Movimientos Sociales

Crisis, indignación ciudadana y movimientos sociales

“Las identidades no son cosas, son imágenes de relaciones sociales,
y dependen tanto de los que las asumen y las adoptan como de los que las rechazan”
Bruno Ollivier, Les identités collectives, París, L´Herne, 2009

“Los conflictos de distribución son siempre luchas simbólicas por la legitimidad
del dispositivo sociocultural que determina el valor de actividades, cualidades y aportaciones sociales”
Axel Honneth, Reconocimiento y menosprecio, Barcelona, Katz, 2010

Un nuevo cambio de rumbo han tomado los movimientos cívicos y sociales en estos últimos tiempos: los devastadores efectos sobre las condiciones laborales y los proyectos de vida -especialmente juveniles- que ha supuesto la última crisis financiera han producido cambios significativos en las expresiones del conflicto social contemporáneo, así como novedades en las formas de movilización social. Pero, al fin y al cabo, estos movimientos expresan un conjunto de costes añadidos y acumulados en un larguísimo ciclo de desregulación de los mercados de trabajo que han supuesto la progresiva pérdida de autonomía y seguridad de todas las generaciones, así como un impresionante incremento de la vulnerabilidad en las condiciones socioeconómicas de transición a la vida adulta e independiente de los grupos de edad más jóvenes.

Ciclos de protesta

Como es habitual en toda movilización, gran parte de los recursos cognitivos y de los vocabularios de motivos que se han utilizado en estas nuevas formas de acción cívica son en parte continuación y en parte reformulación y renovación del ciclo de protesta anterior1, y en su propio desarrollo han ido cambiando y transformándose en la urgencia de sus respuestas a las ventanas de oportunidad política a corto y medio plazo. En este sentido, el movimiento indignado o la conocida protesta del 15-M han recogido una década larga de movimientos alter o antiglobalización, pero también un buen número de iniciativas ciudadanas y juveniles que venían llamando la atención sobre lo que consideraban la absoluta financiarización y sobremercantilización de todas las condiciones de existencia de la vida cotidiana y, en especial, de la vida juvenil, tanto en la educación (el movimiento anti-Bolonia) como en la vivienda (movimientos por una vivienda digna y diferentes acciones de ocupación).

Así como una nueva vuelta de tuerca del medioambientalismo y el anticonsumismo, producida a principios del siglo XXI, tendiendo a acercar el ecologismo a formas de vida y responsabilidades ciudadanas cotidianas, tanto en sus formas más críticas como directamente propositivas en lo que se refiere a estilos de vida más o menos alternativos. El movimiento indignado y la protesta del 15-M han surgido reciclando estos materiales discursivos y simbólicos, trabajando más un ámbito directamente local, que se convierte en el marco cognitivo que encuadra esta acción colectiva -frente a la perspectiva global que encuadraba la protesta de la década anterior-, y de ahí su tendencia al asentamiento y ocupación de espacios idiosincráticos de las ciudades, a la idea de recuperar el asambleísmo directo y a subrayar el discurso de los barrios y las poblaciones cercanas. La propia idea de la ocupación de espacios públicos o de asentamientos -además de aprovechar el impacto comunicativo en su coincidencia temporal, no evidentemente estructural ni temática, con la primavera árabe -ponía en juego la idea de fijar el sentido en una nueva ciudad comunitaria y del anclaje en el espacio justo, cuando la inestabilidad, la liquidez y la volatilidad gobiernan, según la metáfora financiera dominante, todos los aspectos de la vida2. Evidentemente, tanto la idea de crear una imagen nueva en los medios de comunicación como el uso de una no violencia expresa y resistente en caso de desalojo forzado expresaban un nuevo discurso de la movilización -la movilización estática- que te- nía efectos multiplicadores, tanto en la atención de grupos y colectivos próximos como en la adhesión curiosa de sectores no movilizados de la ciudadanía que se sienten afines al mensaje, fundamentalmente contrainstitucional, que ha manejado sin recato el movimiento indignado. Evidentemente, el movimiento del 15-M no ha sido sólo un movimiento juvenil, pero ha sido lo juvenil lo que ha creado la identidad del movimiento. No sólo porque genealógicamente fueron una serie de protestas, acciones y manifestaciones juveniles -de una juventud ya autopresentada como sin futuro- lo que, tanto en Madrid como en otras grandes ciudades españolas, dispara la protesta y le da una forma de resistencia activa, primero frente al poder financiero, para inmediatamente ampliar la protesta y rechazar la sumisión de los políticos convencionales a los dictados del mercado (“democracia real ya”); sino también porque el sujeto imaginario que unifica la movilización es el precariado, o incluso el cognitarizado, esto es, ese conjunto de jóvenes cualificados cuyas inversiones educativas han quedado desvalorizadas radicalmente por el desempleo, el subempleo o el mal ƒƒempleo generalizado y sin perspectivas razonables de mejora, dado el marco en el que se desenvuelven las degradadas prácticas contractuales actuales del mercado del trabajo juvenil3.

