Sindicalismo

De la socialización del trabajo a la socialización de la propiedad

La Revolución Digital, cómo afecta al mundo del trabajo

La evolución de los sistemas productivos y su entramado de relaciones laborales se puede describir, y explicar, desde distintos enfoques metodológicos dada la gran complejidad de las sociedades humanas. Pero desde la perspectiva sindical, la mejor forma de hacerlo es teniendo en cuenta el impacto científico-técnico en el mundo del trabajo. Resulta evidente que la relación trabajo-empresa está íntimamente condicionada por las formas de producción, y estas por la tecnología disponible. Los avances científico-técnicos ejercen la principal presión evolutiva de la sociedad, cuya historia está recorrida por hitos como el fuego, el arco y la flecha, la rueda, la escritura, la alfarería, la fundición de metales, las matemáticas, la geometría, la astronomía, la imprenta, la máquina a vapor y el motor de explosión, la electricidad, la energía atómica, y la computación digital. Ellos impulsaron y posibilitaron el desarrollo de las sociedades agrarias, el comercio, la aparición de ciudades y naciones, la estratificación y jerarquización social, las organizaciones formales y asociaciones, la regulación jurídica, la especialización burocrática y la formación de estructuras de poder estatal. Avances que han configurado las relaciones productivas en las tres grandes revoluciones de la historia de la humanidad: Agraria, Industrial, y Digital, en la que estamos inmersos, una de las etapas de transición más profundas y vertiginosas en la evolución de la sociedad, donde lo viejo y lo nuevo se agitan en una dialéctica de supervivencia bajo la exigencia perentoria de la innovación tecnológica, que genera una especie de progeria (vejez acelerada) de las relaciones productivas.

Al tratarse de una fase incipiente de la Revolución Digital (RD) resulta aventurado pronosticar sus efectos sobre el sistema productivo, y sus consecuencias socioeconómicas, más allá de las que ya estamos padeciendo: precariedad, desigualdad creciente, inestabilidad laboral, exclusión social, cronicidad de la pobreza, etc. que a duras penas consigue paliar el cuestionado Estado del Bienestar, un mecanismo de cohesión social imprescindible, y no sólo socialmente más justo sino económicamente más eficaz.[1] Nos hallamos en el umbral de avances espectaculares en campos como genética, nanotecnología y robótica. Por eso, resulta lógico que ante este shock del futuro[2] se genere un primer reflejo de rechazo y resistencia, como ya ocurrió con el ludismo durante la I Revolución Industrial. O se niegue que la automatización y robotización autónoma inteligente vaya a tener efectos significativos.

Esta etapa de transición evolutiva del sistema productivo explica, en gran medida, la inoperancia del neoliberalismo, el desconcierto paralizante de la socialdemocracia, la marginalidad de la izquierda radical, y el reflejo de autoprotección del populismo en sus diversas modalidades. Y muestra el desfase entre las exigencias de la RD y las ineficaces respuestas organizativas de los sujetos y agentes sociales (económicos, políticos, culturales), que siguen ancladas en mentalidades y propuestas propias de la sociedad industrial. Algo particularmente dramático en el caso del sindicalismo, obligado a pensar el futuro si quiere continuar siendo un instrumento útil para la defensa de los intereses de los trabajadores. Cuando se instaura un proceso de cambio en el sistema productivo, las preguntas son: ¿cambio con respecto a qué? ¿cambio hacia dónde? No es fácil responderlas, porque el carácter disruptivo de la RD es tan impactante y acelerado que resulta difícil ponderar sus efectos a medio y largo plazo en las relaciones de producción y la vida social. Sin embargo, ya es posible extrapolar algunos de ellos. Veamos:

– Es previsible que la automatización y robotización inteligente terminen colonizando la mayoría de las áreas de la producción y distribución material (incluyendo la fabricación de lo propios robots)[3]. Gran parte del trabajo humano se liberará de su carácter físico y de su dimensión espacio-temporal, para volverse fundamentalmente intelectual.[4] El espacio de trabajo estará pensado en función de la creatividad: flexible, móvil, diverso, cambiante y conectado (teletrabajo). El vertiginoso avance de la computación cognitiva, la IA basada en el aprendizaje profundo (deep learning), el aprendizaje automático (machine learning), y el software de metainteligencia,[5] permiten suponer que toda actividad productiva que pueda automatizarse y robotizarse lo terminará siendo. Y no está claro que en la sociedad digital estas pérdidas de empleo vayan a ser compensadas por nuevos trabajos. Porque no se trata solo de una cuestión de productividad, como ha ocurrido con las innovaciones tecnológicas y la automatización de los procesos de producción, con su contrapartida de nuevas áreas productivas, reducciones de la jornada laboral, lucha por incrementos salariales, etc., sino de un nuevo paradigma que supera el concepto de maquinización de los trabajadores, sustituidos por la llamada IA fuerte.[6] En todo caso, el derecho al trabajo supondrá, en la práctica, la posibilidad de acceso universal a la adecuada educación en todos los niveles.

