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Unidos Podemos: de la coalición electoral a la unidad política

El 23J se abre de nuevo una ventana de oportunidad para la izquierda que, ¡por fin!, se presenta en coalición (aunque no unida) ante los electores. Y las últimas encuestas, particularmente la del CIS, parecen indicar que la coalición Unidos Podemos puede convertirse en la primera fuerza en el campo de las fuerzas progresistas y de izquierdas, el centro izquierda. Tal posibilidad ha desatado todas las alarmas, con la complacencia de PP que ve en esa posibilidad el mejor argumento para su estrategia del miedo que siempre ha caracterizado a la derecha desde la época de Suarez. Asustan, luego avanzados. Sin embargo, el panorama que las mismas encuestas dibujan tiene muchas lecturas y encierra no pocos peligros. Puede ocurrir que, al ganar la coalición Unidos Podemos (salvo si lo hace de manera destacada y contundente, como veremos) pierdan los de siempre: los desahuciados, los excluídos, los niños mal alimentados, los asomados al abismo de la pobreza, los que se debaten entre el agradecimiento y la desesperación por haber conseguido un trabajo de mierda que solo garantiza un futuro precario. La parajoda, o burla del destino si se quiere ser más fino y culto, es que la correlación de fuerzas entre Unidos Podemos y PSOE pueda facilitar que éste último apoye (por pasiva)un gobierno PP-Cs. Veamos los posibles escenarios de esa tragicomedia.

Una segunda oportunidad

Al igual que ocurre en una escena cinematográfica mal rodada por sobreactuación de algunos actores, encuadre poco imaginativo, movimientos de cámara erráticos, y serios defectos del guión, el 26J nos vemos abocados a repetir la toma. Acudimos con la esperanza de que ahora todo salga bien. Porque no se trata de una segunda vuelta, o un desempate, sino de una segunda oportunidad. Esta vez, ¡sí se puede! El problema es que todo parece apuntar a que la toma nº 2 de una escena, en lo fundamental, será la misma. Solo que ahora donde había dos actores en la izquierda, aunque uno de ellos remolón a identificarse con su papel, ahora tenemos una coalición. Este es, sin duda, el único aspecto positivo del fracaso en las pseudo-negociaciones para formar gobierno. La tozuda realidad social de nuestro país, que ya venía expresando la ventaja de tal coalición desde las elecciones autonómicas (con un primer aviso en Andalucía) y municipales, ha terminado por debilitar los esquemas ideológicos de inspiración laclaudiana que impedían la unidad de las izquierdas, aunque inicialmente fuera bajo paraguas electoral.En un artículo publicado en Nueva Tribuna el 26 de mayo de 2015, IU y Podemos, sin unidad no hay alternativa, señalaba: ¿Qué se puede hacer entonces para conquistar la hegemonía en la izquierda y con ella la posibilidad de gobernar el país? La respuesta está en las elecciones municipales: cuando Podemos ha propiciado, o se ha integrado, en propuestas unitarias encabezadas por personas de reconocido prestigio y honestidad como Ahora Madrid, Barcelona en Comú, o la Marea de A Coruña, han conseguido convertirse en la primera o segunda fuerza política, con opciones claras de gobernar. Un ejemplo es lo ocurrido en Madrid, donde la candidatura Ahora Madrid ha tenido 519.210 votos, mientras que en la elección para el parlamento autonómico, Podemos solo ha conseguido 286.973 votos, un 55% menos. La política de ir a las elecciones municipales en candidaturas populares, como mal menor, obligados por las circunstancias, y presentarse en solitario en las autonómicas, ha sido un error sin paliativos. Los datos confirman lo que debería haber sido una evidencia a tanto profesor de políticas: solo una amplio bloque popular puede aspirar a encabezar el cambio e implementar políticas verdaderamente de izquierdas… ¿Serán capaces los Errejón y compañía de entenderlo?

Parece ser que sí, aunque algún analista malicioso puede pensar que a la fuerza ahorcan. En cualquier caso, bienvenidas sean la rectificaciones. En política, sobre todo sin se es neófito, la mejor forma de aprender es equivocándose. Sin embargo, no está claro que la corrección táctica tenga un fundamento estratégico. ¿Por qué lo que ayer restaba hoy suma o, incluso, puede multiplicar? ¿Por qué la ayer denostada sopa de siglas ahora es un caldo mágico que permitirá derrotar a las legiones (motivadas y alarmadas) de nuestra derecha y centro derecha? ¿Por qué los gafes y pitufos gruñones de ayer son hoy honrosos cantores de viejas glorias y honrosas banderas? En Podemos, tarde o temprano, tendrán que responder a tan incómodas preguntas. Y decidir si Unidos Podemos es solo un movimiento táctico ante las malas perspectivas electorales en solitario, o el primer paso de una estrategia de unidad de las izquierdas capaz de articular un amplio bloque social para la transformación socioeconómica de nuestro país. Hay que tener previsto lo que podemos leer cuando pasamos página.

