Artículo extraído de Confluencia Network


 

Relato de la globalización II


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EL PROCESO DE LA GLOBALIZACIÓN CAPITALISTA (CAPITULO IV)

 

Chief, among the primary forces shaping the global economy, in my view, are the irreversible effects of technology -in particular, modern information technology- ..…Once the genie of global information flow gets out of the bottle..there can be no turning back (Kenichi Ohmae)[1]

 

Nuestro capítulos I, II y III sobre la Globalización, han realizado un somero relato de los procesos principales que empujan la conquista global del capitalismo, y sus esfuerzos por crear un solo mercado de capitales y de fuerza de trabajo. La emergencia de nuevas potencias nacionales los famosos BRIC, y el G20). De cómo la Globalización impone un tamaño mínimo a los países, vistos como unidad de mercado y la formación de un contexto socio-económico e institucional específico de la globalización: el desplazamiento del trabajo industrial desde su núcleo central en Europa, América del Norte, Japón y Australia, hacia países emergentes al capitalismo y el crecimiento de un nuevo tipo de capital, del conocimiento, y del trabajo asalariado a él asociado. En ésta IV entrega, hablaremos del vehículo organizativo del capitalismo global: La Corporación, y de la organización de la producción, específica y global, que la economía del conocimiento está creando, al tiempo que la robótica destruye los oficios industriales en su centro histórico.

 

El Contexto Organizativo: Las Corporaciones

Las corporaciones configuran un conjunto de instituciones en red (empresas, universidades, centros de investigación y fundaciones) que son el campo donde los individuos realizan su carrera profesional. Sirven de contenedor a la división creciente del conocimiento en ramas de actividad (Bell, 1976). Por ello, la lógica inicial del modelo post-industrial de sociedad es la meritocracia. Siempre que no perdamos de vista, que el capital intelectual cubre una parte limitada del empleo, destruye la mayoría del empleo industrial clásico y genera un amplio abanico de empleos precarios de servicios.

La Corporación cubre el componente empresarial del Capital Intelectual: la organización, que aporta capacidad de coordinación. La coordinación se realiza mediante patrones repetitivos que definen el desempeño. Patrones que son la memoria de la organización, sus rutinas (Nelson y Winter, 1982). En el concepto de tecnología ocupa un lugar central la coordinación, entre los procesos específicos de trabajo (el carácter y secuencia de las tareas que se deben desempeñar para alcanzar los resultados deseados), y los métodos para resolver problemas cuando las rutinas fallan. Los métodos para resolver problemas constituyen una fuente continua de innovación que crea una corriente de tecnología, basada en las existentes, pero en contradicción con ellas. Hay, por tanto, una continuidad en la disrupción de poner en marcha una nueva tecnología. No se inventa nada, sino que surge de lo que hay como ejercicio pautado de ruptura de la continuidad. Las tecnologías emergen en la organización (Nelson y Winter, 1982), pero la corporación no puede ser visualizada como la fábrica. Su lógica es organizativa, y su valor, el capital acumulado, son tecnologías que le permiten hacer muchas cosas, pero sobre todo absorber conocimiento. Las cosas que pueden hacer las corporaciones, los procesos industriales y comerciales que desempeñan a través de las tecnologías que dominan, pueden ser una cosa o su contraria. No se definen por las mercancías de consumo y producción, que al final suministran a los mercados globales, sino por las actividades que realizan casi en régimen de monopolio, hasta que los demás aprenden a desempeñarlas. Se apoyan en un entramado global de fábricas, aunque mejor sería llamarlos talleres. La lógica de las fábricas es muy distinta, sus dos bases son: la calidad, hacer las cosas de acuerdo a especificaciones del cliente, del dueño de la tecnología principal, y el coste, fabricar más barato; de ahí la emigración permanente de las actividades industriales a los países y regiones con mano de obra más barata. O la presión creciente para la robotización de las actividades de fabricación.

 

El trabajo en la era de la globalización:

En la producción mecanizada dominaba el obrero-operador, absorbido por la máquina o por el funcionamiento del trabajo en cadena, su aprendizaje se dirigía a suplir las deficiencias de un sistema de maquinaria imperfecto (Richta, 1971) La automatización y la cibernética eliminan este tipo de trabajo, situando al hombre en los límites de la producción (Bell, 1976).

Este proceso acelera, al mismo tiempo, la sensación de angustia para aquellas personas que han ido cerrando su ciclo de adquisición de habilidades específicas, cuya base era la experiencia y la capacitación por el trabajo. La enajenación que reside en el trabajo mecanizado llega así al borde del absurdo: Se aspira a mantener un trabajo que las fuerzas creadoras convierten en inútil, por que, de esa forma, se convertirían ellos mismos en “inútiles”(Richta, 1971). El conocimiento, que devalúa el capital industrial, también crea la obsolescencia del capital humano. Este último, que es una función de las habilidades de los trabajadores para la creación de competencias de la organización (Williamson, 1985 ), y supone la base de la capacidad técnica, en la sociedad postindustrial, vive, además, amenazado por la globalización. Para el capital, el problema de la época es la productividad del conocimiento (Richta, 1971; Bell, 1976) y su evaluación (Drucker, 1998, 1999), y para los trabajadores su protección.

