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El pájaro y la mano, o las lecciones de una (des)ilusión

Al final, los peores temores se han hecho realidad. La tan cacareada segunda vuelta electoral, que debería haber consagradola hegemonía de Unidos Podemos en la izquierda, ha supuesto el rotundo fracaso de la estrategia del sorpasso y el triunfo del PP, y de Mariano Rajoy en particular. Antes de estas segundas elecciones había una posibilidad, ciertamente descolorida, de gobierno presidido por un socialista, con el PP en la oposición; hoy lo más probable es que tengamos un gobierno del PP con la izquierda (socialdemócrata, neosocialdemócrata y transformadora) en la oposición.  El asalto a los cielos ha supuesto el parto del monte. Un escenario que,aparte de mostrar la poco fiabilidad de las encuestas en periodos de gran volatilidad de la opinión pública, evidencia que el temor a que unas nuevas elecciones pudieran empeorar las cosas estaban fundados. Estos profesores de política, que tanto les gusta llenarse la boca con eso de escuchar a la gente común, deberían recordar el refrán popular: mas vale pájaro en mano que ciento volando.La pregunta es: ¿queda todavía algún pájaro que coger? Ante el desanimo y desconcierto generado por los resultados electorales sigo pensando que se aprende más de los errores que de mil especulaciones teóricas. Y que, todo fracaso es también una oportunidad, si se analiza bien sus causas. Intentémoslo.

La torpeza política de brindar otra oportunidad al derrotado PP de Rajoy, justificada porque el PSOE no aceptaba un gobierno a la valenciana, la pagan hoy los trabajadores.El disparatado juego del ultimátum de Podemos e IU a Pedro Sánchez evidencia no sólo un desconocimiento (inexplicable en unos profesores de universidad) de lospostulados políticos de los socialistas, sino una errónea valoración de la correlación de fuerzas en nuestro país. No parece muy inteligente -políticamente hablando- haber adoptado la postura del todo o nada cuando el todo se sabe que es inaceptable por el PSOE, componente esencial de cualquier ecuación para la investidura. Por muchas operaciones de sumas, restas y multiplicaciones que hagamos, si finalmente introducimos en la ecuación un divisor cero, el resultado es siempre cero.Todo ello evidencia un arriesgado izquierdismo en la izquierda radical, que es el principal enemigo interno en una estrategia de transformación socialista. En consecuencia, hoy estamos mucho peor de lo que podríamos estar si se hubiera facilitado, con la abstención, un gobierno presidido por Pedro Sánchez. Porque, en la lucha de clases, cuanto peor, peor.

En artículos anteriores, publicados en Nueva Tribuna, he insistido reiteradamente en la necesidad de asegurar un gobierno alternativo al PP de Mariano Rajoy, con el mayor número posible -y era posible– de contenidos progresistas. Así, en La abstención tiene un precio señalaba que, dada la correlación de fuerzas realmente existentes, más allá de las ensoñaciones populistas de izquierdas con asaltar el cielo, ….. el valor de la abstención es suficientemente alto como para jugar decididamente esa baza… lo que de verdad se negocia es la cantidad de dosis de progresismo radical que se puede alcanzar con el PSOE. Y eso no tiene por qué abandonarse, pese al decepcionante acuerdo Sánchez-Rivera. En mi opinión, debe seguir explorándose la inclusión, en la propuesta programática de Pedro Sánchez para su investidura, de las máximas reivindicaciones posibles, a fin de atender la emergencia social, mejorar las condiciones laborales y sociales de los trabajadores, recuperar derechos y libertades, avanzar en la democratización institucional y eliminar de raíz la corrupción. Y no olvidar nunca que estamos ante una guerra de posiciones, cuyo objetivo estratégico es crear las mejores condiciones posibles -políticas, económicas y sociales- en cada situación concreta para la futura transformación socialista de la sociedad…

Tal vez una postura tan infantil se explique porque para los dirigentes de Podemos la repetición de las elecciones no era ningún fracaso, sino una nueva oportunidad para desempatar, en palabras del inefable Iñigo Errejón. Sin embargo, esta apuesta de patio de colegio, revestida de ruido y furia, no parece muy inteligente sin tener cierta garantía de que las elecciones vayan a mejorar suficientemente las posiciones de partida como para hacer posible hoy lo que ayer era imposible.

