Artículo extraído de Confluencia Network


 

De la mano encalada a la mano tendida


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Tras el arriesgado movimiento táctico de Iglesias, con su improvisada moción de censura, y el reposicionamiento estratégico del PSOE, una vez consumada la consagración de Sánchez en el 39 Congreso socialista y su slogan-conjuro Somos la Izquierda, parece como si en la política española se abriera una nueva ventana de oportunidad que ofrece a los protagonistas del desdichado 20D una nueva oportunidad para la sensatez. La autocrítica del líder de Podemos, junto a la derrota y neutralización (que no desaparición) de los trazadores de líneas rojas en la dirección socialdemócrata, permite abrigar la esperanza de que la historia no volverá a repetirse, esta vez como tragicomedia.

El anunciado fracaso de la moción de censura presentada por Pablo Iglesias puede leerse de muchas maneras, y se le puede otorgar múltiples significados político-mediáticos, sin que por ello se alteren los hechos, cuya tozudez suele tardar algún tiempo en mostrarse. De forma que, como en las elecciones generales, los partícipes suelen concederse con generosidad la calidad de vencedores. Concesión, en este caso, escenificada mediante el poco edificante espectáculo de las eufóricas bancadas de Unidos Podemos y Partido Popular aplaudiéndose a si mismos. No negaré que existían razones para ello, aunque no tantas como para tal regocijo frente a un país con un deterioro social tan grave como, si no se pone pronto remedio, en serio peligro de cronificación. Pero debemos valorar lo sucedido con rigor, una vez extinguidos los aplausos y apagados los focos mediáticos. Y hacerlo situándose en la perspectiva vital de los que, tras el tedioso alarde de oratoria -chispazos de ingenio y verdades del barquero incluidos-, tienen que seguir buscando trabajo al día siguiente; junto a los que se angustian según se acerca el final de mes, o les llega el recibo de la hipoteca; junto a los que ven con desesperación como se agota la prestación social, o contemplan con pavor la fecha de la renovación de un contrato sin garantía de futuro; junto a los que se desesperan ante la tardanza en esa operación tan necesaria como urgente; junto a las mujeres que no saben si llorar o denunciar la discriminación de salario y trabajo; junto a los jóvenes que no encuentran la manera de ganar el dinero necesario para continuar con sus estudios. Y así un largo etcétera. El ingenio retórico resulta fanfarronería gregaria[1] si no se materializa en acciones concretas para ayudar a la gente en su lucha por la supervivencia y por la mejora de la calidad de su vida. No basta con denunciar, hay que resolver. Para lo primero es suficiente con gritar, para lo segundo hay que negociar.

Las soluciones legales, aunque de dudosa eficacia, en la actual legislatura solo pueden alcanzarse con acuerdos transversales, de geometría variable, en función de los objetivos, de acuerdo a la correlación de fuerzas, y contando con la capacidad real de maniobra de los grupos políticos involucrados. No se supo entender el 20D, con los resultados conocidos, y no parece que se entienda en la actualidad. Eso indica la reedición de los vetos cruzados entre Unidos Podemos y Ciudadanos. Vetos comprensibles y esperables en la formación naranja, uno de cuyos objetivos es impedir, o al menos, dificultar, que Podemos alcance áreas de gobierno. Para los de Ribera se trata de un juego de suma cero, donde su ganancia depende de que Iglesias les siga el juego. Por el contrario, Podemos no gana nada entrando al trapo, salvo una onanista autogratificación, ya que carecen de margen de maniobra para condicionar la política de alianzas del PSOE. Es imposible calibrar la capacidad de acción del adversario si no se conoce la fuerza propia. En ese sentido, la moción de censura puede haber sido un ejercicio tan sonoro como vacío si no se extraen las oportunas lecciones.

Ganancia de perdedores y pérdidas de ganadores

Lo curioso del momento emocional, con las bancadas de los diputados del PP y los de UP ovacionándose a si mismos, es que refleja la paradoja del perdedor que se siente ganador, y del ganador que no es consciente de lo que ha perdido. La euforia del PP tiene poco recorrido y sus estrategas políticos pronto podrán comprobar que su paso por la censura, aunque no les haya costado el gobierno, tendrá costes elevados para una formación, en continua pérdida de apoyos electorales, que lo fía todo a la recuperación económica cual bálsamo de fierabrás que cura la corrupción, atenúa los costes sociales de las medidas de austeridad, y hace olvidar la indecente y burda maniobra de obstrucción a la justicia. Los aplausos autoinflingidos pueden convertirse en bofetadas parlamentarias.

