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Las mujeres ausentes de los debates electorales

Solo algunos medios señalaron que en el único debate a cuatro celebrado en las pasadas elecciones, ante la insistencia de la periodista Ana Blanco en preguntar sobre los asesinatos de mujeres, tan sólo Pedro Sánchez y Pablo Iglesias consumieron algunos segundos en exponer sus posturas, mientras Rajoy y Rivera no juzgaron necesario hablar sobre el asunto. Hoy, cuando la ola veraniega de agresiones a mujeres vuelve a estallar, con casos tan sangrantes como el ocurrido en Benicàssim, donde el agresor asesinó a su compañera e hirió gravemente a sus dos hijos, el tema vuelve a estar en el candelero. Eso sí, no para la opinión pública enredada en el culebrón de la formación de gobierno.

De todas formas, esta violencia insistente, no debe ocultarnos la situación persistente de grave deterioro de sus condiciones de vida que están sufriendo las mujeres en nuestro país y de las “soluciones” dadas por el gobierno y la Troika que las ha convertido en unas de las principales perdedoras. Un breve resumen de cómo les han afectado dichas medidas lo pone de manifiesto:

. La derogación en la práctica de la ley de dependencia tuvo un efecto colateral para las mujeres con la supresión en julio de 2012 de la obligatoriedad del Estado de pagar la cuota de la S.S. para las personas encargadas del cuidado de los dependientes. Lo que las imposibilitaba en un futuro disfrutar de una pensión, ya que son ellas las que habitualmente se ocupan de este cuidado. Que sepamos ningún partido se ha pronunciado sobre esto ni se ha comprometido a restituirles este derecho.

. Su situación laboral ha empeorado notoriamente. El paro femenino se ha disparado y ya triplica la media europea; muchas mujeres se han visto obligadas a volver a limpiar casas, o a dedicar más horas a ello, ante el auge del paro de varones mayores de 40 años, convirtiéndose en muchos casos en el único sueldo que entra en el hogar; ejerciendo trabajos precarios, con horarios imprevisibles y variables que tendrán una influencia directa en su vida cotidiana y les llevan a una situación de estrés y de inestabilidad personal, porque ¿cómo puede una madre ocuparse de sus hijos si un viernes no sabe todavía si trabajará la semana siguiente y con qué horario?

. Los recortes sociales han aumentado sus preocupaciones. Así en la educación, la supresión a las ayudas a los comedores escolares y a las guarderías, el aumento de la ratio de alumnos por aula, la supresión de los profesores de refuerzo…. No hay que olvidar que ellas son las que se encargan en primer lugar de la educación de sus hijos e hijas, como podemos observar en su presencia masiva en las AMPAS donde la presencia de los padres es testimonial.

. La vuelta al hogar de los hijos, muchas veces acompañados de los nietos, les ha obligado a tener que atenderles de nuevo ya sea material o económicamente. Al mismo tiempo, el desajuste de horarios y la escasez de guarderías asequibles, que imposibilita de hecho la conciliación familiar, ha creado un nuevo personaje social, las abuelas cuidadoras. Es justo reconocer que en este caso los abuelos han sabido estar a la altura de las circunstancias y se han implicado activamente. Sin embargo, por razones obvias, las mayores responsabilidades recaen sobre las abuelas. No parece justo que, en una edad en la que deberían estar disfrutando de una vida sin obligaciones apremiantes, tengan que ocuparse de la crianza de unos niños con unas exigencias inadecuadas para sus años.

. Otros temas podrían aparecer en segundo plano, pero sin desdeñar que han sido reivindicaciones permanentes de las mujeres. Su presencia en los lugares y organismos donde se toman las decisiones que rigen nuestra sociedad continua siendo muy escasa: consejos de administración de las grandes empresas, Poder Judicial, altos cargos de la administración, cátedras universitarias… Incluso en el ámbito político, donde se mejorado notablemente gracias a la paridad y a las listas cremalleras, no suelen desempeñar por regla general cargos relevantes. Una mirada a la realidad política cotidiana nos lo atestigua.

