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What about Brexit?

¿En qué piensa usted cuando oye la palabra Brexit?

Hay una generación de españoles, que ahora anda entre los 70 y los 80 años, que ha trabajado como no se trabajó antes, ni como se volverá a trabajar jamás, que cuando llegó a la ciudad, en pleno franquismo, no creía que tener jubilación fuera un derecho, y que cuando se acercó a la edad del retiro hizo cuentas y pensó que no era para tanto. Esos 9 millones de pensionistas, sufrieron un fuerte shock el 25 de junio. De repente, todos los malos recuerdos, de la emigración, de las estrecheces para comprar un piso, de las estafas financieras, en suma…. de la crisis de 2008 y las amenazas sobre sus ahorros: crisis bursátil, preferentes, acciones de Bankia…., amigos directores de banco que te fallan…. Una caída del 20 % en la bolsa, declaraciones alarmistas de los gestores financieros de toda Europa, dimisión del primer ministro británico, llamada a capítulo de la Sra. Merkel a los presidentes de Francia e Italia;…. anuncio de posible recesión en Europa, alarma de Obama…. Y, sobre todo, una ausencia de explicaciones de lo que todo eso significaba. Y, frente a un clamoroso silencio de los que se postulan como defensores de sus derechos, la generación de la emigración y el milagro turístico, de las jornadas agotadoras en la construcción y la hostelería, que pensaban que para no verte en la calle tenías que ahorrar, y cuando les llegó la pensión de la Seguridad Social advirtieron que la jubilación tiene muchos más novios que la manutención de unos ancianos, …,votaron a lo “malo” conocido, y Rajoy volvió a tener opciones de gobernar.

¿Qué pasó el 25 de junio de 2016? … Pasó, que los ciudadanos del Reino Unido, en referéndum democrático, votaron por abandonar la Unión Europea. Antes lo hicieron los noruegos, y otros optaron por mantener su moneda, y nada pasó. Pero los británicos han escogido un momento delicado.

Los británicos, desde el cheque devolución obtenido por Márgaret Thatcher, han sido unos socios recelosos de la Unión. Precisamente esa palabra (unión) ha marcado su acción política en el Parlamento y la Comisión: una oposición permanente y muy beligerante contra todo lo que significara el avance político de Europa. Han vencido en todas las batallas anti-política europea, al tiempo que desplegaban sus redes financieras, consiguiendo que, gracias a la Unión Europea, su City de Londres desplazara a las plazas clave de Nueva York y Singapur, como centro de las finanzas globales. El precio pagado ha sido una libra permanentemente sobrevalorada, que ha contribuido al deterioro progresivo de su sistema de bienestar social. Los europeos hemos pagado el precio de mantener una puerta, permanentemente abierta, a los paraísos fiscales. Londres, como plaza reina del sistema financiero mundial, es la puerta de salida del dinero sucio, y la ventanilla de entrada del dinero blanqueado.

¿Por qué deberíamos los europeos lamentar la pérdida de un socio tan molesto y desleal? Una pregunta difícil de contestar, si uno no pone delante de todo los “derechos humanos”. Si valoramos primero lo más importante, tenemos que lamentar el triunfo en el Brexit del nacionalismo rancio y xenófobo de los británicos. En la campaña del Brexit se ha hablado, en primer lugar de la emigración… El resto de temas en cuestión, no ha recibido prácticamente la atención de los ciudadanos, excepto el derecho nacionalista a no someterse a la vigilancia, papel de tribunales de derechos humanos y las legislaciones europeas en materias como libertades, derechos de los refugiados, medio ambiente… Ha triunfado esa especial cultura británica que llevó a las Trade Unions a sustentar los esfuerzos coloniales de sus gobiernos imperialistas, porque ellos eran británicos ante todo. Aunque sólo fuera por eso, tendríamos que lamentar el Brexit.

