Autonomías

La deconstrucción del “procès”

 

 

Hace un año que yo tuve una ilusión…

Ese tiempo tan feliz no volverá

Mi cariño lo pagaste con traiciones

Me has dejado solo crueles decepciones

(Bolero de Antonio Aguilar)

 

La confusión de los tiempos

Las elecciones del 21-D de hace un año escenificaron la paradoja de dar la victoria a aquellos para los que su simple realización era ya una derrota, es decir los partidos del independentismo unilateral. Ya que la convocatoria de dichos comicios por el gobierno de Rajoy significaba que habían perdido la iniciativa política y la habían cedido a su adversario. Un año después la decisión de Pedro Sánchez de celebrar reunión de gobierno en Barcelona ha servido para evidenciar aún más, esa perdida de iniciativa, esa dependencia de lo que sucede en la política del conjunto del estado y su incapacidad de actuar en el nuevo tiempo abierto por el fiasco de su alternativa rupturista con España. Y es que los 20 segundos de existencia de la República catalana han provocado entre buena parte de las fuerzas procesistas y aliados una especie de confusión de los tiempos. Situación que ha ejemplificado el video viral que reproduce el diálogo entre un Mosso de esquadra y un manifestante, uniformado de agente medioambiental, en una de las manifestaciones del pasado 21-D

Mosso: Tu ets un funcionari com jo o què? Doncs defensa’m a mi i no a aquests fills de puta ( ¿Tu eres funcionario como yo o qué? Pues defiéndeme a mi y no a estos hijos de puta

Agente forestal :Jo defenso la república! ( Yo defiendo la República)

Mosso : ¡República! ¿Quina república? ¡ni què collons! …. ¡La república no existeix, idiota! (No creo que haga falta traducir)

Esta confrontación dialéctica resume lo ajena y dura que se ha vuelto la realidad para los que viven aún creen vivir en esa burbuja de aquellos 20 segundos de falsa emancipación. Y es que si las conmemoraciones de lo sucedido en el otoño del 2018, ya evidenciaron una reducción notable de la capacidad de movilización del secesionismo, este 21D ha reafirmado ese declive, aún cuando mantenga un poder de convocatoria nada despreciable. Por otra parte la esa escaramuza verbal no se comprendería bien si no se tuviera en cuenta las tremendas tensiones que ha vivido la policía catalana en los últimos meses, víctima de la dificultad que manifiesta el post-procesismo no sólo para definir una estrategia común sino incluso para acordar una política a corto plazo. Sirva como ejemplo la incapacidad del Parlament para elaborar una sola ley y ha llevado adelante sólo tres modificaciones legislativas, dos de ellas a iniciativa de la oposición.

 

Divididos por Catalunya

Esta fase de estancamiento del independentismo provoca una lógica e inevitable pugna entre los sectores que quieren redefinir su acción política hacia el gradualismo y la consecución de acuerdos posibilistas con el gobierno central: sectores de PdeCat y ERC frente a los que por intereses electoralistas, personalismo u obcecación siguen empeñados en el enfrentamiento directo, cada vez más virtual con las instituciones estatales: significativa confluencia de exconvergentes, cuperos y restos del naufragio.

Sin más objetivos comunes a corto plazo que mantener el gobierno y el máximo control de las instituciones y los medios públicos catalanes, el conglomerado político que dirige el post-procès, o pretende hacerlo, ha de gestionar también el explosivo cargamento de emotividad que el mismo ha alimentado estos años pasados. Esa tremenda tensión sentimental, en muchas ocasiones sentimentaloide, sigue siendo un aglutinante del movimiento, especialmente alrededor de la figura de los dirigentes del “procès” encarcelados con una acusación de rebelión desproporcionada, aunque también actúa como un pesado lastre a la hora de recuperar la racionalidad. Todo ello ha ayudado a que las diferencias tácticas sobre como acometer la adaptación a la nueva situación hayan salido a la superficie cada vez con más virulencia la dispersión y las luchas internas por apoderarse electoralmente de lo que quede del cuerpo social “procesista”.