La izquierda a la izquierda del PSOE ha cometido dos errores graves: no haber ido en coalición el 20D; y no haber posibilitado la investidura de Pedro Sánchez con la abstención, para realizar una oposición eficaz en las Cortes. Así se habría conseguido el objetivo de fortalecer la unidad electoral en el camino de la unidad político organizativa de la izquierda, y defendido mejor los intereses de los trabajadores desde las instituciones. Por no hablar de que se hubieran podido crear mejores condiciones, y con mayores posibilidades de éxito, para ganar las siguientes elecciones. El purismo doctrinario -antes muertos que perder la virginidad-, el oportunismo político y la ensoñación populista, han permitido al PP recuperarse de la situación de virtual perdedor, y que la izquierda haya perdido una oportunidad real, no la mejor ni la más deseable, de empezar a transformar las cosas. Todo a cambio de un hipotético sorpasso que, finalmente, no se ha producido. ¿Seremos capaces de sacar conclusiones adecuadas a esta grave y fallida experiencia? Espero que si. Veamos:

En primer lugar, la confluencia es un valor que debemos preservar. Aquí el desafío consiste en avanzar hacia una unidad que el resultado electoral puede poner en peligro si Errejón y las visiones populistas de izquierdas salen reforzadas. Porque es evidente que no puede haber unidad, aunque si coalición, sobre la base de la teoría política de Laclau, aunque sea reformulada y adaptada a nuestro país. Pero tampoco si prevalece en Podemos la estrategia neosocialdemócrata, necesariamente reformista, que, al parecer, encarna con entusiasmo Pablo Iglesias.

Izquierda Unida, por su parte, tiene que superar de una vez por todas la nostalgia de las viejas certezas que la praxis histórica ha demostrado erróneas, y cuyo basamento teórico no se sostiene desde el rigor científico y la honestidad intelectual. La apuesta por el nuevo socialismo, de acuerdo a la realidad socioeconómica y política del capitalismo globalizado y el dominio financiero, así como a las mutaciones internas del propio sistema capitalista, generadas por la revolución científico-técnica y la sociedad de la información, debe ser la argamasa de un proyecto político-organizativo de transformación social, propio de la izquierda revolucionaria del siglo XXI.

La cuestión es cómo pueden desarrollarse esas tareas mientras se ejerce la acción parlamentaria en las difíciles condiciones creadas tras las elecciones, con el PSOE encabezando la oposición. ¿Acaso se piensa que desde la neosocialdemocracia (sea este engendro lo que sea) se puede evitar que los socialistas obtengan el mayor rédito al enfrentamiento con las políticas del PP-Cs?. Eso por no hablar de cuestiones como la configuración del grupo parlamentario de UP. ¿Va a prevalecer la dirección y capitalización política de Pablo Iglesias y su nueva política reformista? ¿Qué papel pueden jugar los diputados de IU y su alternativa transformadora?Porque no se  trata solo de visualización, con ser importantísima, sino de la obligada pedagogía política, necesaria para que la salida socialista a la crisis del capitalismo no quede oculta tras el velo de la llamada nueva socialdemocracia, o del populismo de izquierdas, lo que en la literatura se conoce como reformistas revolucionarios, un clásico oxímoron para rellenar el vacío de ideas. En cualquier caso, nada de esto podrá abordarse con rigor y posibilidad de éxito sin que IU resuelva definitiva su refundación. O, si se quiere, el tránsito de la inoperante seguridad dogmática a la incertidumbre creativa de la ciencia

No quiero acabar sin una última, y tal vez utópica, reflexión:

Todavía queda una posibilidad, aunque limitada visto lo visto, de revertir la situación. Pedro Sánchez podría intentar, en paralelo a las gestiones que haga el PP, un nuevo acuerdo de investidura con Rivera como el fallido de la anterior legislatura, aprovechando la negativa, todavía firme, aunque tal vez no por mucho tiempo, de Cs. a facilitar la investidura de Mariano Rajoy, Un nuevo acuerdo PSOE-Cs., con el apoyo desde la oposición (ya no vale la abstención) de Unidos Podemos, permitiría echar a los populares del gobierno, iniciar una legislatura menos dañina para los intereses de los trabajadores, y crear mejores condiciones para la futura confrontación electoral, que posiblemente llegue antes de que finalice la legislatura. Por supuesto, ese acuerdo de investidura será peor que el que su hubiera conseguido hace unos meses.Pero aspectos nada desdeñables como regeneración democrática, ley electoral, plan de emergencia social, mejoras en la legislación laboral, avances en igualdad, etc. seguirían siendo posibles y aceptables. En cuanto a Unidos Podemos, tendría la llave de la gobernabilidad, lo que le permitiría hacer una oposición responsable y exigente, al tiempo que se facilitaría el avance en el necesario y urgente proceso de unificación de las izquierdas que el futuro exige si se quiere empezar a transformar nuestro país.Tal vez sea un sueño inducido por la amargura de la derrota. Pero estoy seguro de que cualquier cosa es mejor que aguantar cuatro años más de gobierno de PP, por muy optimista que suene la canción del Gran Wyoming.

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