El auge de la economía del conocimiento ha traído cambios fundamentales en el diseño de las organizaciones atacando las bases del empleo estable. La desigualdad se ha diversificado, en diferencias de renta, de estatus, de poder, de oportunidades, de educación, de servicios etc. Y también las formas que toma la inseguridad en el empleo (Mohram y Lawler, 2003). En ésta economía, la relación salarial del profesional se individualiza. La organización ofrece a los expertos condiciones contractuales particularizadas, y evalúa y remunera su contribución personal al desempeño de la empresa (Williamson, 1999). Pero también, las organizaciones tienen una núcleo estable de “personas que hacen que las cosas ocurran”, cuyo deterioro total o parcial implica grandes pérdidas de capital intelectual. Ese núcleo, al mismo tiempo, necesita proteger su capital de habilidades y conocimientos personales. Esa es la razón de que los nuevos reformadores plantean neutralizar los efectos de la incertidumbre en el empleo, aportando valor al empleado en forma de aprendizaje (Pfeffer, 2003), y surgen nuevas modalidades de contratación en los países de capitalismo más desarrollado.

Estas nuevas formas de capital, no implican solamente una mayor fragmentación de las clases asalariadas, ni tan siquiera de las inversiones. Su influencia principal es que trasforma el proceso de producción, afectando muy directamente a las relaciones de trabajo, que pasan ocupar un lugar secundario en ese proceso. Tampoco la sociedad post-industrial implica la desaparición de la industria, sino su dependencia subsidiaria de nuevas formas de capital. La gestión industrial, incluyendo en tal concepto el control de procesos, sustituye a las tareas de trabajo, que son realizadas por máquinas, coordinadas por robots. La externalización de procesos, como forma de simplificar la complejidad fabril, permite la acumulación de conocimientos sobre procesos y materiales, acelerando el cambio tecnológico y la sustitución de mano de obra industrial por maquinaria específica. Además, los procesos de control y producción se trasforman desde la investigación. El software adquiere cada vez mayor importancia sobre la electrónica. La investigación en nuevos materiales y en la física de sólidos está en la base de los avances en electrónica. Emergen nuevos campos económicos impulsados directamente desde la investigación como la nanotecnología, la biotecnología, la física cuántica aplicada; o los avances relacionados con la des-encriptación del ADN, la biomedicina, etc. Y la propia organización se independiza de su uso inmediato.

Estos procesos multiplican los puestos de trabajo relacionados con la gestión industrial, el I+D, la logística y el marketing, al tiempo que dejan obsoletos los oficios industriales. Los hábitos de consumo y las formas de vida de los nuevos sectores sociales profesionales y asalariados, fomentan el desarrollo de múltiples servicios, relacionados con las necesidades personales y de ocio, entre otras, la oferta cultural se masifica, adopta las nuevas tecnología y crea nuevas oportunidades de empleo. Las cuales no afectan a las personas con oficio desplazadas por los cambios, pues las democracias capitalistas no ha previsto las consecuencias de las innovaciones, y muchas de esas personas ya no disponen de vida para volver a empezar y reciclarse con la formación.

 

El trabajo de los expertos y la capitalización el conocimiento.

Las corporaciones obtienen valor añadido del aprendizaje, que es la manera como las personas en las organizaciones cambian colectivamente el conocimiento, los valores y los modelos mentales compartidos sobre sus empresas y mercados, mejorándolos o creando otros nuevos (Zahra, 1999). La forma en que los miembros cooperan, creando aprendizaje y cambio organizativo, es la base de la competitividad, porque integran comunicación y conocimiento tácito en rutinas de comportamiento, socialización de habilidades, conceptualización de esas habilidades en procedimientos para nuevos servicios, nuevas o mejores rutinas y nueva comunicación (Nonaka y Takeuchi, 1995).

La apropiación del conocimiento por la corporación se basa en los procesos en los que se fija la innovación como aprendizaje organizativo. Esta apropiación, o capitalización del conocimiento, que está enfocada en las características intangibles de las habilidades y del conocimiento experto, pone, sin embargo, más énfasis en el proceso organizativo de creación de competencias, que en la capacitación de las personas (Grant, 1998). Ésta última, la capacitación y el desarrollo de las personas, es el “toma y daca” de la relación laboral específica (Kamoche y Muller, 1998) y, además, favorecen el desarrollo de las capacidades individuales para absorber conocimiento experto (aprender a aprender).