En cuanto a Unidos Podemos, sin duda su fracaso esta cargado de posibles beneficios. Siempre y cuando sean conscientes de ellos, y el síndrome del sorpasso no les vuelva a cegar. En primer lugar, es un acierto justificar la moción de censura en la alarma social generada por los últimos casos de corrupción, un gravísimo problema con graves efectos tanto económicos como políticos. Pero sin olvidar que se trata de una cuestión subordinada al principal problema de nuestro país: el paro, la pobreza, la precariedad y desigualdad congénita. Es lo que hace particularmente insoportable la corrupción. Si ésta desapareciera mañana, y los corruptos devolvieran todo lo robado, sin duda mejoraría nuestra democracia y se eliminaría un importante lastre económico en la actividad económica, pero solo desde la ignorancia o la candidez se puede sostener que por ello mejoraría la situación de la mayoría trabajadora. Por eso, convertir la corrupción sistémica del PP en el argumento de autoridad (nada menos que una emergencia democrática) para la moción de censura evidencia su carácter oportunista y los riesgos que entraña su anunciado y asumido fracaso. Pese a los alardes palmeros, o incluso debido a ellos, puede desmotivar a la base social de Unidos Podemos, cuya emergencia vital se sitúa desde hace 10 años en la Agenda Social. Porque la raíz de la inmoralidad se encuentra en el propio sistema productivo. Y lo seguirá siendo aunque todos sus componentes tuvieran un comportamiento ejemplar.[2] La lucha contra la corrupción, y su denuncia, no debe desviar el foco de la Agenda Social. Hay que moralizar la vida pública (y en ese campo se puede coincidir con una parte de la derecha social liberal), pero el objetivo fundamental del combate político es revertir los efectos perversos de la crisis. Y hacerlo desde el horizonte estratégico de la transformación del sistema socioeconómico capitalista.

En cualquier caso, la erosión político-electoral que la moción de censura ha provocado en el PP tiene otros beneficiarios. Sus efectos electorales los cosecharán, en mayor o menor medida, tanto Ciudadanos como el PSOE, los únicos partidos que pueden atraer a los votantes de centro derecha y del centro liberal desengañados y asqueados con la corrupción popular. Es decir, Unidos Podemos ha conseguido debilitar al Partido Popular, lo que debe apuntarse en su haber, pero al mismo tiempo puede haber fortaleciendo a un adversario y un competidor electoral. Es posible que a Iglesias no le moleste su soledad parlamentaria, evidenciada en la votación de la moción de censura, ni le incomode la compañía tóxica del independentismo radical vasco, pero por muchas cuentas de la lechera que haga, esos coyunturales apoyos no dan para alcanzar mayorías parlamentarias, cuando no la impiden. Sin menospreciar el efecto que tales compañías puede tener a la hora de aglutinar la mayoría social de nuestro país.

Por lo que respecta a los resituados socialistas, han resuelto hábilmente la papeleta con la abstención, mostrando que son el eje parlamentario sobre el que pivota toda política de alianzas efectiva para sacar a Rajoy de la Moncloa, y fuerza realmente imprescindible para el cambio en nuestro país. La pretensión de que los socialistas se retrataran a la hora de votar la moción de censura, fue hábilmente sorteada por el portavoz socialista. Sin descuidar la denuncia de la corrupción, José Luís Ábalos, un luchador fajado y cercano, con el que resulta fácil empatizar, supo poner el acento del debate en la Agenda Social, anunciando una inmediata batería de medidas para mejorar ya, sin esperar a otra moción por agente interpuesto, la vida de la gente. Su intervención fue un aviso a navegantes: es el PSOE quién lidera la oposición al PP. Todo aderezado con guiños, manos tendidas, guantes aceptados, y el compromiso de iniciar conversaciones para concretar acuerdos. Veremos en que se concreta. Un pequeño paso que pude terminar siendo, si la autocrítica de Iglesias es sincera y rigurosa, en el principio de una colaboración imprescindible para que las izquierdas puedan plantearse seriamente como alternativa al PP. Sin embargo, el déjà vu de los vetos y descalificaciones mutuas, desprecios personales incluidos, entre Iglesias y Ribera, no augura nada diferente a lo ocurrido el 20D. E imposibilita una nueva moción de censura del PSOE, a la que el optimismo de Baldoví ha emplazado para después del verano. ¿Cómo es posible que Iglesias no comprenda que su daltonismo político (no distingue el azul del naranja) le hace el juego a Ciudadanos? ¡Para alivio de Rajoy!