– Las redes sociales se han convertido en el gran mecanismo de socialización, tanto interpersonal como de movilización y participación ciudadana, incluyendo la propaganda política. Whatsapp, Signal, Messenger, Telegram, Snapchat, Skype, Wire, Tumblr, Twitter, YouTube, Instagram, Facebook, Google+, Linkedin, y Pinterest,[7] son canales de información y contacto a los que se integrará el llamado internet de las cosas (Internet of Things), lo que sitúa a los medios de comunicación en dependencia financiera respecto a las compañías tecnológicas. Los data generados forman parte cada vez más importante de toda la actividad productiva.[8] Las empresas que no sean capaces de responder adecuadamente a este nuevo ecosistema digital se extinguirán más o menos rápidamente. A su vez, al estar la redes dominadas por los GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon), cada vez más poderosos y sofisticados, en lugar de significar una redistribución del poder social, convierten el nuevo empoderamiento de los ciudadanos en la forma asumida de dominación tecnológico-digital.[9] Las grandes empresas tecnológicas, al ser necesarias como puerta de acceso a la biblioteca de conocimientos, imponen su quid pro quo: gratuidad a cambio de información. El objetivo de la nueva economía digital es imponer el individualismo conectado consumista.

– Lo mismo que la Revolución Industrial necesitó para desarrollarse romper el troquelado de las relaciones productivas feudales y liberar mano de obra suficiente de la agricultura,[10] movilidad corporal que suponía la socialización del trabajo en la fábrica, la RD necesita romper el troquelado de las relaciones productivas industriales para expandirse. Es lo que busca la desregulación laboral, o la anulación práctica de los convenios colectivos, conquistas de los trabajadores logradas bajo las condiciones de producción industrial. Y responde, fundamentalmente, a la intensa presión competitiva propia del ecosistema digital, donde los planes de negocio suelen cambiar cada 18 o 24 meses.

– Por otra parte, el sistema productivo capitalista se basa en la separación trabajo-propiedad. El racionalista pienso, luego existo se expresa en la Revolución Industrial como no pienses si quieres trabajar, mientras que en la RD se transforma en piensa si quieres trabajar. Es la capacidad intelectual la que define cada vez más el trabajo humano, lo que exige un alto nivel de conocimiento creativo. Por ejemplo, algunos cálculos estiman en unos 800 millones de trabajos perdidos en 2030 debido a la automatización, pero ya hacen falta más de un millón de nuevos profesionales en ciberseguridad, un campo de vital importancia para el funcionamiento de la sociedad digital.[11] El núcleo de la RD, la IA, supone la externalización del trabajo intelectual: las máquinas no solo hacen por ti, también piensan por ti.

– La separación trabajo-propiedad, supone no solo una fuente de injusticia sino una traba al propio desarrollo productivo digital. El incremento de formas de relación trabajo-propiedad, como los (verdaderos) autónomos, las startup cooperativas, las formas de economía (realmente) colaborativa, etc., muestran que la presión evolutiva sobre las relaciones productivas choca con el corsé capitalista de la propiedad empresarial, ponen en cuestión los poderes de apropiación, que son el anillo en que se envuelve la propiedad, y expresan la necesidad de nuevas relaciones basadas en la socialización de dicha propiedad. La desaparición del trabajo humano en amplias zonas de la economía por la automatización y robotización inteligente afecta a la ecuación trabajador-capitalista. Si desaparece el primero, el segundo deja de tener razón de ser, y su mantenimiento se convierte en un privilegio innecesario e injustificable.[12]

– Desde el punto de vista sindical, la implementación y desarrollo de la RD no puede depender exclusiva, ni principalmente, de las decisiones empresariales, ya que presupone un cambio radical en las relaciones de producción que afecta al ideologema burgués de propiedad.[13] Tanto más cuanto que la RD supone una fuerte asimetría en la detentación del poder de negociación, y tiende a imponer formas de medievalización de relaciones laborales. De ahí que a la hora de afrontar su impacto sobre el trabajo no pueda abordarse exclusivamente actuando sobre la relación salario/beneficio. La reorganización productiva bajo la presión de la RD, y la dominación financiera de la economía, afecta al núcleo del sistema, la propiedad empresarial, por lo que solo puede resolverse eficazmente alterando las relaciones de propiedad en el sistema productivo.[14] Esto supone un cambio estratégico en la acción programática de los partidos de izquierda y los sindicatos de clase.

– La nueva coyuntura histórica trasciende (sin anular) la histórica confrontación de los asalariados con el capital en la producción industrial. De ahí que el sindicalismo necesite establecer como eje estratégico de su lucha la cuestión de la propiedad en los aparatos productivos, priorizando la dimensión de productor sobre la de simple asalariado,[15] parte esencial de la lucha por la democratización de la empresa y de la economía. Se trata de completar la corresponsabilidad con la copropiedad. Como la experiencia demuestra, no basta con que los representantes de los trabajadores se sienten en los consejos de administración.

