Autonomías

De derrota en derrota hasta la victoria final

 

 

En pocos días el escenario político catalán, ha pasado del estancamiento en el más de lo mismo a la actual fase de expectativas. Una ligera brisa, de pequeñas variaciones, que nace de la necesidad de gestionar derrotas parciales, pero contundentes, en los dos polos nacionalistas enfrentados, y que se ha colado por la brecha abierta en esos dos bloques por la moción de censura, presentada y ganada, contra el gobierno de M. Rajoy

 

El “procés” en fase de deconstrucción

En el frente unilateralista la digestión del gran fiasco de otoño ha sido, y es aún, muy lenta. Por una parte está la resistencia a reconocer la derrota, apoyada por la inercia de las muy cercanas movilizaciones independentistas, que se articula alrededor de la figura Puigdemont. Es una opción que necesita mantener una visión dual del mundo, y de la vida, que encuentra cada vez peor acomodo en la realidad: España mala e irreformable y Catalunya demócrata y víctima de aquella. Una ideología que inevitablemente enlaza con el supremacismo, como han puesto en evidencia las biografías del heredero de Puigdemont, el MHP Joaquim Torra y la de su “consellera” de cultura Laura Borrás. Una tendencia que no es mayoritaria en el “processisme” pero que no ha sido criticada ,ni desde luego combatido con la contundencia debida dentro del mismo. Ello es sin duda es debido a la tendencia natural en los movimientos nacionalistas a justificar y/o tolerar en los suyos lo que rechazarían categóricamente en otros. Pero hay que tener en cuenta también que el “processisme” surgió en un presente global preñado de incertidumbres: en la configuración estatal, en el desarrollo del sistema capitalista y hasta en el porvenir de la especie. Frente a esa conjunción de incertidumbres adoptó como eje aglutinador la constitución, mediante la escisión, de un estado nacional. Es decir un intento de volver hacia atrás en la historia en vez de encarar el futuro de la construcción supraestatal.

Por otra parte están los que aceptan la evidencia del fracaso, aunque discrepen tanto en la caracterización del mismo como de sus causas. Estábamos jugando al póker e íbamos de farol, ha confesado recientemente Clara Ponsatí, ex-consellera d’Ensenyament del govern presidido por Puigdemont, para a renglón seguido echar la culpa al partidismo y reivindicar el movimentismo. (1) Y es que el problema con el que se encuentran es el de como enfrentarse a ese reconocimiento con los mínimos costes de reputación, y de capital electoral. Y todo ello en medio de una batalla por la hegemonía del “post-procès” entre ERC y ex-convergentes, y dentro de estos entre el aparato del partido y el sector pro-Puigdemont.

 

Sostenella y no enmendalla

Entre ambas vertientes del “post-procès” se da una guerra larvada condicionada por un lado por la presión social y por otro por la actuación del gobierno del estado. La cerrazón del PP ha permitido a Carles Puigdemont y a sus fieles gestionar el capital afectivo del “procès” a costa de trabar cualquier posibilidad de evolución política. La designación de Quim Torra evidenció la voluntad de seguir gobernando por poder interpuesto. El curriculum del actual President destaca por su escasa, casi nula, experiencia de gobierno de lo público, su no menos ralo bagaje intelectual y, eso si, un alto activismo propagandístico etnicista tanto en las redes como en diferentes medios nacionalistas catalanes. Esta muestra de escasas virtudes ,y declarados vicios, sugiere que fue propuesto por el ex-president, en buena parte, por su limitada potencialidad para hacerle sombra, pero también por su disposición a mantener vivo el conflicto en su planteamiento actual de confrontación, de prolongar la tensión con el Gobierno del estado como objetivo principal, sino casi único. El problema para el dúo Torra-Puigdemont es que la realidad nacional, estatal e internacional se empeña en no coincidir con sus ensoñaciones. Por otra parte esa designación extendía, paradójica y públicamente, el certificado del fracaso del nacionalismo catalán como proyecto social hegemónico. La instalación del supremacismo ni más ni menos que en la Presidencia de la Generalitat sólo podía ayudar a consolidar la existencia de dos pueblos (entendidos como colectivos vinculados por referencias nacionales) diferenciados y excluyentes dentro del mismo marco catalán. Todo ello dentro del marco de un Estado plurinacional y de una Europa supranacional aún en construcción. Con estos mimbres la gestión de Torra no ha ido hasta ahora mucho más allá del, tan inevitable como cansino, postureo, con un tejer y destejer gestos provocadores además de la formación de un govern en el que se mantienen los equilibrios y tensiones “post-procesistas”.