Ante esta topología parlamentaria, que exige una gran dosis de finesse politique, Iglesias sigue empecinado en que los números dan.[3] Olvida que en política la suma de escaños no es una cuestión matemática, y que el nuevo PSOE no se ha transformado en otra organización, ni abandonando sus presupuestos socialdemócratas. Iglesias no entiende lo más básico: lo que Podemos puede sumar, al parecer sin mayores problemas (ERC y Bildu), para Sánchez es inasumible y destructor. No puede (ni quiere) conseguir apoyos de independentistas lanzados a la insurrección política, y mucho menos de un partido como Bildu en cuyo árbol genealógico se incluyen asesinatos de dirigentes socialistas. Si alguien piensa de verdad que el PSOE puede construir una alternativa de gobierno, sea mediante moción de censura, sea tras unas elecciones anticipadas o futuras, con tales apoyos es que no conoce nuestra realidad. Por lo tanto, no habrá moción de censura de Sánchez… salvo que consiga disolver los vetos. ¿Convertirá Iglesias este hecho en un instrumento de desgaste de los socialista en la lucha por encabezar la oposición al PP? Esperemos que prime la visión estratégica sobre el tactismo de cortos vuelos.

Resulta preocupante que los actuales dirigentes de Podemos, pese a la experiencia acumulada, sean incapaces de distinguir los campos de acción política que configuran la situación actual de España, de forma que el juego de alianzas imprescindible en una sociedad compleja como la nuestra pueda articularse con la flexibilidad necesaria. Sin ella, las catástrofes por error, por utilizar el término genetista, pueden provocar un rápido deterioro del mensaje político, con la inevitable consecuencia de una paulatina pérdida de apoyo electoral y social. Y, lo que es más grave, impide neutralizar las maniobras divisorias de los adversarios, compromete la relación estratégica con los socialistas para articular una salida socialmente justa y eficaz (desde el punto de vista productivo) a la crisis. E imposibilita romper con el ignominioso y vergonzoso dominio conservador y neoliberal, pese al fracaso de sus políticas de austeridad. De acuerdo a la actual coyuntura, hay que plantearse un calendario de negociaciones y pactos entre PSOE y Unidos Podemos, abiertos al resto de las formaciones políticas en función de los objetivos, que permita generar confianza entre las fuerzas de izquierda, verificar los posibles campos de acuerdo programático, y vislumbrar otros escenarios socioeconómicos posibles. Así que, pensemos el futuro, evaluando con seriedad el campo de posibilidades donde se tienen que dirimir políticamente las medidas para salir de la crisis sistémica y regenerar la democracia. Solo desde la perspectiva del futuro es posible aprender de las experiencias del pasado, y plantearse con eficacia la acción en el presente. Nada nuevo: esa capacidad supuso la gran ventaja evolutiva de los sapiens. La que nos ha traído hasta aquí y nos permite hacer política.

Denunciar el presente, imaginar el futuro

Esa capacidad de actuar en la coyuntura pensando el futuro representa una decisiva ventaja competitiva en política. Es lo que caracteriza a los partidos exitosos, tengan la coloratura que tengan. Y es el terreno de la necesaria confrontación ideológica. Lo que exige tener un proyecto de y para el país que, aprendiendo del pasado (comunista y socialdemócrata) permita proponer soluciones socialistas a los actuales problemas generados por la crisis sistémica de un capitalismo globalizado y de dominio financiero, inmerso y sometido a las graves turbulencias y fluctuaciones que la imparable Revolución Digital provoca en las sociedades desarrolladas. Medidas estratégicas para impulsar el progreso social, lograr la eficiencia económica, garantizar el trabajo digno y seguro para todos, conseguir la definitiva erradicación de la pobreza y la drástica reducción de las desigualdades, implementar una verdadera justicia distributiva, proteger y ampliar el Estado del Bienestar, y lograr un crecimiento sostenible y respetuoso con el medioambiente. Porque nadie consigue la mayoría política si no es capaz de ofrecer soluciones reales y creíbles a la mayoría social.

