Sin categoría

¿QUE HACER CON LA PALABRA SOCIALISMO?

 

 

(Ya) en los primeros años del siglo XIX, es posible afirmar que los valores colectivistas dominan en muchas comunidades industriales (de Gran Bretaña); existe un código moral con sanciones contra el esquirol, los “instrumentos” del patrono o la mala vecindad, …. Los valores colectivistas se sustentan de forma consciente y se propagan en la teoría política, las ceremonias de las trade unions y la retórica moral. … Es esta conciencia de sí mismos, con su correspondiente teoría, instituciones, disciplina y valores comunitarios, la que distingue a la clase obrera del siglo XIX de la multitud del siglo XVIII (E.P. Thomson, La Formación de la Clase Obrera en Inglaterra, p. 463)

 

Cuando el periodista que entrevista a Miguel Durban, le pregunta: ¿que es eso del Anticapitalismo?, el aludido responde: nacionalizar los servicios energéticos… Ni tan siquiera alude a la banca. Pero, sin embargo sí detalla que su ideario pretende que se acaba con la incongruencia de que un 1 % detente tanta riqueza como el 30 %, o que 80 personas posean lo mismo que 3.000 millones y, a continuación, reclama el control democrático del desarrollo económico y la producción, de forma que podamos evitar que la expansión de éstos elementos destruyan las bases de la vida en el planeta. Un pequeño elemento de socialdemocracia nórdica nacional, y un desiderátum de democracia radical global.

¿Significa esto que un licenciado en Historia desconoce el significado de la palabra socialismo? Evidentemente, no. Miguel Durbán, como tantas otras personas hoy que conocen el carácter destructivo del capitalismo, se encuentra con la dificultad de definir algo que se escapa a la capacidad de estudio del pensador individual y, sobre todo, a la capacidad de reflexión colectiva en el ámbito del Estado-nación. Sencillamente, porque aquello de nacionalización de los medios de producción, le falta el elemento esencial del sujeto: la nación. Y si falta el componente delimitador político, Estado nacional, es imposible definir el sujeto asociado a socialismo: la clase obrera nacional.

Si nos atenemos al párrafo de Thompson, citado en el inicio, la clase trabajadora se define por una posición ante el “patrono”, una cultura de convivencia y resistencia, y una política que recoge esos valores y los proyecta hacia un futuro donde desaparezcan las causas de su dependencia: el patrón, la imposición de la forma de producir los bienes necesarios para el intercambio social y la desposesión de los instrumentos necesarios para producir. Con ello desaparecerán los esquiroles, y nadie apoyará a los malos vecinos, ni a las personas amorales y contrarios a la colectividad, porque esa misma colectividad se encargará de disciplinarlos.

En el siglo XXI, nacionalizar una simple fábrica de automóviles, por no hablar de los intangibles y los productos tecnológicos, implicaría invadir, más o menos, 27 países, y controlar los siete mares, por los cuales trascurre la logística de esa fábrica. Dominar todas las habilidades en que se divide el Valor de Uso del trabajo moderno, pues no se externalizan elementos del producto, sino actividades de producción, de forma que una sola pieza de un automóvil puede recorrer miles de kilómetros antes de estar terminada, pasando por varios países y propietarios de medios de producción, es decir tecnologías e instalaciones.

En cuanto a la clase, si la definimos por su posición ante la propiedad de los medios de producción, es decir por su dependencia del salario, por una parte, y de la tecnología de conjunto, por otra, nos proporciona una diversidad de perfiles sociológicos enorme, y otra tanta dispersión de culturas de vida y trabajo. Desde el simple dependiente de comercio, el repartidor de pizzas o el empleado de la limpieza municipal, al investigador de I+D, al creador de sistemas, diseñador industrial, gráfico, muchos de los cuales dependen directamente del mercado, o son trabajadores mixtos, en la percepción de sus ingresos. Y, en la escala más baja, los falsos autónomos. Pero, aún peor, los obreros industriales de países alejados miles de kilómetros, con salarios ínfimos y sin derechos sociales, de los cuales depende la producción y el empleo en los países desarrollados, porque solo así se consigue una producción barata, que alimenta el consumo de masas, base del nivel de vida en los países del centro, cosa conocida por todos los asalariados. De ahí la penetración del populismo fascista en la población obrera del centro capitalista.

Sin responder a los interrogantes principales que plantea esta realidad, hablar de socialismo es algo tan vago, si no más, como, por ejemplo, hablar de los de arriba y los de abajo. Es una forma retórica de no renunciar a los viejos clichés, que no valores, de una cultura que ha desaparecido con su base material: la fábrica industrial fordista. Aunque también es una retórica culta de decir lo mismo que los Anticapitalistas de Podemos. Si de verdad se quiere contribuir a crear una base sólida a la lucha contra la agresión capitalista y por salvar el planeta, me remito a Noami Klein, hay que buscar las coaliciones necesarias para controlar la economía, global, porque ese es el ámbito de funcionamiento, desde un ámbito de poder económico suficiente: hoy en día, USA, China, Europa…., y poco más, aunque claro, esas tres realidades económicas suponen en torno de la tercera parte de la población mundial.

Los españoles, o lo que sea, estamos en Europa. Y la Unión Europea es un ámbito político en construcción, pero es el más avanzado, desde el punto de vista de los derechos sociales, ecológicos y democráticos, del planeta. La construcción de una Europa federal debe ser un elemento central de la política de izquierdas. No es un objetivo eludible, sin la palanca política de Europa, cualquier intento de cambiar radicalmente las cosas está llamado al fracaso. Pero Europa solo se puede construir con europeístas, y ahí existe un grave problema: hay populistas de izquierdas que son patriotas; se engañan con el espejismo del Brexit por la izquierda. Como había populistas de izquierdas que creían que la deuda pública se podía eludir con una auditoría. La auditoría de la deuda, como se está demostrando, es una necesidad para desvelar quienes son los delincuentes, pero no es un arma que sirva para no pagar a los acreedores. El défault, es, excepto en caso de guerras y cambios catastróficos, siempre más caro que renegociar. Pero de la crisis de la deuda, de la asunción política de su relación con delincuentes y políticas corruptas, puede salir el programa del Federalismo Europeo.

¿Quiénes son europeístas? ¿Con quién crear coaliciones para una Federación de la Unión Europea? El Parlamento Europeo, muestra un amplio elenco de federalistas europeos, que se pueden reducir a dos corrientes compactas: liberales, en la derecha y verdes, en la izquierda; y parte de los socialdemócratas, y parte de las izquierdas, más o menos provenientes del marxismo, y parte de la democracia cristiana del Partido Popular. Un conglomerado difícil de digerir, aunque, de cara a la definición social de Europa, nos plantea que: la coalición que lidere la Unión marcará el carácter de las Instituciones Federales.

 

 

 

image_pdfimage_print