El conocimiento se almacena en las rutinas. Lo que la empresa puede hacer bien tiene algo de vida propia, crece y muere con cierta autonomía y necesita su tiempo para crearse. Es un conocimiento que se combina de manera tácita, es decir no programada, y no está disponible fuera de contexto (Nelson, 1997) y, si bien se almacena en la línea media y las bases de datos, es dinámico, cambia con el desarrollo del hacer, y es contingente al contexto (Nonaka y Kono, 1998). Por esa razón, solo las organizaciones tienen medios para convertir ese conocimiento experto en tecnologías comunicables. De ahí la facilidad que se ha observado en los países asiáticos, con una larga tradición de organizaciones y artesanado experto, para replicar las tecnologías que les llegaban en la segunda mitad del siglo XX, embebidas en las inversiones que allí realizaron las corporaciones, buscando mano de obra barata.

Como todo capital, el intelectual se reproduce con la acumulación. Por ello, el proceso de aprendizaje puede considerarse una inversión capitalizable solo si es apropiable por la corporación. Porque el objetivo de las empresas no es el aprendizaje, sino la creación de plus-valor, o valor para los accionistas, según la jerga financiera. La pauta de inversión, desde los orígenes del capitalismo, son los criterios de eficiencia, que aconsejan reducir al mínimo el recurso escaso (conocimiento) maximizando las capacidades que crea (Grant, 1998). Se puede formular un “Balance entre la empresa y sus empleados”: El poder de apropiación por la empresa sobre el conocimiento creado en ella es directamente proporcional a la dependencia del desempeño de las habilidades de las personas respecto a las rutinas de la organización (Grant, 1991).

 

El Capital Intelectual tiene que medirse, y tal tarea no está resuelta.

Pero el nuevo capitalismo del conocimiento tiene un problema respecto al clásico, regido por el imperio de la contabilidad de doble partida, nacida en el siglo XVI. No existen criterios para su contabilización. Lo único cierto que se conoce sobre la valoración del capital intelectual, es que su contribución a la generación de beneficios es muy importante, aunque no existan medios para cuantificarla. Al no reconocer la fuente inversora de los ingresos, los márgenes de beneficio y su distribución no protegen adecuadamente los valores de esos activos ( Hamel y Prahalad, 1998) Los intentos de recurrir a procedimientos bursátiles para medir la capitalización aportada por el conocimiento a las empresas, como la de Tobín (diferencia de valor durante un periodo significativo entre capitalización bursátil y valor contable) ha conducido a fraudes (ENRON) y burbujas especulativas (nasdaq.com)..etc. Sumando un factor mas de inestabilidad a los peligros de la volatilidad financiera global .

Con todas las incertidumbres del capital intelectual, el desarrollo de la era del conocimiento sería impensable sin su base de redes de información[2], aunque esa base no constituye en sí misma un capital. La relación social subyacente de explotación son los procesos de absorción y acumulación, bajo el control de sus cúpulas, del conocimiento generado en las organizaciones. Pero el capital es un sistema de producir mercancías por medio de mercancías[3]. Si el conocimiento es directamente productivo, es que se puede gestionar, y por lo tanto estandarizar y medir, como cualquier mercancía; si no es así, se trata de fuerzas productivas aún no dominadas por el capital. El conocimiento como creador de valor crea una serie de contradicciones nuevas:

En primer lugar, el que un factor de producción no se pueda medir supone una incertidumbre, el que el factor de producción principal en una era no se pueda medir, supone una incertidumbre principal. Conforme ese factor se hace más importante, mayor es la incertidumbre. (Drucker). De hecho, las técnicas de gestión actuales se están construyendo sobre sistemas de indicadores, que intentan captar y medir el capital (sic) de conocimiento, como un requisito previo para su gestión (Kaplan y Norton).

En segundo, la organización no garantiza la unidad de gobierno. La Red no define un sistema de dominación perfecto, que no deja opción a sus oponentes, hay multitud de redes, que entran en competencia y colisionan.

En tercero, la propiedad sobre el conocimiento se escapa a la regulación: Los gobiernos, hoy por hoy, son los guardianes de las patentes, que son una forma imperfecta y menor de capital intelectual: China, recién llegada, y Corea, aún con un nivel de PIB per cápita inferior a España, registran mas patentes internacionales que Canadá, España o Italia, y muchos de los avances tecnológicos de Corea, por ejemplo en energías renovables, tienen un recorrido de futuro muy sólido.

Nelson y Winter describen la paradoja de que cuando compras una empresa, compras solares y chatarra, pero que los equipos de personas, que son lo mas valioso, no están en venta porque se abolió la esclavitud hace tiempo y pueden abandonar la empresa por una mejor oferta (Ver caso de López de Arriortua en GM o la caída en bolsa de Apel cuando Steve Job se peleó con su socio, ambos a principios de los 90).