Identidad, oposición, totalidad

El recuperar el discurso de la identidad en el movimiento -frente al de la alteridad o la diferencia, típica de los movimientos más multiculturales, postcoloniales o postmodernos4- es una de las novedades sociológicas más interesantes, pues opone a los poderes financieros, y sus intrincadas maniobras especulativas, un sujeto social desposeído y sin proyecto de futuro, cuyo principal referente al imaginario colectivo es la juventud precaria, pero que re- presenta un proyecto de totalidad en todos aquellos grupos sociales que las políticas ultramercantiliza- doras -y sus derivadas: los recortes de las políticas públicas- han puesto al borde de la exclusión social y con perspectivas de futuro no sólo inciertas, sino directamente negativas. El importantísimo papel simbólico que han tenido y siguen teniendo acciones contra los desahucios, y el intento de visibilizar el poder financiero y las asimetrías concentradas en las condiciones hipotecarias, representa muy bien el relato que ha creado el 15-M y el movimiento indignado, esto es, el enfrentamiento forzosamente desigual entre, por un lado, el poder financiero político y policial y, por otro, los representantes “del común”, es decir, de todos aquellos grupos populares pauperizados y desposeídos de sus recursos de futuro por esta especie de archicapitalismo total y global5. Si los nuevos movimientos sociales de los años sesenta y setenta fueron teorizados como radicalismo de clases medias (en aquel tiempo juveniles, ascendentes y con nuevas propuestas políticas), el movimiento indignado se podría categorizar como radicalismo defensivo de clases medias descendentes6. Justo cuando el ascensor social no sólo se ha detenido, lo que había sido una constante del período de reordenación postfordista de los mercados globales desde los años ochenta del pasado siglo, sino que con la última gran crisis se ha desploma- do radicalmente, impactando duramente sobre los niveles y expectativas de vida de un amplio y creciente conjunto de grupos sociales cada vez más debilitados y fragmentados; y entre los cuales, los grupos juveniles resultan los más visibles, e internacionalmente, los más homogéneos en su imagen, así como los más fácilmente articulables en comunidades virtuales por medio de las redes informáticas. En este mismo sentido, al igual que otros movimientos afines, el 15-M ha construido su sujeto de identidad en el precariado actual y en los restos más castiga- dos de las clases medias en descenso, así como ha presentado un relato de oposición articulando un campo semántico de términos que expresan la negatividad absoluta: políticos que no nos representan, bancos depredadores, una democracia corrupta o un sistema capitalista que bloquea el futuro de los ciudadanos, etc. Todos ellos son sólo unos pocos de los muchos conceptos que nos muestran que hay un claro discurso de oposición y que se ha construido una imagen de un responsable del desastre, un ene- migo al que hay que enfrentarse. La obsesión por los eslóganes en las acampadas del 15-M, el éxito mismo del librito de Hessel que le dio la palabra que iba buscando la protesta -“indignados”- o el repertorio de motivaciones desgranadas en las asambleas que justificaban una auténtica reacción contra la dominación de los mercados y la apatía de los políticos -y de gran parte de la población-, son buena muestra de la necesidad de construir una comunidad imaginaria de los que, tanto por convicciones éticas como por necesidades de supervivencia material, tienen que y deben de oponerse a un sistema económico sin principios y moralmente despreciable. No es extraño así que el principio de totalización de estos últimos movimientos -es decir, el argumento por el que se presenta que los intereses del movimiento son los intereses de la sociedad en su conjunto-, se haya centrado en un conjunto de retóricas contrainstitucionales, comunitaristas e incluso populistas (en la acepción más espontanea y menos elaborada o manipulada de la introducción del concepto “pueblo” en el debate cívico). La idea de negación de las jerarquías, de los poderes forma- les, de la intervención en la competición electoral o de la representación indirecta se combina con un canto expreso a lo común -concepto que trata de acabar con la idea de la separación entre lo público- estatal y lo privado, pues ambos se han fundido en un bloque contra los ciudadanos-, a la democracia deliberativa, a lo asambleario, a las multitudes (y las multitudes online) y a las comunicaciones en red (con todos los recursos informáticos en juego). Hemos visto perfilarse así una especie de regenera- cionismo comunitarista, asambleario y popular que trata de representar una ciudadanía “auténtica”, con intereses generales unificados y radicalmente diferentes a los de los poderes financieros y los políticos sumisos.