Por una parte se ha producido una inevitable perdida de prestigio del huido Puigdemont, contra el que actúa el tiempo transcurrido en la distancia, que se convierte en una carga de prueba de su inutilidad política por más que adornen su poder virtual con para-instituciones inoperantes como el Consell de la República. En esa lógica hay que inscribir el fracaso relativo(1) en el intento de crear la Crida Nacional per Catalunya, un movimiento populista que no sólo pretendía absorber a PdeCat sino que debería seguir neutralizando a ERC. Esta, que ha rechazado por ahora de los intentos de practicar el abrazo del oso ex-convergente de candidaturas unitarias para las municipales, ha vuelto a remontar en las encuestas y en el prestigio, de la mano de la figura de Junqueras y de su línea de afirmación indirecta por medio de los errores y desgaste ajenos.

 

El rio de lo social volvió a inundar su cauce natural

Y en estas que reapareció un elemento que hacía tiempo había sido marginado en el escenario político catalán por la hegemonía del problema territorial: la movilización social. En un año de reactivación de los conflictos laborales(2) el otoño se llenó de grandes movilizaciones en la sanidad pública, en la enseñanza y en el conjunto de los servicios y empleados públicos catalanes, sectores que hasta ahora no se había distinguido, precisamente, por su beligerancia respecto de la política dominante en Catalunya . Estas movilizaciones, aparte de exhibir el malestar de los servidores públicos por la degradación de sus condiciones laborales, especialmente las salariales, se han convertido también en escaparate, no menos público, del abandono de servicios esenciales para la ciudadanía. Deterioro que incide en las contradicciones del bloque post-procesista, el govern de Artur Mas fue abanderado de las políticas austericidas origen del problema, así como en su perdida de base social por la izquierda. Los presupuestos de la Generalitat a día de hoy aún no se han recuperado del recorte sufrido bajo los gobiernos de Artur Mas, recortes que en sanidad, educación, protección social, empleo y vivienda pública llagaron a 4.447 millones de euros a las políticas sociales públicas.

Estas movilizaciones se producían mientras se debatía la posibilidad de unos presupuestos estatales y autonómicos de carácter, más o menos, progresistas. La propuesta de los Comunes de ligar ambas cuentas con las del ayuntamiento de Barcelona, chocaba con la falta de estrategia común del post-procesismo, con el interés de clase de sectores influyentes dentro del mismo y con la proximidad de las elecciones municipales. Sin embargo ante el avance de la derecha, con el aldabonazo de Andalucía, el instinto de supervivencia podría actuar a favor de una política de acuerdos, en todo caso sigue siendo motivo de confrontación interna dentro del independentismo.

 

No agitar el contenido

Es en este contexto en el que Jordi Sánchez y Turull, primero y luego el resto de políticos encarcelados de PdeCat iniciaron una huelga de hambre. Una acción que evocaba ecos de desobediencia y resistencia pacífica, al mismo tiempo que reivindicaba la parte alícuota de solidaridad ante la represión judicial, y así retomaba la iniciativa emotiva, perdida por el huído Puigdemont y nunca poseída por el inefable Torra, por parte de los herederos políticos de Pujol y Mas. Y que, casualmente o no, colocaba el foco de la atención pública otra vez sobre el tema territorial. Sin embargo era una medida, que para desarrollar plenamente su potencialidad política, necesitaba credibilidad y compromiso. Y planteada en este momento procesal aparecía como desmesurada, además de que desde el inicio se anunció que sería limitada. Aún así contenía un gran potencial propagandístico que fue boicoteado en gran parte desde su propio bando, sobre todo del supuesto president Quim Torra, con la inestimable cooperación de CDR, ANC, CUP y otros adalides de la frustración, que han situado la violencia en el centro del vendaval mediático.