Podemos es un epifenómeno alumbrado por la feliz conjunción de un inteligente grupo de intelectuales y la necesidad de expresión política del amplio malestar social.Armado de la teoría popular progresista de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, y obligado a optar por una configuración de partido homologable, aunque sea con métodos participativos avanzados, ha ido adoptando su programa, inicialmente radical, a las exigencias de esa mayoría social ubicada en la templada zona donde pesca la socialdemocracia.Su mérito es haber entendido que la tarea urgente era entusiasmar a los decepcionados y sacar de la abstención crónica a colectivos automarginados de la política. Al grito de guerra (tomado de Obama) Si se puede han logrado la hazaña de sumar más de cinco millones de votantes a sus siglas y confluencias. Una hazaña, sin duda. Esa fuerza bien administrada puede rendir jugosos frutos progresistas de izquierdas con la aportación de cuadros, militantes y votos de UP-IU. Pero en las sociedades complejas, de intereses cruzados y contrapuestos, la transversalidad dura poco: lo que se tarda en dar soluciones concretas a los problemas inversos no lineales que la caracterizan.[1] Es decir, hasta que se empieza a hacer política concreta. De la teoría a la práctica hay un trecho en el que se validan las ideas o se impone su ratificación si se quiere seguir jugando algún papel efectivo en política. Y en esas estamos.

Distintos escenarios, un mismo guión

Veamos ahora los previsibles escenarios tras el 26J a la luz de la experiencia y los datos de las encuestas más recientes. Como he señalado, lo más probable es que el guión se repita, aunque con algunas variaciones: cómo afrontar las negociaciones para la formación de un gobierno desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores, representados ahora por Unidos Podemos. Parto del supuesto de que PP y Cs (con el poyo de PNV) no consigan la mayoría suficiente para gobernar.Y de que Unidos Podemos sea lo suficientemente hábil e inteligente como para neutralizar la tendencia a la abstención del PSOE, reforzada si su resultado electoral es malo y la alternativa es un gobierno presidido por Pablo Iglesias. Circunscribiéndonos, por tanto, a las distintas posibilidades de configurar un gobierno progresista y de izquierdas.

PRIMER ESCENARIO
Se produce el sorpasso
(Unidos Podemos obtiene más votos y escaños que el PSOE)

Es lo que indica la mencionada encuesta del CIS, aunque juega en contra el sistema electoral.Pero si Unidos Podemos consigue aventajar claramente en votos al PSOE, la misma ley D’Hondt jugará a su favor y se pueden invertir las posiciones parlamentarias del 20D. Este es el peor escenario posible para los socialistas en general y para Pedro Sánchez en particular, por lo que echarán el resto a fin de impedirlo. Y no veo otra posible estrategia de campaña que atacar a Unidos Podemos, lo que no es precisamente una buena noticia para el futuro gobierno de cambio progresista. No sirve de mucho lamentarse, como hizo Iglesias en el debaten a cuatro. Hay que extraer lecciones de ello y no volver a incurrir en los errores de principiante de la fallida investidura.

Al menos, en Unidos Podemos son conscientes de la necesidad ineludible de contar con el apoyo del PSOE para dicho gobierno de cambio progresista. Cabe preguntarse, en este supuesto, por las persuasivas y poderosas razones que llevarían a los socialistas a apoyar a Pablo Iglesias como Presidente de gobierno tras la anterior negativa de Podemos (e UP-IU) a facilitar la investidura de Pedro Sánchez. De todas maneras, y dando por supuesto que el PSOE aceptara negociar, ahora sería Iglesias quién tendría que hacer las concesiones, y no pocas ni insustanciales, empezando por olvidarse de la promesa electoral del referéndum en Cataluña (y los que seguirían en otras comunidades) La dura realidad parlamentaria y su aritmética le obligaría a tragarse una alta dosis de realpolitik en materia laboral, económica y constitucional. Es decir, podría darse la paradoja de que se terminara aceptando lo que ayer se rechazaba tan rotunda como indignadamente. Algo difícil de asumir, sobre todo para UP-IU, el socio de la coalición que se juega más en el envite. Como se ve, un escenario diabólico por la combinación de triunfo y derrota que contiene. Y Bruselas al acecho con su multa y los nuevos recortes.