Evolución y perspectivas

Desde las primeras acampadas del 15-M hasta la actualidad, en la que hemos celebrado un primer aniversario con un conjunto de actividades con una repercusión notable, una no despreciable sucesión de acontecimientos ha marcado la evolución del movimiento. En un principio, se ha dado una cierta internacionalización, con experiencias diversas -algunas más próximas y otras más distantes-, desde acampadas y asentamientos en plazas públicas o lugares emblemáticos del mundo financiero -por ejemplo, la persistente Occupy Wall Street o la más efímera Occupy London- hasta diferentes formas de protestas frente a los draconianos recortes de las políticas públicas, las medidas de austeridad social y la ortodoxia presupuestaria antikeynesiana y antisocial. Siempre desde lo local a lo global -justo de manera inversa al ciclo de movilizaciones de la antiglobalización- y coincidiendo con cada reforma antipopular, las movilizaciones reactivas vuelven a recrear acciones de resistencia que se hibridan entre la explosión social, la renovación de las iniciativas ciudadanas protagonizadas por minorías activas especialmente afectadas por las políticas de austeridad y la formulación de nuevos relatos de deslegitimación de los poderes económicos y financieros. Precisamente, la fuerte desinstitucionalización y la desregulación del conflicto social7 que ha supuesto la ruptura del pacto keynesiano están generando una fuerte desestructuración del marco de convivencia y de resolución mediada de la conflictividad social. El asalto neoconservador a los mecanismos en las democracias occidentales de representación, negociación y mediación, debilitando desde la negociación colectiva sindical hasta el asociacionismo cívico, ha elevado el punto de evolución de la tensión conflictiva de las sociedades actuales, y especialmente de aquellas más sacudidas por la crisis financiera y las medidas de austeridad o recorte social. El peligro de la aparición de conflictos disruptivos se ha de- mostrado real (la experiencia griega así lo muestra), así como la totalización de las protestas sociales, en una confluencia de iniciativas que van desde la conflictividad laboral clásica hasta las nuevas formas de indignación, resistencia y negación del marco institucional, pasando por miles de formas de acciones colectivas reactivas y no estructuradas, con diferentes grados de espontaneidad (o incluso de violencia). Entramos con la crisis en un ciclo de fuerte hibridación y combinación de focos conflictivos, justo cuando los mecanismos colectivos mediadores han tratado de ser aniquilados, esperando que el individualismo posesivo, el consumo y el interés egoísta sean suficientes para conseguir coherencia e integración social. Sin embargo, como era de esperar, el conflicto, y no precisamente funcional, ha hecho su aparición y amenaza con quedarse. En lo que se refiere al 15-M y al movimiento in- dignado, es conocido su repliegue táctico hacia el asambleismo de barrio, lo que representa una línea de evolución coherente con su borrosidad, su comunitarismo y su contrainstitucionalismo. Como también era de esperar, episodios conflictivos disruptivos y grupos más o menos clásicos del llamado universo antisistema se han mezclado con las acciones más genuinamente novedosas que representaban estas nuevas acciones de resistencia, por definición antiviolentas, creativas y dialógicas. Pero también hemos conocido el enriquecimiento discursivo que han provocado estas acciones, y una cierta penetración del relato ético del movimiento indignado ha enriquecido desde los presupuestos clásicos del conflicto laboral -incluyendo la huelga general- hasta el debate político institucional, sin olvidar la difusión social generalizada de sus retóricas y argumentos, quizás porque han captado con verosimilitud el miedo y las frustraciones de grandes grupos que provienen de las clases medias descendentes.