En cuanto al maltrato, y a los asesinatos que conlleva, deberíamos cambiar de perspectiva, verlo como un síntoma, como la punta del iceberg que apunta a causas más profundas. Es necesario acabar con la consideración social de las mujeres como víctimas pasivas y atrevernos a sacar la conclusión de que ellas son la parte visible de una sociedad enferma, en la que pese a la igualdad legal, las mujeres continúan siendo ciudadanas de segunda. Si esta afirmación parece exagerada, o incluso demagógica, como está de moda calificar a lo que no conviene a lo “políticamente correcto”, unas preguntas nos justificarán su acierto: ¿cómo es posible que pese a la persistencia inalterable de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, esto ocupe el último lugar en las preocupaciones de los españoles?, ¿qué pasaría si los 64 asesinatos de 2015, en vez de ser de mujeres, lo fueran de joyeros, abogados o políticos, o víctimas del terrorismo yihadista?. La alarma social sería tal que ocuparía las primeras páginas de los diarios y abriría todos los telediarios. Lo que nos lleva a otra triste conclusión: las mujeres somos “los otros” de la misma manera que lo son los muertos en los atentados en los países musulmanes en relación a los de los occidentales, pese a constituir el 82% de los asesinados por el terror yihadista.

En estos días han sorprendido las declaraciones de la Audiencia Provincial de València de que en los primeros 6 meses de 2016 se ha registrado un incremento de un 166% de los casos de violencia machista. No estaría de más recordar que el gobierno del partido popular ha rebajado considerablemente las asignaciones presupuestarias dedicadas a este apartado, en particular la asignada al Programa de Prevención Integral de la Violencia de Género y se han paralizado o reducidos a la inoperancia organismos como el Observatorio Estatal de Violencia sobre la Mujer o el Instituto de la Mujer e Igualdad de Oportunidades, entre otros; tampoco sería ocioso señalar que no se ha realizado ningún esfuerzo para poner al día a los miembros de los cuerpos policiales y judiciales; el mismo gobierno ha dado una clara muestra de cuál es su actitud al no atender, por ahora, la condena del Comité de Naciones Unidad para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) por negligencia al no haber hecho caso a las reiteradas peticiones de una mujer víctima de malos tratos, Angeles González, de que su agresor no viera a su hija de 7 años sin supervisión, ya que finalmente acabó asesinando a la niña.

El Presidente de la Audiencia de València alertaba también en su intervención de que la violencia está afectando cada vez más a las jóvenes y que éstas no son conscientes de maltrato. Esto no es nada nuevo, ya en 2005 Isabel Coixet denunciaba en el vídeo “Talla amb els mals rollos” que las adolescentes veían normal la estricta vigilancia a la que les sometían sus parejas justificándolas por el amor. Es oportuno recordar también que el gobierno Rajoy, nada más tomar posesión, suprimió la asignatura Educación para la Ciudadanía, única en el curriculum escolar en la que se trataba de manera transversal las relaciones de igualdad entre los sexos y que son escasos los centros públicos en los que se imparte educación afectivo-sexual por prejuicios de los padres o porque el profesorado, ante posibles protestas, prefieren no meterse en líos. La llamada coeducación es meramente educación mixta, ya que se han abandonado las prácticas pedagógicas que le daban sentido a la convivencia entre los dos sexos.

Lo grave es que no existe un rechazo social explícito y público, ni de los medios de comunicación ni de las élites masculinas representativas. Más allá de las condenas formales de los asesinatos, no se hacen declaraciones puntuales sobre hechos discriminatorios o vejatorios contra las mujeres que ocurren todos los días. Se está celebrando el juicio a las mujeres de Femen por la denuncia de la asociación Enraizados en Cristo y en la sociedad, acusadas de haber irrumpido con el torso desnudo en una manifestación contra el aborto, por lo que se les piden 6 años. Ningún partido político ha denunciado lo esperpéntico de la acusación ni se ha solidarizado con ellas. Pero las sensibilidades son muy distintas según sean los grupos a proteger porque a la puerta de la sala del juicio unos energúmenos llevaban pancartas con el lema stop a las feminazis. Silencio, mejor no hablar de ello, como tampoco comentaron los medios y las élites más “selectas” las clasistas y sexistas declaraciones de Felix de Azua sobre las pescadoras y su incapacidad para ser alcaldesas.

A pesar de todo, las mujeres no van únicamente a lo suyo. Forman parte activa e indispensable de los movimientos sociales más reivindicativos y su compromiso con ellos es firme. Hemos tenido recientemente una muestra de la especial sensibilidad de los grupos feministas de toda España que han organizado una caravana a Grecia para responder a las nefastas políticas migratorias de la UE. En su manifiesto se expresaban: “Nosotras no podemos evitar mirar a los rostros de las víctimas de nuestras fronteras, no podemos dejar de sentir sus sufrimientos, ni dejar que el mar mediterráneo, cuna de nuestra cultura, esté convirtiéndose en una fosa común. La indignación y la solidaridad nos impulsa a actuar, la ciudadanía no puede esperar”. Por supuesto, el eco en los medios ha sido escaso, ocupados como están con la urgencia del nuevo gobierno, a mayor gloria de Rajoy, para distraerse en cuestiones secundarias como mujeres y refugiados.

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