 

Actuar sobre lo necesario para avanzar hacia los suficiente

Y en estas que llegó la conmoción de la moción de censura. Ante la posibilidad de un cambio en el gobierno del estado el poder de Puigdemont se diluyó, PdeCat y ERC recuperaron autonomía y M. Rajoy cayó victima de una alianza que rompía con el diseño de bloques nacionalistas. El nuevo gobierno designado por Pedro Sánchez que incluye figuras molestas para el unilateralismo, incorpora también un potencial destensador del conflicto. Es un gobierno condicionado por las limitaciones externas así como las contradicciones internas, que constituyen un obstáculo insalvable a corto plazo para conseguir reformas constitucionales que incluyan la posibilidad de separación, con los mecanismos democráticos necesarios para ello. Sin embargo de entrada este gobierno tiene a su favor una capacidad de iniciativa y un espacio para la maniobra que, aunque reducidos, superan al del actual “govern” de la Generalitat y en general al del “procès”, entendido como el movimiento unilateralista en general. Por ello puede y debería realizar  una serie de medidas necesarias y posibles que  pueden incidir tanto en la dinámica “procesista” como en la consolidación y potenciación dentro de Catalunya del espacio del diálogo. El hecho de que éste tenga cada vez más peso, incidencia social y repercusión mediática, también para el resto de España, puede ser el mejor antídoto contra la presión conjunta de un agresivo PP y de un oportunista Cs.

En cuanto a la posibilidad de incidir en la dinámica “post-processista”, es decir de fortalecer la tendencia más impregnada del principio de realidad, un elemento muy decisivo, por su repercusión emotiva, será el de  la evoluciónde las medidas judiciales contra sus dirigentes. Es en ese espacio en que realizó, a principios de abril, su última, por ahora, demostración de fuerza movilizadora y  habilidad para generar un frágil frente unitario transversal y extender su hegemonía. En esta línea de actuación se inscribe la campaña de los lazos amarillos. Ésta tiene su lógica como defensa primaria de sus represaliados y de cara a mantener la cohesión propia, pero se ha manifestado poco eficaz como forma de presión, al prolongarse en el tiempo sin producir efectos. Y por otra parte pierde credibilidad al entrar en el terreno de la intimidación emotiva e intentar imponerse en la ocupación de espacios públicos.

A pesar del rechazo mayoritario en la sociedad catalana al encarcelamiento provisional y al uso, abuso, de la figura de delito de rebelión, hay discrepancias, cada vez más explícitas, en la caracterización de la represión, de sus causas y, en consecuencia, en cómo hacerle frente. El “procesisme” no asume ninguna responsabilidad, sólo admite el papel de víctima, como si no hubiera articulado un proceso político que implicaba no sólo desobedecer unas leyes sino lógicamente imponer otras como estado propio. No se puede enfrentarse eficazmente a la represión si no se asume la parte de responsabilidad propia y sobre todo si no se asume que no hay otro espacio para sus reivindicaciones que el del Estado social de derecho. Ahí se desarrolla la pugna por la autonomía judicial por garantizar la libertad de expresión y por la consecución de mecanismos democráticos de deliberación, participación y decisión sobre la estructura del estado español. En ese sentido, el apoyo a la moción censura puede haber sido la más eficaz medida antirepresiva realizada hasta ahora.

 

 

 

(1) “Hem de posar contra les cordes les nostres forces polítiques i desemmascarar el partidisme que ha estat la gran debilitat que ens ha portat a la derrota després d’una gran victòria de l’1 d’octubre

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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