Conclusión

Las ambivalencias y contradicciones de un movimiento como el 15-M se han visibilizado casi inmediatamente, su contrainstitucionalismo y comunitarismo sitúan su discurso en un primitivismo político muy difícil de reciclar en propuestas institucionales capaces de universalizarse o de sostener un Estado de Bienestar posible. Pero este nuevo ciclo de pro- testa se ha mostrado especialmente vital en lo que se refiere a la idea de recuperar lo social y sus razones por encima del descarnado realismo y del fatalismo financiero dominante hasta la asfixia. De cómo este comunitarismo existencial, y reactivo a una lógica de radical disciplinamiento económico de las clases medias en crisis, evolucione y se difunda sobre todo entre los jóvenes dependerá el futuro del conflicto social a corto y medio plazo. Bloqueado, atacado, estancado y fragmentado el conflicto laboral fordista -correlato de la propia fragmentación, precarización y desestructuración de los sujetos laborales clásicos del industrialismo-, los nuevos movimientos sociales se construyen a partir de argumentos éticos y cívicos. Estas nuevas acciones que se basan en la movilización cognitiva y existencial (jugando en la dimensión más comunicativa y relacional de lo social, por ello la importancia de los medios y las redes) y que se oponen a la mercantilización y financiarización del mundo, tienen mucho papel por jugar en un inmediato futuro.

Dossieres EsF, Nº 6.Septiembre de 2012

NOTAS
1 Para una revisión general de la teoría de los movimientos sociales, los ciclos de protesta, los repertorios de motivos y las ventanas de oportunidad política puede verse: Donatella della Porta y Mario Diani, Los movimientos sociales, Madrid, Centro de Investigaciones Sociológicas/Editorial Complutense, 2012; Sidney Tarrow , El Poder en movimiento, Madrid, Alianza, 2004, y El nuevo activismo transnacional, Barcelona, Hacer, 2010; Charles Tilly y Lesley J. Wood, Los movimientos sociales 1768-2008, Barcelona, Crítica, 2010.

2 Son las metáforas básicas que ha puesto en circulación Zygmunt Bauman, en obras como Postmodern Ethics, Oxford, Blackwell, 1994, Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil, Madrid, Siglo XXI, 2003, y Modernidad líquida, México y Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2003.

3 Los temas del precariado, el cognitariado y la parasubordinación laboral han tomado especial fuerza en los análisis de la izquierda autónoma italiana del tipo de los de Sergio Bologna, Crisis de la clase media y posfordismo, Akal, 2006, o Maurizio Lazzarato, Por una política menor, Madrid, Traficantes de Sueños, 2006. Son de especial interés los trabajos sobre la crisis de la cuestión social, la desarticulación de relación salarial y la condición vulnerable y radicalmente insegura del trabajo incluso en colectivos de alta cualificación llevados a cabo por Robert Castel, los más recientes son : L’ insecurité sociale, París, Seuil, 2007, La discrimination négative, Paris, Seuil, 2009, y La montée des incertitudes. Travail, protections, statut de l´individu, París, Seuil, 2009.

4 El esquema de identidad-oposición totalidad en la acción de los movimientos sociales es una de las contribuciones teóricas clásicas de Alain Touraine, en obras como Production de la société, París, Seuil, 1973, o Pour la sociologie, París, Seuil, 1974. El mismo Touraine ha ido estudiando con precisión el cambio de las retóricas de los movimientos de la identidad a la alteridad y la aparición del discurso de la diferencia. Esta evolución puede verse siguiendo trabajos como Le retour de l’acteur, París, Fayard, 1984, Critique de la modernité, París, Fayard, 1992, y Un nouveau paradigme. Pour comprendre le monde d’aujourd’hui, París, Fayard, 2005.

5 Los temas del riesgo, la incertidumbre y el miedo a la exclusión como formadores de una nueva idea de lo común se encuentran en obras ya clásicas como las de Ulrich Beck, Ecological politics in an age of risk, Cambridge, Polity Press, 2004, o de Zygmunt Bauman, Wasted Lives. Modernity and its Outcasts, Polity Press, Cambridge, 2004, así como Tiempos líquidos. Vivir en una época de incertidumbre, Barcelona, Tusquets, 2005.