Se abre, por tanto, un tiempo para la política parlamentaria donde la flexibilidad táctica solo puede nacer de la firmeza estratégica. Sin olvidar la movilización social, que no se logra llenando autobuses de simpatizantes, sino ofreciendo a los movimientos sociales objetivos políticos alcanzables, inscritos en un proyecto de nueva sociedad, y defendidos firme pero hábilmente en el Congreso. Sabremos si esto ocurre cuando se planteen las primeras iniciativas parlamentarias, como las enunciadas por Ábalos. En caso de que prosperen, se tejería una urdimbre de complicidades que, fortalecido Sánchez,  y reconocidos sus errores por Iglesias, puede crear las condiciones propicias para que la izquierda avance en la formulación de una auténtica confluencia socialista, en el horizonte de la transformación socioeconómica del país. Para eso hace falta que socialdemócratas renovados y podemitas autocríticos sean capaces de ubicar la lógica y deseable competencia política en el terreno de la ideología, en la confrontación fraterna y respetuosa entre modelos de sociedad formulados desde las variadas sensibilidades progresistas de la izquierda, y no volver a enzarzarse en una suicida guerra fratricida por el liderazgo de la oposición. En ese sentido, hay que saludar, al menos hasta que se conozca el contenido, el anuciado documento crítico y autocrítico de una desdibujada Izquierda Unida, cuyo papel subordinado a la errática estrategia de Podemos, corre el riesgo de llevarles a la irrelevancia política y la fractura organizativa.

Porque el problema de fondo estriba en la falta de propuesta de futuro que de sentido y proyección a la acción del presente. Podemos apenas ha logrado dotarse de un barniz ideológico superficial, sin lograr hasta ahora dotarse de un sustrato político profundo (pese a la abundancia de politólogos). Tal vez porque ha elevado la indignación y la protesta de carácter emocional a principio constituyente de su personalidad política racional, en base a la teorización errejonista del momento populista. Para su fase inicial de desarrollo podía ser suficiente una formulación general basada en la negación y la protesta defensiva. Pero su consolidación como alternativa política exige desarrollar un corpus teórico-práctico que permita formulaciones alternativas al sistema socioeconómico posibles y creíbles. Es decir, cierta especialización que sea capaz de analizar la realidad y encontrar las líneas de fuerza de su estructura, la dinámica de sus contradicciones, así como los mecanismos de compensación e integración de conflictos. Pasar, en suma, de reflejar emocionalmente lo rechazable, a pensar el futuro deseable y superador que permita la acción transformadora del presente. En otras palabras, ser competitivamente más eficaces a la hora de localizar las causas del rechazo y proponer soluciones que eviten su repetición o persistencia, aunque sea bajo otras formas y manifestaciones. Si Podemos no es capaz de lograrlo, seguirá viviendo de la indignación y la protesta, sin posibilidad de articular una visión de futuro positiva. Será un partido hábil pero no sapiens.[4]

Puede quedarse en ello, y compensar la falta de propuestas de calado que dibujen un nuevo modelo de sistema socioeconómico con golpes de efecto, unos más imaginativos que otros, aceptando a regañadientes un papel subalterno en las grandes decisiones políticas; o puede madurar, impulsando la necesaria confluencia socialista junto a los movimientos sociales, partidos políticos de izquierdas, mareas, coaliciones, agrupaciones, colectivos, asociaciones y cuantos se planteen la urgente necesidad de una alternativa al sistema socioeconómico capitalista. Alternativa que elimine los obstáculos y corsés a la racionalización científica que permite y exige la Revolución Digital; limpie el sistema productivo de castas, tramas, trust, y prácticas mafiosas; suprima y compense los efectos antisociales de la crisis y las políticas neoliberales aplicadas para salir de ella; e impulse la participación, deliberación y corresponsabilidad de la ciudadanía en el gobierno de la cosa pública, incluyendo la economía.[5]

