Artículo extraído de Confluencia Network


 

¿Quién apuesta por Europa?


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El asunto de la distribución de la riqueza es demasiado importante como para dejarlo solo en manos de los economistas, los sociólogos, los historiadores y demás filósofos. Atañe a todo el mundo, y más vale que así sea. (Thomas Piketty, “El Capital del Siglo XXI)

 

La Cámara europea, en pie, ha acogido el discurso del presidente de Francia, Sr. Macron. Todas las voces de la prensa democrática española lo han coreado y nadie se ha parado en el análisis. ¿Qué pasa?… Es el primer mandatario de uno de los grandes estados europeos que ha llamado a los ciudadanos del continente a la Unión. ¡Eso es lo que ha ocurrido! …. Como nadie más lo había hecho aún, nadie se para a desmenuzar el contenido de la Unión que pretende Monsieur Le Président .

Y no es una cuestión baladí, como tampoco lo es el que Macrón sea el resultado del hundimiento del Partido Socialista Francés, que no hace más que dar tumbos desde su desgraciado posicionamiento en el referéndum de la Constitución europea, inicio de las profundas grietas que han acabado con el partido, incluso de su profundo deslizamiento hacia la derecha.

Pero Macrón es, también, el continuador de los sueños bonapartistas de todos los presidentes de Francia; cultura presidencial que lo ha llevado a bombardear Siria, sin pedir permiso a sus colegas europeos, a los que hoy conmina a la unidad, y a comunicar por teléfono con Putin, posiblemente para indicarle que él también tiene aviones, y además un aliado con “aviones y misiles más bonitos”[i]; buscando el reconocimiento de Francia como gran potencia con intereses en Oriente Medio. Unos actos del “Président” que limitan el alcance de su gesto europeísta.

Pero podemos obviar la cuestión, y centrarnos en lo sustancial: Un presidente europeo, de uno de los tres grandes estados artífices de la Unión Europea, ha abierto el melón de la unidad. Si hay izquierda en Europa, y si la hay en Francia, ya no debería poder volverse atrás. ¡No se trata de un brindis al sol! Macrón, liberal y francés, ha tocado la fibra de millones de demócratas europeistas, de todo el continente. ¡De ahí la importancia de su gesto! Ahora bien, ¿Qué contiene el paquete liberal de la unidad europea?

Como buen liberal, Macrón elude dos cuestiones que, sin embargo, son críticas para que tal proyecto genere un movimiento, capaz por su envergadura de vencer las enormes inercias y resistencias que la unidad europea genera, o si no, véase el Brexit. No propone ninguna fórmula política democrática para alcanzarla, y no habla de la Europa social. Su base son fórmulas financieras para evitar otra convulsión como la de 2007; la Unión Militar; un principio de Tesoro común; la profundización en la lucha contra el cambio climático; una política común universitaria, y en defensa de las culturas de los europeos; una política y un impuesto para reducir el atraso europeo en la revolución digital y una política unificada de inmigración, incluyendo en ella la solidaridad de la Unión con los países que acogen a los refugiados y, en un futuro, a todos los amparados por esa política migratoria común. Una base insuficiente para conseguir la Unión, pero que permite el inicio de un proceso que, si es verdaderamente democrático, será capaz de movilizar la opinión pública continental.

El Señor Presidente ha afirmado que desea un debate abierto, donde salgan claramente a la luz lo que une y lo que aún impide avanzar hacia la unidad, incluso lo que separa. Es la primera vez que se oye algo parecido, e implica un compromiso muy serio. ¿Tenemos derecho a desconfiar de sus palabras?. Creo que tenemos la obligación de cogerle la palabra. Porque también otras fuerzas europeas significativas, aunque alejadas del poder actual en la Unión Europea, plantean en serio el tema. Y me refiero a los Verdes Europeos, el único partido europeo existente, hoy por hoy. El partido de los ecologistas europeos tiene una visión confederal de Europa, defiende una Europa del siglo XXI con un horizonte social, al que deben converger todos los estados que se acojan a la Unión, y una política fiscal, con el mismo tipo de objetivo de convergencia. La fortaleza principal de su programa, como es de esperar, es la política medioambiental, pero además, posee una visión de la construcción democrática de un espacio del “bien común” de todos los europeos, que supone una base sólida y democrática para la regulación de la economía del continente.

Respecto al resto de las fuerzas europeas, Socialdemócratas y Populares, afirma el Señor Presidente de Francia, que están superadas por la historia, porque las dirige el nacionalismo. Efectivamente el interés nacional, según la interpretación que se hace de él desde cada fuerza política, inhabilita para un proyecto confederal. Y en cuanto a la izquierda, el Señor Macrón la mete en el saco común de los populismos nacionalistas y, desgraciadamente, ahí es donde posiblemente ella sola se meta, si no es capaz de ver los retos que la sociedad y la economía del siglo XXI, imponen a los ciudadanos, y a sus representantes políticos. Pero la izquierda es necesaria, frente al Gobierno de los expertos, como proponen los liberales, y que constituye la esencia actual de la Comisión en Bruselas, embrión de Gobierno de Europa, se debe afirmar el principio democrático; lo cual implica que hay que empezar a convencernos, la izquierda debe hacerlo, de que enrocarse en la democracia nacionalista es un suicidio, que acabará, lo más probable, en el populismo. Lo cual, desgraciadamente, daría la razón a los liberales.

Pero los liberales, al negar el papel central de lo social en cualquier construcción política del siglo XXI, impiden la Unión que defienden. Si lo social no es el objetivo de la Unión política de Europa, las masas trabajadoras europeas no lo apoyarán, y acabarán sosteniendo a los populismos nacionalistas; es decir, Europa se verá abocada a una decadencia sin paliativos; dada la riqueza que posee, una decadencia lenta, de jugador inoperante. Por lo tanto, frente a la Europa tecnocrática e inviable del liberalismo, está el camino confederal que proponen los Verdes, el cual, a pesar de las enormes resistencias que va a encontrar, supone una vía democrática que, al dejar espacio y tiempo para los debates nacionales, puede ser la vía para la construcción democrática de Europa. Sobre todo, porque va unida a la visión de Europa a varias velocidades, que ya inició el “euro”, y sabemos que es operativa.

Consecuentemente, la izquierda se debe preparar para que, desde el inicio, el debate Europeo incluya el debate sobre la Europa Social, es decir, convergencia en legislación laboral, sistemas de seguridad social, pensiones, seguros de desempleo. Por ejemplo, la propuesta de Macrón del impuesto para impulsar y asegurar la transformación informática de la economía, implica también un fondo para amortiguar el impacto social de la transformación digital de la administración, producción y distribución de bienes y servicios. Lo cual indica que las líneas del Estado del Bienestar del siglo XXI se desdibujan, y la cultura, la educación y la capacitación profesional, se convierten, de hecho, en parte de la política social. Y si tenemos en cuenta la cita de arranque de este artículo, la política fiscal también es parte de la política social[ii], incluida la necesaria política, siempre dejada para pasado mañana, de lucha contra la evasión y los paraísos fiscales.

En resumen, hoy en Estrasburgo, no se ha producido un discurso más de un primer ministro ante una cámara de adorno. Si la Unión Europea la vemos como una necesidad para poder controlar democráticamente el proceso de Globalización, debemos tomarnos en serio el debate propuesto por Emmanuel Macron.

Valencia, 17-abril- 2018

[i] Pocos días antes de bombardear Siria, el presidente Trump envío éste mensaje a Putin, a través de Twitter.

[ii] Para Marx, era la parte principal (Ver el 18 de Brumario…)