6 El tema del hundimiento de las clases medias keynesianas es brillantemente desarrollado en Massimo Gaggi y Edoardo Narduzzi, El fin de la clase media y el nacimiento de la sociedad de bajo coste, Madrid, Lengua de Trapo, 2006. La relación entre clases medias ascendentes y la protesta de los nuevos movimientos sociales de los años sesenta-setenta se encuentra perfectamente estudiado en el ya clásico libro de Frank Parkin, Middle Class Radicalism, Manchester, Manchester University Press, 1968. Esta línea ha sido continuada por Clauss Offe en Disorganized Capitalism, Cambridge, Polity Pres, 1985, y en Partidos políticos y nuevos movimientos sociales, Madrid, Sistema, 1988.

7 Este tema está particularmente desarrollado en Luis Enrique Alonso, La crisis de la ciudadanía laboral, Barcelona, Anthropos, 2007, y en Prácticas de la economía, economía de las prácticas. Crítica del postmodernismo liberal, Madrid, Libros de la Catarata, 2009.

Textos producidos en el movimiento indignado o que han servido como referencia en sus actos y asambleas:

• AA. VV., La rebelión de los indignados. Movimiento 15-M. Democracia real ya, Madrid, Editorial Popular, 2011 (con textos de Josep Marías Antenas, Esther Vivas, Antoni Domenech, Iván Giménez Chueca, Juan Pablo Mateo y otros).

• AA. VV., CT o la cultura de la transición. Crítica de 35 años de cultura española, Barcelona, Debolsillo/Mondadori, 2012 (con artículos de Jordi Costa, Ignacio Echevarría, Belén Lopegui, Guillen Martínez y otros).

• AA. VV., Reacciona. 10 Razones por las que debes actuar frente a la crisis política y social, Madrid, Aguilar, 2011 (con textos de José Luis Sampedro, Juan Torres, Ignacio Escolar, Lourdes Lucía, Stéphane Hessel y otros).

• AA. VV., Actúa. 12 llamadas a la acción frente a la crisis económica, política y social, Barcelona, Debate, 2012 (con textos de Federico Mayor Zaragoza, Baltasar Garzón, Juan Luis Sánchez, Carlos Berzosa y otros).

• AA. VV., Hablan los indignados. Propuestas y materiales de trabajo, Madrid, Editorial Popular, 2011 (con textos de Juan Torres, Aitor Romero, Joel Serafín y otros).

• AA. VV., RT #15-M, Conctades a la zarza- Coordinades a las places, Barcelona, Grupo Editor RT #15-M, 2011 (compilación de tweets e imágenes del movimiento).

• ALBA, Santiago y otros, Juventud sin futuro, Barcelona, Icaria, 2011.

• ÁLVAREZ, Klaudia; GALLEGO, Pablo; GÁNDARA, Fabio y RIVAS, Oscar, Nosotros los indignados. Las voces comprometidas del #15-M, Barcelona, Destino, 2011.

• FERNÁNDEZ-SAVATER, Amador y otros, Las voces del 15-M, Barcelona, Los libros del lince, 2011.

• GARZÓN, Alberto, Esto tiene arreglo. Un economista indignado en el Congreso, Barcelona, Destino, 2012.

• MADRILONIA.ORG, La carta de los comunes. Para el cuidado y el disfrute de lo que de todos es, Madrid, Traficantes de Sueños, 2011.

• RODRIGO, Félix; PRADO, Esteban y RUBIO, Frank, Pensar el 15-M y otros textos, Madrid, Editorial Manuscritos, 2011.

• TAIBO, Carlos, Nada será como antes. Sobre el movimiento 15-M, Madrid, La Catarata, 2011.

• TAIBO, Carlos, El 15-M en sesenta preguntas, Madrid, La Catarata, 2011. • VELASCO, Pilar, No nos representan. El movimiento de los indignados en 25 propuestas, Barcelona, Tema de Hoy, 2011.

• Análisis del movimiento indignado • ANTENTAS, Josep María y VIVAS, Esther, Planeta indignado. Ocupando el futuro, Madrid, Sequitur, 2012.

• ANTÓN, Antonio, Resistencias frente a la crisis. De la huelga general del 29-S al movimiento 15-M, Valencia, Germanía, 2011.

• ARTAL, Rosa María, La energía liberada. El estallido social de un mundo en crisis, Madrid, Aguilar, 2011. • FERNÁNDEZ, Joseba; SEVILLA, Carlos y URBÁN, Miguel (Eds.), ¡Ocupemos el mundo¡ Occupy the world!, Barcelona, Icaria, 2012.

• ROITMAN, Marcos, Indignados. El rescate de la política, Madrid, Akal, 2012.

image_pdfimage_print