No se si su inicial pretensión de ser la nueva socialdemocracia, libre de renuncias y corruptelas, está en el ADN de Podemos junto a la mutación laclaudiana, que debía haber supuesto una ventaja evolutiva, pero ha resultado todo un fisco adaptativo. Si es así, la confrontación ideológica será, como hasta hora, una cuestión de egos. Pero en la formación morada hay buenos políticos, de sólida formación y con amplia experiencia. Espero que ellos sean capaces de impulsar un debate interno serio y riguroso sobre la necesaria y urgente alternativa socialista al sistema socioeconómico capitalista en su actual fase de desarrollo. Porque a la izquierda del PSOE solo cabe la propuesta socialista. Un horizonte que solo puede alcanzarse con la participación activa de la mayoría social, conformada por los trabajadores decididos a ser sujetos y agentes de su propio destino. Lo que exige que los grupos, partidos, mareas y movimientos de izquierdas sean capaces de describir, diseñar, probar, corregir, impulsar, convencer, acordar, y confluir en una propuesta plural sobre el socialismo de nuestro tiempo, en las condiciones de nuestro tiempo.

La desigualdad, sufrirla o eliminarla

En la Edad Media el pueblo sufría la desigualdad pero no la cuestionaba. Confiaba en que los abusos de malas personas fueran castigados por el rey protector. La Ilustración nos hizo saber que todos somos iguales, y que la desigualdad solo se justifica como resultado del esfuerzo individual. Con el desarrollo del capitalismo la desigualdad se ha convertido tanto en un efecto con en una de las condiciones necesarias para que el sistema funcione.[6] Y cuando la crisis sistémica evidencia que esa desigualdad es el resultado inevitable del sistema capitalista,[7] insuperable en el marco de sus relaciones de producción, la socialdemocracia sigue pensando que su tarea consiste en paliarla sin cuestionar el sistema. Otros prometen el cielo si eliminamos la casta y denunciamos la trama, ambas causantes y beneficiarias de todos los males que nos aquejan. ¿Quién puede estar en contra? Pero el recorrido penal de la trama se dirime en los juzgados (por jueces que no son de la trama, claro), el mediático en los medios de comunicación que los destapa (por periodistas que no son de la trama, y también, que de todo hay), y legislativamente en el Congreso, impulsando leyes que permitan y faciliten la actividad de jueces y periodistas, para lo cual deberemos contar con otros partidos. En el fondo, el viaje de la casta a la trama, y de la trama a la moción de censura no deja de ser un circular juego de lenguaje con cierto aire de familia, cuyo artefacto pirotécnico diluye en moralina el debate fundamental en este siglo del capitalismo financiero global y el punto de no retorno que supone la Revolución Digital:[8] cómo transformar un sistema productivo que ha alcanzado un punto crítico como consecuencia de su propio desarrollo. Un sistema que inexorablemente genera desigualdad, precariedad, pobreza estructural y laboral (trabajadores pobres y pobres sin trabajo), exclusión social, expolio y contaminación ambiental. Y tramas corruptas, naturalmente. El resto es como sacar agua con un colador.

Ciertamente, se le puede ganar tiempo al tiempo, lograr que el sistema fluctue entre el débil crecimiento y la recesión, con el resultado final de un frustrante estancamiento. O se puede, si el sujeto social mayoritario se lo propone, iniciar la gran transformación científico-técnica y democrática del socialismo, acorde con el progreso social y la capacidad creativa de la Revolución Digital. Ante las grandes coyunturas históricas, y estamos en una de ellas, conviene no olvidar que los dinosaurios nunca comprenden por qué se oscurece el cielo.

Mientras, no está mal hacer ruido, pero sin que nos vuelva sordos; movilizarse, pero sin que nos agote; presentar propuestas radicales, pero sin que nos aísle. Es decir, hacer política concreta en la situación concreta para crear las condiciones de futuro. Yo lo llamo confluencia socialista. Nuestra web es un intento de avanzar en esa línea. Existen otros intentos, como la plataforma Actúa (http://actua.digital/) cuyos planteamientos y objetivos parecen ir en la misma dirección. Pero de eso ya he hablado en numerosas ocasiones.[9]

Y termino. En la historia los hay que se colocan en vanguardia, arriesgando su presente por el futuro; los hay que avanzan arrastrando los pies, temerosos de perder lo conseguido; y los que se mueven a regañadientes, clavando los talones en la tierra para frenar el progreso, lo que crea un surco de sufrimiento. La pregunta es: ¿dónde nos situamos?