Por último, la velocidad de los avances tecnológicos está creando realidades irreversibles cuyas consecuencias son inciertas. Los procesos sociales relacionados con el conocimiento siguen el principio de “PATH DEPENDENCE” (concepto nuclear de Evolutionry Economics): Las decisiones configuran relaciones y contextos que condicionan las subsiguientes decisiones. Contra mas se avanza en el terreno de una determinada tecnología, o conjunto de tecnologías, incluidas las redes de relaciones entre organizaciones e instituciones necesarias para su desarrollo, más difícil es cambiar hacia otro cuerpo de tecnologías, y mas se fortalecen las redes”. Este concepto Schumpeteriano, es considerado básico por las teorías que intentan explicar la globalización. Se están creando procesos sin gobierno que se retroalimentan. La vida de los nuevos ciudadanos se hace mas compleja, y generaciones enteras, que han visto devaluadas sus habilidades sin tener oportunidad de adaptación, son sacrificadas al avance tecnológico. En esa situación, y mientras los trabajadores de las nuevas potencias industriales emergentes recorren su camino de constitución como clase obrera, el cual ya está en marcha por las noticias que llegan de huelgas y conflictos en esos países, la construcción de un bloque anticapitalista, depende de cómo la izquierda sepa manejar las contradicciones culturales y medioambientales del capitalismo, y la defensa de las conquistas del bienestar en los países más avanzados.

 

Bibliografía citada

Bell, Daniel (1976): El Advenimiento de la Sociedad Post-industrial; Alianza Universidad, Madrid

Blau Peter M (1986): Exchange & Power in Social Life; Transaction Publishers , New Brunswick 1986 (new edition)

Drucker Peter (1998): The Future that has already happened; The Futurist, Washington, Nov 18/19 , 1998

Drucker Peter (1999): Knowledge-worker productivity: The bigest challenge; California Management Review, 41, 79/94, Berkeley, Winter 1999

Grant, Robert M (1991): The Resource Based theory of Competitive Advantage: Implications for Strategy Formulation; California Management Review. Spring 1991

Grant, Robert M (1998): Resource Capabilities and the Knowledge-based View: Assessment and Prospects, Ponencia al VIII Congreso de ACEDE, Las Palmas de Gran Canaria, 1998

Hamel Gary and Prahalad, C K (1998): Compitiendo por el Futuro, Estrategia crucial para crear los mercados de mañana; Ed. Ariel, Barcelona 1998

Kamoche Klein and Mueller Frank (1998): Human Resource Management and the Apropiation Learning Perspective; Human Relations Rev, N York, Aug. 1998

Kaplan Robert S y Norton D.P (1996): Strategic Learning & the balanced scorecard, Strategy & Leadersheap, Chicago, Sep/Oct 1996

Mohram Susan A y Lawler Edward E (2003): Transformar la función de los RR HH, pag 260 ; en Ulrich Dave, Losey Michel R and Lake Gerry (Editores) El Futuro de la Dirección de RR.HH. (con la contribución de 48 líderes más) Gestión 2000 Aedipe, Barcelona 2003.

Nelson Richard R (1997): Why Do Firms Differ and How Does it Matter? (Strategic Management Journal 14 1991) ) in Foss, Nicolai J (Editor): Resources, Firms and Strategies (A reader in the Resource-Based Pespective) Oxford University Press, 1997

Nelson Richard R. And Winter Sidney G (1982): An Evolutionary Theory of Economic Change; The Belknap Press of Harvard University Press, Cambridge, Masschusetts, 1982

Nevdrum Lars and Erikson Truls (2001): Intellectual Capital, A Perspective of Human Capital,; Journal of Intellectual Capital, Bradford, 2001

Nonaka Ikuhiro and Konno Noboru (1998): The Concept of “Ba”: Building a Foundation for Knowledge Creation; California Management Review, Vol 40, 3, Spring 1998

Nonaka Ikuhiro and Takeuchi (1995): The Knowledge Creating Company; Oxford University Press, N. York 1995.

Pfeffer, Jeffrey (2003): ¿Tienen futuro los RR HH?, pag 209 ; en Ulrich Dave, Losey Michel R and Lake Gerry (Editores) El Futuro de la Dirección de RR.HH. (con la contribución de 48 líderes más) Gestión 2000 Aedipe, Barcelona 2003.

Richta, Radovan (1971): La civilización en la encrucijada; Siglo XXI Editores, Mexico 1971

Williamson, Oliver E (1985): The Economic Institutions of Capitalism (Firms Markets Relactional Contracting); The Free Press, New York 1985

Williamson, Oliver E (1999): Strategy Research : Governance and Competence Perspectives; Strategic Management Journal, 20 1087/ 1108, J 1999

Zahra Shaker A (1999): The Changing rules of global competitiveness in the XXI st century; The Academy of Management Executive, Ada Febr Vol 13 pg 36-42 1999

 

[1] Entre las fuerzas primarias que conforman la economía global, el elemento central es el impacto de la tecnología –en particular, la moderna tecnología informática- … Una vez que el genio de la información global sale de la botella.., no hay vuelta atrás. (Kenichi Ohmae, 1995. END OF THE NATION STATE, Harper Collins Publishers)

[2] Castell, Manuel: La Era de la Información,Tomo I Alianza Editorial, Madrid, 2005

[3] Frecuentemente se comete un error metodológico que viene desde Richta en los 70: Confundir la potencia productiva del conocimiento con el conocimiento como capital.