SEGUNDO ESCENARIO
Se produce el sorpasso
(Unidos Podemos obtiene menos escaños que el PSOE)

Aunque las últimas encuestas parecen indicar lo contrario, sigue siendo posible que la aportación de UP-IU y su millón de votantes fieles, ahora más motivados, no sea suficiente para compensar las peculiaridades de nuestro sistema electoral. Algo de esto deben barruntar los dirigentes de Podemos, cuando insisten en que lo que cuenta son los votos, obviando que a la hora de la verdad son los escaños quienes deciden en un sistema parlamentario. Se ponen la venda antes de la herida en una forma alarmante de infantilismo político.

En cualquier caso, si se produce este escenario, la posición negociadora de Unidos Podemos aumenta sustancialmente por la legitimidad del voto otorgado, por lo que es previsible que no vuelva a repetirse el pacto de gobierno PSOE-Cs, un grave error de Pedro Sánchez que le  puede pasar factura. Es decir, la única negociación posible volvería a ser la investidura del candidato socialista, pero sin el firewall de Ciudadanos. Un retorno a las posiciones iniciales que plantearía a Unidos Podemos el dilema que no supieron resolver tras el 20D. Con el riesgo de que, en caso de fallar de nuevo, termine por reeditarse el pacto PSOE-Cs, pero esta vez con mayores concesiones a la derecha para hacerlo asumible al PP.

TERCER ESCENARIO
No se produce el sorpasso
(Unidos Podemos queda en 3ª posición con más escaños)

Sería una derrota de graves consecuencias, que reforzaría las tesis más consecuentemente populista dentro de Podemos, dificultando, retrasando, o impidiendo el proceso de confluencia hacia la unidad de las izquierdas. En cuanto a las negociaciones para la investidura de Sánchez, las posibilidades de influir en un hipotético acuerdo de gobierno resultarían seriamente afectadas, y la repetición mejorada (hacia la derecha) del pacto PSOE-Cs cobraría fuerza. Pedro Sánchez lo intentará de nuevo, esta vez con el viento a su favor por la imposibilidad de ir a unas terceras elecciones. Nada se habría ganado con la repetición de la elecciones, salvo alguna cosa: la dificultad de mantener la coalición Unidos Podemos, no digamos la de avanzar hacia la unidad.

En resumen, y grosso modo, y con las prevenciones de todo pronóstico electoral en la actual situación de crisis sistémica, estos pueden ser los distintos escenarios tras el 26J. Una segunda oportunidad cuyos frutos para las clases trabajadoras están por ver, pero que, en cualquier caso, va a poner a prueba la capacidad política de quienes hasta ahora no han traducido sus gestos y palabras en hechos significativos que supongan una mejora en las condiciones de vida de eso que, para no definirse, llaman gente común.

Lo imprescindible y lo necesario

Antes de acabar me gustaría plantear algunas consideraciones a tener en cuanta antes de planificar la acción política poselectoral, sea cual sea el escenario configurado por los votos. En primer lugar, que en cualesquiera de los previsibles escenarios el PSOE es imprescindible para formar gobierno (salvo una hipotética mayoría de derechas PP-Cs) mientras que Unidos Podemos es necesario para que se dé un gobierno progresista de izquierdas. Es la dialéctica entre lo imprescindible y lo necesario. Desconocerla o manejarla erróneamente supone dar el triunfo al adversario. Rajoy sigue en funciones (pero activo) y el PP tiene bastantes probabilidades de seguir gobernando por la mala gestión de esta dialéctica en el pasado. Pero l0s fallos también pueden convertirse en oportunidades, como saben bien los informáticos.

En segundo lugar, y salvo un vuelco electoral en toda regla, Unidos Podemos volverá a enfrentarse a un difícil trilema:

Renunciar a los aspectos de su programa que impiden el apoyo del PSOE a un gobierno nucleado en torno a Unidos Podemos, presidido por Pablo Iglesias
Apoyar la investidura de Pedro Sánchez (mediante el apoyo o la abstención) según el acuerdo de gobierno que se alcance y la garantía de unos mínimos aceptables en agenda social,      recuperación y desarrollo del Estado de Bienestar, reforma laboral e institucional, y lucha contra la corrupción
Permitir que la coalición PP-Cs (con la abstención del PSOE) se salgan con la suya y la derecha siga gobernando. Toda la estrategia de confrontación moderados vs radicales del PP está orientada a fortaleza el dilema del prisionero que deberá afrontar Unidos Podemos.