Pero aún falta el tema principal: La City. Esa Institución central al capitalismo global. Sumidero de la evasión de capitales, blanqueo de fortunas dudosas, refugio de todo tipo de dictadores y sátrapas como los jeques del petróleo, la familia saudí o los jerarcas rusos; retiro dorado de los dictadores de los restos de la Comanwelt. La City secreta, y no tanto, que está cimentada sobre pequeñas plazas off-shore, dominadas por los señores de la guerra y el comercio de armas; dictadores suramericanos o Caribeños,…, todos ellos encontraban en el centro de Londres junto al Banco de Inglaterra y San Pablo, como Billy el Niño en la frontera, refugio a sus capitales, familias y persona… Y eso, va a seguir igual. Después de unos pocos días, en que el dinero, cobarde por naturaleza, provocó un pequeño cataclismo, los mensajes tranquilizadores de los líderes del mundo occidental, incluidos algunos no tan occidentales como Australia o Japón, y China, permiten presumir que los acuerdos post-brexit respetarán el papel central de Londres en el sistema financiero mundial. Ni Milán, ¡que ya tiene bastante con la mafia! Ni París, cuyo “grandeur” no convence ni a los franceses, pueden reemplazar la red mundial tejida por la City, con sus tentáculos, tanto en las Bahamas como en Hong Kong, pasando por las islas del Canal y Gibraltar. Merkel recibe a la primera ministra conservadora británica, y todos saben ya que la fiesta financiera, el casino global, seguirá,…, por lo menos hasta que reviente.

Y, sin embargo, el FMI vaticina medio punto del PIB europeo en pérdidas producidas por el Brexit. ¿A qué se debe el oráculo? Bueno, es dudoso que los británicos solos, por sí mismos, puedan mantener la sobrevaloración de la Libra. Carestía que había convertido a los británicos en los compradores de Europa, especialmente en la Europa del sur. Si la economía británica, mejor dicho la industria financiera británica, no puede sostener una libra cara, es dudoso que todo el mundo esté dispuesto a confiar en un plusvalor del billete blanco por obra y gracia del Banco de Inglaterra. Los jubilados de clase media británicos no podrán seguir gastando como ricos en España y Portugal, ni los profesionales de ese país seguirán soportando los mercados inmobiliarios de ambos estados, como venían haciendo. Ese es un riesgo cierto.¡ Y el BCE no va a sostener a la Libra! Nadie lo entendería, y la democracia, afortunadamente, impone límites a los aprovechados. ¿O sí?, nuestra capacidad de asombro aún no está saturada, y la influencia de los Lobbies financieros en el Parlamento Europeo debe prepararnos para lo peor.

Ahora bien, el británico país de Gales no era un territorio aislacionista y nacionalista británico. Los galeses habían acogido la Unión Europea en los ochenta como un freno frente a la agresión thatcherista, que desmanteló sus minas y sus empleos en la industria siderúrgica. Su voto a favor del Brexit expresa el fin de la esperanza en una Europa social y democrática, siempre aplazada. Ellos han dado el triunfo a la versión principal del Brexit. La auto-complacencia del nacionalismo inglés y su creencia en la superioridad del “rule Britania” imperial.

Porque no nos engañemos, aunque el Brexit remueve un importante estorbo al avance político de Europa, ese avance político se frenó hace años; cuando los dirigentes de España, Francia y Alemania acordaron posponer a, no se sabe cuando, la agenda social. Esa decisión, preámbulo del tratado de Maastrich, está en la base del voto galés. Y la soledad sonora de los jubilados españoles entre el 25 y el 26 de junio, lo ratifica. Europa, como España, sufren de una falta absoluta de liderazgo y perspectivas políticas. La reacción de Merkel, llamando a un cónclave del que nada salió, es el contrapunto de los dirigentes de los partidos políticos españoles, mudos el sábado 25 de junio, no por prudencia, sino porque no sabían qué decir. Huérfanos de dirigentes, los ciudadanos europeos tienen que ponerse las pilas, y los españoles más aún. El Brexit que parecía abrir una puerta, puede ser la tumba de las esperanzas democráticas europeas, si no se sabe abrir del todo esa puerta que aunque no conduzca directamente a la solución de los problemas, sí permita la creación de instituciones democráticas que puedan afrontarlos. Si no es así, la marea del nacionalismo xenófobo, ya activo en muchos países europeos, y claramente amenazador en Francia, puede enterrar el sueño que nació en Europa en 1848, de una sociedad democrática y pacífica, donde los ciudadanos sean, ciertamente, tratados como iguales.

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