 

 

EL PROCESO DE LA GLOBALIZACIÓN CAPITALISTA (CAPITULO V)

 

Chief, among the primary forces shaping the global economy, in my view, are the irreversible effects of technology -in particular, modern information technology- ..…Once the genie of global information flow gets out of the bottle..there can be no turning back (Kenichi Ohmae)[1]

El Mundo se encuentra confrontado, ya desde fines del siglo pasado, a una creciente serie de desafíos y problemas que las instituciones actuales son ampliamente incapaces de afrontar y resolver. Esta constatación ha ido armándose a lo largo de los últimos treinta años a través de una seguidilla de crisis de todo tipo que fue demostrando cada vez más la incapacidad colectiva para aprehender la realidad del momento y más aún para preparar el futuro. Los ciudadanos comprueban que el bello ideal de la libertad pregonado por los aduladores del poder absoluto de los mercados no es más que una fachada hábilmente instalada para disimular el altar de la avidez… (Arnau Blind y Gustavo Marín; Foro por una Nueva Gobernanza Mundial)

 

Nuestro capítulos I a IV sobre la Globalización, han realizado un somero relato de los procesos principales que sustentan los esfuerzos del capitalismo global por crear un solo mercado de capitales y de fuerza de trabajo. Hemos visto cómo emergía una nueva forma de capital, fruto de la capacidad del conocimiento para crear valor. El surgimiento de nuevas potencias globales (los famosos BRIC, y la creación del G20); y cómo los conglomerados geográficos se integran en unidades o nudos de redes logísticas y de conocimiento, sobrepasando al Estado-nación. En los últimos años, la deuda USA y el agotamiento del ciclo mundial de energía fósil barata, ha llevado al mundo a la peor crisis de su historia, marcada por el agotamiento de la base física del desarrollo que promueve el capitalismo, y de la implosión de su sistema financiero. Esta triple crisis, ecológica, económica y social, ha deteriorado seriamente los sueños nacionalistas de bienestar de la clase obrera industrial europea, japonesa y americana; mientras, subsisten los problemas que llevaron a la burbuja de Wall-Street: la crisis ecológica y climática, y la caída de la tasa global de ganancia del capital, fruto de la financiarización del reparto de la plusvalía. Se acentúan, por tanto, los problemas derivados de la ausencia de un gobierno del capitalismo global.

Hemos analizado la centralidad de la Corporación, como ámbito de creación, acumulación y gestión del capital intelectual. Las corporaciones son organizaciones asentadas sobre conglomerados de fábricas y redes de distribución, éstas últimas de propiedad independiente, pero cuya existencia depende de redes trasversales a varias corporaciones del mismo o diferente origen, las cuales se reservan la propiedad de solo algunas industrias donde se desempeñan actividades que sus dirigentes consideran críticas, no solo para sus estrategias presentes, sino, y sobre todo, para crear nuevas estrategias (Hamel y Prahalad, 1998). Esta nueva forma de organización empresarial ha desplazado del lugar central en la producción al obrero-operador, sustituido por el supervisor (Richta, 1971; Bell, 1976), y a ambos por el experto y el organizador (Drucker, 1998). El capital intelectual ha creado una nueva forma intangible de monopolio, que implica, a su vez, una nueva forma de apropiación del plus-valor, basado en el “Balance entre la empresa y sus empleados”: El poder de apropiación por la empresa sobre el conocimiento creado en ella es directamente proporcional a la dependencia del desempeño de las habilidades de las personas respecto a las rutinas de la organización (Grant, 1991). La “tasa de beneficio industrial” es cada día más baja, entre otras razones por que el capital financiero utiliza medios globales para aumentar su porción. Pero sobre todo por la apropiación de rentas para el capital intangible.

 

La lucha de clases

Los mercados, lo mismo que en la era de Adam Smith, cumplen la función de igualar el precio de los factores de producción. El dinero es el lubricador de los mercados, y la función de éstos últimos es la eficiencia, comparando precios distintos de oferta de un mismo factor y fijando su precio. La regulación no es inmediata, permitiendo, tanto   los beneficios extras del mas barato, como la ilusión de que el mas caro podrá sobrevivir.

Para que los mercados funcionen, los factores tienen que ser homogéneos. Cuando no lo son, Ricardo demostró que la demanda fija el precio en el coste del menos eficiente, que es el último ofertado. En la sociedad post-industrial, los mercados están segmentados, que es una forma de ser a la vez globales y fragmentados. El mercado de trabajo es un caso especial de fragmentación, por las leyes y usos de las naciones y por las diferencias de su valor de uso. Lo que se compra y vende son habilidades, capital humano.

El dinero moviliza el factor trabajo, pero no consigue homogeneizarlo. Al contrario, la tecnología lo hace cada vez mas específico y menos homogéneo. Especialmente cuando se trata de trabajo para crear conocimiento y desde él mismo producir. Cada día es mas difícil poder asignar unidades de medida al capital humano y ponerle precio. Su capacidad de crear valor depende, cada vez más, de bienes públicos, sin precio, como la salud y la educación, de las culturas de cooperación o las experiencias personales.