La política es el arte de la confrontación, una actividad donde, como en el judo, muchas veces hay que utilizar la fuerza del adversario en tu favor. La cintura política expresa claramente la principal cualidad del dirigente. ¿Volverán a convertirse en obstáculos insalvables el referéndum de autodeterminación, excelente coartada para los que en el PSOE no quieren el acuerdo? Pensar que la presión del resultado electoral, en el caso de resultar favorable a la coalición de izquierdas, va a ser suficiente para eliminar las líneas rojas de la dirección y los barones socialistas, es pecar de ingenuo. Más vale ser realistas y negociar lo posible hoy para poder plantearse en el futuro lo que ahora parece inalcanzable. Pero no olvidando que sin profundidad estratégica los movimientos tácticos resultan erráticos, rígidos, incapaces de conseguir la suficiente plasticidad para adaptarse a los cambiantes desafíos de todo sistema social abierto, y más en un mundo globalizado. Solo el que sabe a donde quiere ir puede permitirse el derroche energético de dar rodeos cuando hace falta. Los que tienen el caminar como único objetivo suelen terminar perdidos en el laberinto de sus decisiones.

Lo fundamental desde la perspectiva de una alternativa de izquierdas es cambiar las relaciones de poder en la sociedad. Sin este cambio, que será más o menos profundo en virtud de los resultados electorales y de la habilidad negociadora posterior, las tareas de la izquierda en el gobierno terminarán adaptándose, en lo esencial, a las exigencias del neoliberalismo imperante en Bruselas, tal como ha ocurrido en Grecia, está ocurriendo en Francia, y corre el peligro de ocurrir en Portugal. Como dice Paul Mason: tenemos que aprender de nuevo a actuar en positivo: a construir alternativas dentro del sistema, a usar el poder gubernamental de un modo radical que lo desnaturalice incluso, y a encauzar todas nuestras acciones por la senda de la transición. De poco servirá que emprendamos una defensa inconstante de elementos sueltos del viejo sistema.[2]
En resumen, desde la profundidad estratégica que da luchar por el socialismo, lo mejor que puede ocurrir tras el 26J es que la coalición Unidos Podemos avance hacia la unidad de las izquierdas para trasformar la sociedad. Y que el gobierno resultante sea lo más progresista y de izquierda posible, fruto de una negociación cuya única línea roja debe ser que no siga gobernando el PP (con ayuda de Cs y otros aliados de la derecha) No habrá tercera oportunidad. Esperemos que la anosmia política de algunos dirigentes de la nueva y vieja izquierda no impida a Unidos Podemos sacar el mayor rédito de la nueva situación.

No quiero terminar sin valorar el hecho de que Podemos haya suscrito, sin conflicto interno destacable, una alianza electoral con UP-IU que hasta hace poco era tabú; que haya reivindicado la figura del histórico líder del PCE Julio Anguita; y que haya incluido en las listas referentes de la izquierda comunista, como Manuel Monereo, o el popular sindicalista Diego Cañamero. No es poco viraje. Que sea con la esperanza y la ilusión de reinventar el lugar antaño llamado izquierda (Monederodixit) o que se explique por la pérdida de peso interno de Íñigo Errejón y los conocimientos demoscópicos de Carolina Bescansa, está por ver. No olvidemos que el número dos de Podemos, y parte de la dirección, sigue reivindicando la corrección de su apuesta preformativa de un pueblo sin colores (o con todos, que viene a ser lo mismo: el blanco) El sorprendente hecho de que la Secretaría Política se esfuerce en vender que los últimos referentes de la izquierda clásica refuerzan precisamente la transversalidad de Podemos  -teoría que da por superada la lucha de clases y renuncia al objetivo estratégico de la trasformación socialista- presagia futuros conflictos. En ese sentido, son particularmente esclarecedoras las palabras de Irene Montero, jefa de gabinete de Iglesias, cuando afirma, con enternecedora candidez, que en las decisiones ha primado la visión táctica de ir a por La Moncloa: No te estás jugando la confirmación de la hipótesis populista, sino la conformación de un Gobierno. Pues eso.

[1] Concepto matemático utilizado en ciencias naturales para hallar soluciones desde los datos del problema, expresados en la fórmula d = G(m) En la sociedad los problemas son inversos no lineales, con ninguna o varias posibles soluciones, como ocurre en las crisis económicas.
[2]Paul Mason: Postcapitalismo. Hacia un nuevo futuro,Paidós Ibérica, 2016.

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