 

[1] Utilizo fanfarronear en un sentido metafórico, tal como se puede aplicar a los animales cuando quieren amenazar a otro o alardear ante el sexo opuesto. Los pavos reales alardean con sus colas, los gorilas fanfarronean golpeándose el pecho y algunos peces lo hacen tornando su estómago de color rojo. Los miembros de Homo habilis también tuvieron que fanfarronear en este sentido, alardeando para impresionar al sexo opuesto o para hacer valer su autoridad en el seno del grupo. (Steven Mithen. Arqueología de la mente. Crítica, 2004).

[2] Como señala Piketty, es el propio capitalismo el que genera mecánicamente desigualdades insostenibles, arbitrarias, que cuestionan de modo radical los valores en los que se fundamentan nuestras sociedades democráticas. Algo que no se debe a imperfecciones del mercado, sino todo lo contrario: cuanto más perfecto es el mercado más posibilidades tiene de surgir la desigualdad. Es decir, el capitalismo es estructuralmente injusto. Pasar de lo estructuralmente injusto a la justicia (retributiva) estructurada exige cambiar las relaciones de producción y, en primer lugar, cambiar el poder absoluto de la propiedad privada y su derecho feudal de apropiación y gestión. Ver: Piketty. El capitalismo del Siglo XXI. Fondo de Cultura Económica, 2014.

[3] Si PSOE y Unidos Podemos hubieran obtenido la mayoría absoluta, no habría más problema que el terror de los viejos dirigentes socialistas a gobernar con Podemos, algo que finalmente Sánchez parece haber conseguido neutralizar. Pero sucede que tan solo la suma de PSOE, Unidos Podemos y Ciudadanos (188 escaños, y un 57 % del voto emitido) constituye la mayoría parlamentaria para ganar una moción de censura. La otra mayoría de izquierdas, formada por PSOE, UP, ERC y Bilbu (167 escaños, y el 47,16 % del voto emitido) resulta insuficiente, por lo que dependería de la derecha nacionalista, con la independentista catalana tan corrupta y austericida como el PP. Si el ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, Iglesias da un paso mas en la evolución de la especie y le echa a la piedra la culpa de su tropiezo.

[4] Utilizo el juego de palabras a modo de ejemplo de las distintas capacidades cognitivas de los homo desarrolladas a lo largo de los últimos 2 millones de años aproximadamente. Los interesados en conocer los procesos evolutivos de la mente humana pueden ver el interesante y ameno libro de Steven Mithen, Arqueología de la mente. Crítica, 2004.

[5] Me extiendo en analizar estos aspectos en Marx desencadenado (Amazon, 2017).

[6] La estructura profunda del capital es la misma hoy que hace dos siglos. Y es así en todos los sistemas productivos basados en la propiedad privada, la competencia y el libre mercado, sea en China, Unión Europea, Rusia, EE.UU. o Sudáfrica. Ocurre como con el genotipo de los humanos: es igual para toda la especie pese a las infinitas variedades del fenotipo. El capital vive para crecer y acumularse, los genes para sobrevivir y multiplicarse.

[7] En España una de cada cuatro personas que quiere trabajar está en paro, uno de cada tres parados no cobra prestación alguna, uno de cada dos jóvenes no tiene trabajo, 120 personas perdían su vivienda cada día en España, 2,3 millones de niños vivían por debajo del umbral de pobreza, 1,3 millones de personas recibieron en 2014 la ayuda básica de emergencia de Cáritas.

[8] La Revolución Digital es uno de esos puntos de no retorno (Point of no return) en la historia de las sociedades humanas, como lo fue la conquista del fuego, la fabricación de útiles líticos, la agricultura, el desarrollo del comercio, o la producción industrial. Y, como todos, está asociado a un cambio tecnológico determinante. Equivale al punto crítico en los sistemas complejos no lineales.

[9] Ver: http://confluencia.network/sin-categoria/la-izquierda-laberinto/