Las políticas públicas del Estado del Bienestar fueron, por tanto, las impulsoras del desarrollo del factor humano (capital humano, según los economistas) en la configuración del Capital Intelectual de las empresas (según el diccionario de la OCDE). Pero su desarrollo globalizado ha trastocado los términos de la lucha de clases, que hasta hora estuvo enmarcada por los parámetros del programa socialista.

El socialismo nació en Europa, y se desarrolló fundamentalmente aquí como proyecto. También fue una guerra europea la que impulsó el primer Estado que intentó llevarlo a cabo, e incluso se desarrolló en el centro del continente como Imperio. Pero en la globalización, el capitalismo, tras derrotar a su antagonista imperial, supera el marco nacional en el que se desarrollaron las ideas de la lucha de clases. Trastoca la consigna principal de su programa: Nacionalización de los medios de producción, que deja de tener sentido al desdibujarse el ámbito de la acción: El Estado-Nación. El concepto básico de la emancipación del trabajo, Socialización de los medios de producción, ha perdido su ámbito de realización, y necesita ser pensado en formas y ámbitos viables para las nuevas formas del capital basadas en el conocimiento y la globalización.

Si hoy se intentara llevar a cabo la consigna del programa socialista, más allá de lo que ya lo llevaron las socialdemocracias avanzadas: Control público de las empresas que suministran bienes y servicios imprescindibles para el Estado del Bienestar, incluyendo en ellas la energía, agua, transporte público y defensa; nos toparíamos con los límites del Estado nacional, frente a las regulaciones y redes de gestión trasnacionales. Y, sobre todo, con un tipo de capital, intangibles, cuyos proveedores son cosmopolitas, en relación cooperativa con otros proveedores, de otras nacionalidades, ellos también cosmopolitas, con la particularidad de que esos proveedores, y sus relaciones, son capital en sí mismos; si es que se puede hacer un esfuerzo de abstracción y separar el conocimiento cooperativo de sus proveedores y sus interrelaciones.

La lucha de clases desarrolla su batalla crítica sobre un terreno de apropiación cultural muy específico, cuyas claves involucran al conjunto de la cultura contemporánea. Radovan Richta (1971) lo definió, con una gran ingenuidad, como la “Alianza de las fuerzas del trabajo y de la cultura”. Claro que en aquellos años, tras los sesenta y ocho, parecía una buena idea. Un poco “eurocéntrica”, y muy oportunista su interpretación por el eurocomunismo. La crisis del petróleo, en los setenta, y la “reagonomics” de los ochenta, se encargaron de resituar el problema. Pero, con una formulación mucho mas compleja, Gramsci y Richta tenían razón. Las fuerzas productivas, y la complejidad de las instituciones capitalistas, colocan a los trabajadores del conocimiento en un lugar central de la definición del futuro.

En la entrega anterior, vimos cómo el capital rediseña el contrato de trabajo clásico, para obtener el máximo de rendimiento del trabajo experto, sin perder la adhesión de éste tipo de trabajadores a su definición liberal de las relaciones de trabajo. Cualquiera que haya trabajado con las nuevas industrias basadas en el conocimiento, como pueden ser las “energías renovables”, habrá observado a los nuevos “autónomos”, que trabajan por proyectos, en pequeños grupos, y tienden a cruzar fronteras. Sus ingresos suelen ser muy superiores a la media de los trabajadores cualificados industriales, y su ocupación casi continua. Igualmente, su versatilidad, como lo fue la de los expertos mecánicos de los inicios industriales. Pasan del montaje al mantenimiento, y se reinventan en los equipos de rediseño y mejora de los equipos. No son susceptibles de sindicación, Ni la fomentan, como si hicieron los expertos mecánicos de finales del Siglo XIX y principios del XX. Lo mismo se pude decir de los trabajadores del conocimiento que se desempeñan en la Corporaciones. Quieren participar, de alguna manera, en la definición de estrategias parciales, sectoriales o locales de las corporaciones y, sobre todo, del diseño de las estrategias de aprendizaje, que son las que afectan a su empleabilidad. Tampoco a estos trabajadores ofrece el sindicalismo un apoyo para su afiliación. Y sin embargo, no es posible imaginar cómo pueden los trabajadores del resto de los empleos crear una estrategia de futuro sin contar con los trabajadores del conocimiento. Ni tan siquiera para sus estrategias defensivas de Estado del Bienestar. Más cuando constatamos que, en nuestras sociedades europeas, los empleos para trabajadores del conocimiento crecen, aunque cada día peor pagados, y crecen los empleos de servicios, y la construcción en los auges financieros, empleos que no son estables y, muy a menudo, son a tiempo parcial. Mientras, los empleos industriales, tras una disminución dramática, se estancan, a pesar de la recuperación de los mercados.