Una de las consecuencias inevitable del fiasco del otoño del 2017, fue la de la frustración de aquellos sectores que habían comulgado hasta el final con la epifanía de la secesión unilateral. Una gran parte de ellos se organizaron en los Comités de Defensa de la República (CDR). Defender algo inexistente implica un grado de irrealidad muy favorable a falsas radicalidades, en tanto que se carece de referencia sobre lo que se pierde o se gana, así como del apoyo que se tiene y de que política concreta se defiende de verdad. En paralelo, más o menos, la ANC, organización movimentista de objetivos políticos, aumentaba su radicalización en relación directamente proporcional a la perdida de implantación y de capacidad de convocatoria. Mientras, la CUP, había arrinconado su carácter anticapitalista o lo había subsumido en la radicalidad independentista y pretendía, y pretende, convertirse en el referente político de esta frustración.

Sin una alternativa global, sin política de alianzas y alimentados por la ambigüedad del govern, así como la atmosfera de emotividad, estos sectores han protagonizado, acciones, no demasiadas, que han planteado un problema de orden público clave: el de quién manda en la calle. Ante la ausencia de objetivos realizables, y por lo tanto de estrategia y de táctica, su actividad se ha centrado en radicalizar las campañas emotivas de conmemoración del fiasco del otoño del año pasado o en respuestas reactivas a lo que consideraban agresiones del Estado o de la derecha españolista. Lo que sucede es que dichas agresiones eran actos que, más allá de su contenido y propósitos reaccionarios, se enmarcaban en el ejercicio del derecho de manifestación. Y su voluntad de impedirlos atentaba contra el ejercicio de ese derecho, y pretendía, y seguramente pretende, con una acción minoritaria, e inevitablemente violenta, ejercer un poder que sólo ellos mismos se han otorgado. Jugando a antifascistas otorgan credibilidad democrática a aquellos a los que atacan y alimentan la reacción contraria tanto en Catalunya como en el resto del Estado. Pero es que además para hacerlo han de enfrentarse a los mossos d’esquadra en choques llenos de agresividad y de tácticas de enfrentamiento nada pacíficas. La respuesta dela policía catalana , inevitable si no quieren convertirse en un apéndice de los CDR, provocó y provoca reacciones de indignación y lamentables tomas de postura de la persona que ocupa la presidencia de la Generalitat, aunque no ejerza como tal. Si el nacionalismo catalán se ha derrotado a sí mismo a base de cometer errores políticos, uno de ellos, y no de los más pequeños ha sido el nombramiento de Quim Torra como presidente de la Generalitat. Y es que aunque ocupe el cargo de manera más bien figurativa (3) no deja de ser el máximo representante de las instituciones catalanas. En unos momentos en los que la capacidad propagandística es mucho menos necesaria que la inteligencia política, él carece de forma muy manifiesta de la segunda y se prodiga en la primera. La lista de sus salidas de pata banco en casi tan abrumadora como la de sus silencios inanes. Además, esa propaganda destinada a un público adepto, es un obstáculo para el reencuentro con la realidad de la base social independentista, encona más el rechazo de la parte de sociedad catalana no independentista y alimenta los medios y políticos españolistas así como la demagogia de PP, Cs y Vox, con lo que debilita a sus posibles aliados en una salida negociada, la única posible y efectiva. Una salida que no puede ser sino gradualista y aún así a corto plazo dependerá de la evolución del proceso judicial a los líderes procesistas y de la supervivencia del gobierno del PSOE.

 

El equilibrio, necesidad y virtud

La situación de los políticos encarcelados por su implicación en la culminación del proceso de ruptura unilateral con España, es un elemento clave del conflicto catalán, y su solución condicionará la evolución de este. Un elemento envenenado por el actual descrédito del aparato judicial, la misma condición del mismo de ser juez y parte afectada, la huida de Puigdemont, el aventurerismo de los CDR, ANC…, la presión mediática provocada por unos y otros y que se convierte en presión política… Todo ello ha contribuido a que se les mantenga más de un año en prisión provisional, una situación humanamente condenable y legalmente excesiva, y pendientes de un próximo juicio bajo la acusación de rebelión, unos y de desobediencia otros. En este contexto es altísimamente improbable una sentencia proporcionada por parte de Supremo en el juicio que se espera se inicie pronto.

