenido de la misma, escucharemos las concepciones más variopintas, eso sí con el común denominador de ser aplicado cual bálsamo de Fierabrás. Antes de nada, hemos de tener en cuenta que el concepto izquierda es un concepto histórico y que la oposición izquierda-derecha no es universal, circunscribiéndose a sociedades políticas modernas a partir de la revolución francesa (la terminología proviene del lugar que ocupaban los representantes en la Asamblea) y ha evolucionado con el tiempo. En su sentido actual, la oposición izquierda-derecha sí tiene arraigo en España, donde es utilizada con precisión sobre todo a partir del Frente Popular de 1936.

Así que debemos proceder a establecer el criterio que nos permita realizar la clasificación del campo. Y este sólo puede tener verdadero sentido político si se hace teniendo en cuenta el horizonte estratégico (atractor) de cada una de las partes y que en el campo de la izquierda tiene que ser sintético.2 Afirmamos que el atractor del campo de la derecha es el mercado libre y el del campo de la izquierda es el desarrollo de una sociedad con creciente disminución de la desigualdad social, lo que en el límite supone su eliminación. Una primera derivada de esta clasificación, de vital importancia ideológica, es que para la derecha el elemento fundamental3 de la formación social es el individuo, mientras que para las izquierdas son los grupos sociales y las clases sociales. De este modo, aparecen las tres grandes corrientes presentes en el campo de la izquierda desde la segunda mitad del siglo XIX: anarquismo, socialismo (socialdemócrata) y comunismo, a las que en España, a partir del movimiento 15M, hay que añadir el populismo.

La primera constatación es que históricamente, entre las diferentes corrientes, existieron y existen diferencias e incompatibilidades (cuando no abiertas contradicciones) que bajo ningún concepto, si se quiere recomponer el campo, deben ser obviadas aunque sí superadas críticamente. La clasificación resultante implica una consecuencia inmediata de vital importancia, cual es que por grande que sea la discrepancia existente entre los parámetros, ninguno de ellos podrá ya utilizar el dogmático y sectario mecanismo de la expulsión de otro del campo4 (tal como hizo Dios con Adán y Eva del Paraíso), sin incurrir como mínimo en la falacia de la negación del antecedente. 5

La segunda constatación es que todos y cada uno de los parámetros del campo de la izquierda utilizaron en un momento dado estrategias equivocadas para hacerse con el dominio (que no hegemonía) del mismo: la eliminación política y/o la expulsión del otro; haciéndolo unos mediante un anticomunismo visceral, otros con la teoría de las dos orillas y el resto con el esotérico objetivo de la eliminación de la casta. Dichos métodos deben ser sustituidos por una praxis política que aproveche lo que de positivo tiene cada corriente, para establecer el cuerpo que genere una hegemonía (en el sentido gramsciano del término) basada en la capacidad centrípeta que ofrecen los dos pilares de este concepto: hegemonía moral (que excluye el trilerismo intelectual del tipo, “el significante y el significado los adapto a mis necesidades”) y hegemonía política (que exige capacidad para negociar alianzas planteándose alcanzar los objetivos que la correlación de fuerzas permite en cada momento) y siempre con la perspectiva de avanzar hacia el horizonte señalado por el atractor. Ese es el verdadero sentido que tiene el mecanismo de la Unidad de las Izquierdas aplicado como estrategia y no como mera coyuntura.

La tercera constatación es el Estado. La aparición, tras la II Guerra Mundial, del Estado Social de Bienestar, como pacto entre capital y trabajo, ante el temor del primero al avance del modelo comunista, dio origen a una estructura de Estado mucho más amplia que la de mero aparato represor, al dotarse de instituciones que gestionan servicios universales (salud, educación, pensiones…) y tener capacidad de redistribución, lo que hace que también sea a través del papel del Estado donde la oposición izquierda-derecha entre en conexión con la oposición que presentan las clases sociales. Esto implica que el carácter de totalidad atributiva6 del Estado deba de ser tenida en cuenta y que en concordancia con el atractor, su extinción pase a ser entendida como un paso al límite.7 Además, para ampliar el Estado Social de Bienestar es necesaria la regulación y el control de los mercados y para ello hace falta una estrategia tendente a eliminar el Nuevo Dominio Indirecto que ejercen determinadas instituciones y grupos supranacionales a través de los Estados, pero que actúan desde fuera de ellos. Así pues, también en la imprescindible acción política internacional transformadora aparece implicado el Estado, cuyo papel debe ser tenido en cuenta estratégicamente. No todos los grupos sociales o incluso políticos pueden ser clasificados como izquierda- derecha, lo cual sucede con aquellos que carecen de un atractor aplicado a la formación social. Pero esto no quiere decir que desde el campo de la izquierda no se puedan establecerse relaciones e incluso alianzas con dichos grupos. Este es el verdadero sentido de la transversalidad, con el que se evita tener que recurrir a clasificaciones tácticas o utilitarias.

Por último, no se puede negar que existen otro tipo de clasificaciones del campo político, pero todas ellas están caracterizadas por utilizar como criterio mediciones indirectas, es decir basarse en el individualismo metodológico. Entre ellas se encuentran, la de carácter moral realizada por Anthony Giddens (teórico de la 3ª vía de Tony Blair) al considerar a la izquierda como una actitud8 y la populista de creación del sujeto popular del cambio. Este tipo de clasificaciones pueden tener todo el interés que se quiera desde el punto de vista de la táctica e incluso de la confrontación electoral, pero ninguno como componente teórico esencial para establecer una estrategia.

NOTAS

  1. La identidad sintética supone que debe responder a la verdad científica.
  2. Elemento Es aquel capaz de establecer relaciones y realizar operaciones en el campo. En Química son los elementos (de ahí la trascendencia de la Tabla Periódica de los Elementos).
  3. Lo cual no implica que haya que abandonar la actitud de crítica política e incluso llegar al no
  4. Que por ejemplo, en el caso de no llegar a un acuerdo o pacto entre fuerzas de izquierda, se manifestaría más o menos así: Si fuera de izquierdas pactaría, No es de izquierdas, Entonces, por eso no ha pactado.

    6.   Totalidad atributiva. El todo no es igual a la suma de las partes y las partes sólo constituyen un todo cuando están unidas. Ello no quiere decir que el todo no se pueda desmontar, pero en el caso político (los sistemas sociales, al ser sistemas no lineales, presentan este tipo de totalidad) ello significa que tras la separación, alguna de las partes o el resto puede que no alcance a convertirse en un nuevo todo. Por ejemplo, si en el Estado español, se aplica unilateralmente a cada parte el tautológico derecho a decidir, resultará que de producirse separaciones, alguna de las otras partes o el resto no podrán garantizar a sus ciudadanos el derecho sanitario universal o el sistema de pensiones o la educación. Por lo tanto, para este tipo de totalidad, en el proceso de encaje de las partes deben ser tenidas en cuenta las características de la parte, pero también las del todo, debiendo además participar ambas en el proceso de decisión.

  1. Paso al límite. Se produce cuando una tendencia da paso a algo cualitativamente La circunferencia, entendida como un polígono de infinitos lados, es un ejemplo.
  1. Anthony Giddens, Más allá de la izquierda y la El futuro de las políticas radicales, 1996.

 

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