Para trazar una estrategia, que englobe una amplia alianza de trabajadores asalariados, hay que constatar algunos rasgos del conocimiento, un intangible muy peculiar, que se crea, de forma cooperativa, en la mente de las personas, y se almacena en el conjunto de archivos, símbolos y rutinas que llamamos “la cultura”. Por lo tanto, la primera característica del conocimiento es su carácter público; la segunda es que es apropiable por personas privadas, siempre y cuando dispongan de la organización adecuada; pero también es cierto que su despliegue, en la sociedad actual, es global, porque es la base cultural de la globalización, sobre la que el capitalismo está construyendo su actual modelo de relaciones de producción. Cualquier fantasía de vuelta atrás, como el Brexit, o la campaña del Frente Nacional de Francia, está mostrando que se encontrará con problemas irresolubles, o acelerará los procesos liberales por ir edificando una estructura institucional que, al tiempo que previene contra posibles tentaciones democráticas futuras, desactive los experimentos populistas, demasiado caros económicamente para las corporaciones, aunque sean provechosos, a corto plazo, para los sectores más especulativos. Esa estrategia se está viendo en Europa, con la reconstrucción del centro-derecha y el hundimiento de la 3ª vía social-liberal. Mientras tanto, las contradicciones culturales del capitalismo definen un espacio de luchas sociales, nacionales y globales, que, poco a poco, conforme los trabajadores de la cultura salen de su ensimismamiento, son incorporados a ellas. Aunque, por el momento, la novedad de su posición les coloque en un terreno ambiguo.

Si los trabajadores quieren tener algo que ver con el diseño del futuro, deben explotar las contradicciones culturales del capitalismo en sus luchas nacionales; integrar los diferentes movimientos sociales que son expresión de esas contradicciones entre sus promesas y la realidad cotidiana de la vida de los ciudadanos, única forma de incorporar al bloque de la izquierda a las nuevas capas de trabajadores del post-industrialismo. Desde el punto de vista central de la lucha política socialista. Nada se puede formular, si no se busca las formas de volver al internacionalismo, porque los trabajadores chinos, hindúes, brasileños, sudafricanos, etc.., también son asalariados; y trabajan para las mismas corporaciones, bien en empresas subsidiarias, bien en empresas proveedoras. Por lo tanto, la corporación es una nueva unidad de lucha de clases; ¿están los sindicatos adaptados para desempeñar su tarea en éste ámbito global?. Los trabajadores del conocimiento están muy interesados en influir en el gobierno de las corporaciones; ¿están los sindicatos preparados para reclamar la implicación en el gobierno de las corporaciones?, ¿podrían resistir las presiones en sus consejos de administración; o la corrupción de sus representantes?.

La globalización solo permite a los trabajadores europeos una estrategia para defender sus conquistas: la generalización de esas conquistas al resto del planeta, utilizando múltiples armas contra el dumping social y fiscal, pero respetando el derecho de los trabajadores de esos países a trabajar, a salir de la miseria rural y el hambre. A crear capas de trabajadores del conocimiento en las que se promocionen sus hijos, como hicieron los trabajadores del sur de Europa cuando las industrias clásicas emigraron del norte y centro del continente a España y Portugal. Mientras la izquierda se responde a estas preguntas, buscando una estrategia al socialismo, que trascienda las frases hechas y la nostalgia. Quiero resumir los cuatro trabajos presentados a CONFLUENCIA, con algunos corolarios políticos.

El único ámbito global de lucha, realmente existente, es el que se deriva del FORO MUNDIAL SOCIAL, nacido en Porto Alegre, exponente global de las contradicciones culturales del capitalismo. Que agrupa ecologistas, movimientos indígenas, pequeños agricultores de ambos mundos, y activistas sociales por la igualdad y la solidaridad. A todos los internacionalistas, que defienden estos valores, y a los pueblos, sectores y culturas que se defienden contra la agresión del capitalismo global. Este foro está lamentablemente dañado por la deriva del Partido de los Trabajadores, que no ha sido capaz de gestionar el estado nacional, y mantener una visión socialista de futuro. No le podemos culpar, pues ese es el reto de toda la izquierda, en todo el globo, y de la reflexión sobre sus problemas, puede salir un pensamiento que sea, a la vez, realista y trasformador, es decir socialista. Por ahora, es necesario ser humildes y razonar lo que podemos razonar, a la luz de los elementos de los que disponemos.

 

Reflexiones

Reflexión Primera: La Globalización parece un proceso irreversible. Toda política, hoy en día, debe considerarla el contexto en el que los estados se desempeñan.

Reflexión Segunda: La Globalización está condicionada por su marco de capitalismo anglosajón, en el que hay países y áreas que se benefician de ella, porque les ha permitido romper la barrera del subdesarrollo, o por lo menos así la ven. Una primera tarea es conquistar posiciones que permitan competir, desde un marco democrático, basado en el Bienestar europeo, en la lucha cultural global contra el neoliberalismo.