Descartado el marco judicial como vía de salida, la única válida es la política, que no es sino la de la libertad de los encarcelados dentro de un acuerdo general . Ahora bien, otra de las lecciones de este 2018 es el fracaso de la campaña de los lazos amarillos. Fracaso relativo por que, si bien ha servido para marcar terreno y como aglutinante antirepresivo del post-procesismo, ha consolidado aún más la división interna de la sociedad catalana y se ha demostrado ineficaz. Una razón muy importante para ello es que dicha campaña, como otras similares, no asume ninguna responsabilidad por parte del procesismo y sus dirigentes. Obvia que el 1-O y las movilizaciones de Septiembre estuvieran precedidas por la aprobación, por parte de una mayoría parlamentaria pero no social, de las leyes de transición ( Referendum y Transitoriedad jurídica) del 6 y 7 de Septiembre que subvertían el marco legal estatutario y constitucional y definían con claridad la formación de un Estado: Catalunya, desde la ruptura con otro: España . No puede haber un proceso de este tipo sin enfrentamiento. Y en este sentido no sólo hay que rebatir la inmaculada inocencia democrática de los líderes unilateralistas sino también reprocharles que jugasen con fuego, es decir con la posibilidad de choques violentos de temibles consecuencias en vidas y daños humanos. Por lo tanto estamos hablando un acuerdo, muy probablemente implícito, posterior a la sentencia y en el que las diferentes partes asuman de alguna manera su parte alícuota de responsabilidad. Un acuerdo que exige la permanencia del gobierno del PSOE, lo que nos remite de nuevo al debate sobre los Presupuestos Generales del Estado y a la conveniencia de su aprobación. Una solución basada en un equilibrio frágil por la debilidad parlamentaria del PSOE, la demagogia irresponsable de PP y CS, las contradicciones internas del independentismo en esta fase y la debilidad de la izquierda. Pero un equilibrio que es el espacio necesario para que la izquierda recupere fuerza y credibilidad, no para votar resoluciones de postureo sobre la Monarquía o sobre el carácter antisocial antidemocrático de la Constitución, sino para recuperar la centralidad tanto de lo social como de una salida gradualista que democratice la Constitución con derecho de consulta y posibilidad de separación (4) y que se inscriba en la construcción democrática de estructuras estatales supranacionales o en la democratización de las existentes. Una izquierda que tenga claro y sepa transmitir, que la secesión de un estado en Europa y en tiempos de globalización facilita la actuación depredadora del capital especulativo y debilita a las clases populares .

 

 

(1) “Consell de la república”, es un organismo parainstitucional ( la versión procesista del chiringuito) presidido por el expresidente catalán Carles Puigdemont que tiene un registro de voluntarios comprometidos con la causa independentista. El registro se efectúa on line en la web del consejo, consell.republicat.cat, , y que reclama para completar el proceso una donación mínima de 10 euros. En las primeras semanas se registraron decenas de miles pero posteriormente se ha producido un estancamiento en los 50.000, cifra que da una idea tanto de la resiliencia del procesismo como de sus limitaciones.

(2)http://www.finanzas.com/noticias/empleo/20181231/cataluna-despide-agitado-laboralmente-3971042_age.html

(3) La descripción que realiza el diario La Vanguardia de la entrevista entre Pedro Sánchez Y Quim Torra evidencia el papel decorativo de este último https://www.lavanguardia.com/politica/20181222/453682539902/poinsettia-reunion-sanchez-torra-operacion-tiesto-pedralbes.html?utm_campaign=botones_sociales_app

(4) Ver el artículo Cataluña: referéndum, independentismo, y legalidad de  Carlos Tuya publicado en esta web

 

 

 

 

 

 

 

 

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