Reflexión Tercera: Por su origen y marco anglosajón, el ámbito estratégico de decisiones políticas que prevalece es el corto plazo. Solo una fuerza que tenga en perspectiva crear una democracia, primero europea, y desde ella y las instituciones internacionales, global; puede cambiar la perspectiva social hacia la planificación. Únicamente la planificación global democrática permitirá cortar la generalización de los Tratados de comercio, que hoy en día son la forma capitalista de ordenar la globalización.

Reflexión Cuarta: El desorden que crea el sistema financiero amenaza la Unión Europea, pero favorece, a corto plazo, al resto de actores principales: USA, China y la India. El resto de países emergentes, Brasil, Rusia, Monarquías y Emiratos Arabes, han sido sacudidos por las consecuencias financieras de sus propios auges. Otros como Japón, hasta ahora principal beneficiario asiático del dominio USA de posguerra, se encuentran en un terreno de indefinición, y el resto de países asiáticos se benefician del auge del Pacífico, aunque sometidos a ciclos retroalimentados por la especulación. Es urgente reactivar la lucha que actores sociales, como ATTAC, han llevado contra la financiarización y los paraísos fiscales.

Reflexión Quinta: En medio de esa coyuntura el Estado del Bienestar Europeo, que es una institución central de la democracia europea, aparece como una anomalía, que impide que los mercados puedan llevar a cabo su función principal: Comparar el precio de los factores productivos y favorecer a los mas eficientes. Su defensa debe ser el centro de la Unidad de la izquierda, y de su generalización a la Unión Europea.

Sexto: Los mercados, como siempre, son gobernados por Instituciones en pugna, que se desempeñan en función de su poder relativo. El Estado del Bienestar Europeo es una institución con un poder dividido y descoordinado, frente al poder de los mercados financieros. Es necesario un gobierno europeo federal y democrático, con un presupuesto, una tributación, un tesoro y una hacienda federal.

Reflexión Séptima: La Democracia Anglosajona no considera el Estado del Bienestar Europeo como una institución propia, y los países emergentes lo consideran un lujo que, evidentemente, no están dispuestos a financiar pagando un sobrecoste por los servicios europeos. El resultado, hasta ahora, ha sido el Brexit, pero la situación dista mucho de estabilizarse. La definición de contexto “líquido” de Bauman, resume lo que ocurre.

Reflexión Octava: Solo los europeos podrían estar interesados en salvar su modo de convivencia. Los europeos no tienen mas remedio, si quieren mantener sus instituciones, que interesar al resto del mundo en su idea de convivencia social, lo cual solo es posible mediante la exportación democrática del modelo, es decir por convencimiento, mas o menos inducido.

Reflexión novena: Necesitamos un sindicalismo que sea capaz de llegar a acuerdos con los sindicatos de otros países, en primer lugar con los europeos, para coordinar la lucha en las instituciones europeas, tanto políticas como empresariales. La participación de los trabajadores en la administración de las grandes corporaciones y empresas, es un pre-requisito indispensable para la extensión de la democracia al conjunto de la sociedad. Esa participación solo es posible, sin que los trabajadores sean absorbidos por la dinámica competitiva de las empresas, si se hace desde sindicatos independientes y de clase. Para controlar los efectos nocivos de la deslocalización industrial. Esa lucha se verá favorecida porque, ya en este momento, los costes mundiales del transporte están llevando a la ralentización de la deslocalización industrial, por que los países organizados, donde las inversiones son viables, están teniendo luchas sindicales, con aumentos salariales que disuaden a las corporaciones del traslado de fábricas[2].

Décima y última reflexión: ¿Para cuando una Fuerza Europea que cumpla los tres requisitos necesarios: democrática, verde y social[3]? Una fuerza que reúna una alianza de la izquierda europea, independiente del centro izquierda, es una estrategia viable, que ya varios representantes del PE están iniciando. Pero la izquierda aún tiene que descubrir la globalización y su ubicación en ella, para poder formular políticas y crear instituciones, que acerquen a las clases explotadas de los diferentes estados, en una perspectiva de apropiación para lo público de los logros de la civilización moderna. Una perspectiva democrática de gobierno de esa civilización, pero también de tratamiento de sus patologías para garantizar el futuro de la humanidad sobre su propio planeta.

 

 

Bibliografía citada

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Zahra Shaker A (1999): The Changing rules of global competitiveness in the XXI st century; The Academy of Management Executive, Ada Febr Vol 13 pg 36-42 1999

 

[1] Entre las fuerzas primarias que conforman la economía global, el elemento central es el impacto de la tecnología –en particular, la moderna tecnología informática- … Una vez que el genio de la información global sale de la botella.., no hay vuelta atrás. (Kenichi Ohmae, 1995. END OF THE NATION STATE, Harper Collins Publishers)

[2] Ver el País de Negocios, domingo 18 de junio 2017

[3] El autor entiende éste término como sinónimo de lo que representó la socialdemocracia en el cambio de siglo XIX al XX europeo. Pero adaptada a las circunstancias de la generalización segmentada del asalariado.