En resumen, los efectos de la RD sobre las relaciones productivas exige actuar sobre la ecuación trabajo/propiedad. Y hacerlo mediante propuestas basadas en el principio de efectividad que tengan en cuenta los patrones de cambio y continuidad. Porque de poco sirve que el proceso alumbre cambios en las relaciones laborales si no van acompañados de transformaciones del sistema productivo. Entre ellas la autoorganización de los productores mediante la autogestión (de lo público) y la cogestión (de lo privado), vinculada ésta a los derechos de propiedad. Son los pilares, junto con la ampliación del Estado Social y Democrático de Derecho,[16] el pleno desarrollo del Estado del Bienestar, y la Planificación científico-democrática de la economía,[17] sobre los que construir la nueva sociedad socialista.

Pero ese es otro cantar.

 

[1] Estudios de los organismos multilaterales, como el FMI y la OCDE, demuestran que aumenta los ingresos de los hogares, impulsa la productividad y el desarrollo humano, incrementa la demanda interna, facilita la transformación estructural de la economía y promueve el trabajo digno y seguro.

[2] Término creado por Toffler en 1965, cuando la IA era una elucubración futurista y la nube una entelequia.

[3] AutoML (Machine Learning for Automated Algorithm Design), máquina que crea máquinas inteligentes.

[4] Algunos utilizan el término cognitariado, trabajador intelectual que debe asumir nuevos riesgos laborales, como la obsolescencia cognitiva profesional y la precariedad que ello comporta. Un argumento más a favor de la RMA (Renta Mínima Asegurada), necesaria para que el sistema funcione sin colapsar socialmente.

[5] Tiene como objetivo generar razonamientos para explicar a los humanos las decisiones de las máquinas.

[6] Sobre la perdida de empleos, y surgimiento de otros nuevos, existe una amplia controversia, muy bien reflejada por Michel Husson en El gran bluff de la robotización (http://vientosur.info/spip.php?article11618). Ver también: Juan Torres, ¿Acabarán los robots con el empleo? (http://confluencia.network/economia/873/). En cualquier caso, los futuros (y no tan lejanos) robots dotados de IA fuerte no pueden ser propiedad privada, como no lo son los misiles intercontinentales o la bomba atómica.

[7] Solo Facebook, engloba casi 2.000 millones de personas; entre toda conectan a casi 4.000 millones, y siguen absorbiendo cualquier red nueva que tenga relevancia bajo el criterio de que el ganador se lo lleva todo.

[8] La empresa Dell calcula que en 2020 se almacenarán en la nube unos 44 zettabytes (44 trillones de gigas). El fog computing (computación en niebla) permite analizar y procesar datos sin necesidad de subirlos a la nube, reduciendo así su latencia.

[9] La grandes corporaciones tecnológicas operan sobre más de la mitad de la población mundial, a la que sugieren las noticias que leer, los productos que adquirir, los países que visitar, cómo ocupar nuestro tiempo de ocio, a qué amigos a quienes invitar a nuestro círculo, etc. Sus recomendaciones son profecías autocumplidas.

[10] Las revoluciones europeas abolieron por completo el vasallaje hacia 1849. En EE UU, la agricultura utilizó en el sur mano de obra esclava y la emigrante en la industria en el norte. La Guerra Civil (1861-1865) resolvió jurídicamente el conflicto, pero no los efectos culturales, que aún perduran.

[11] Un campo especialmente sensible es el de las transacciones y pagos, con la existencia de monedas virtuales como el bitcoin, fruto del software seguro conocido como blockchain.

[12] Desarrollo de esta idea y sus implicaciones socioeconómicas en mi próximo libro El Robot Socialista.

[13] Uso el término ideologema en el sentido de la unidad más pequeña y significativa de una ideología.

[14] El capitalismo impulsa la racionalización científico-técnica de la producción y el desarrollo virtualmente ilimitado de las fuerzas productivas; sin embargo, es a su vez el obstáculo principal para ello.

[15] Algo parecido adelantaba Gramsci señalando el carácter del obrero como productor, esto es: como parte inescindible de todo el sistema de trabajo que se resume en el objeto fabricado, señalando la unidad del proceso industrial, que requiere la colaboración del peón, del obrero cualificado, del empleado de administración, del ingeniero. A. Gramsci, A. Bordig. Debate sobre los consejos de fábrica. Barcelona, Anagrama, 1975.

[16] La representativa, ejercida mediante los partidos políticos y asociaciones electorales; la deliberativa y participativa, por los movimientos sociales; y ambas, con formas de democracia directa. Ver: Carlos Tuya. Democracia Ampliada. Amazon 2015. www.amazon.es/Democracia-Ampliada-Carlos-Tuya/dp/1507teletrabajo649665

[17] Una buena aproximación al estudio de la planificación en la sociedad digital es el trabajo de Maxi Nieto y Lluís Catalá, Reabriendo el debate sobre la planificación socialista de la economía.

(http://revistaeconomiacritica.org/sites/default/files/revistas/n21/Nieto-Catala_Planificacion-socialista.pdf)

Ver también: Paul Cockshott y Maxi Nieto. Cibercomunismo. Planificación económica, computadoras y democracia. Trotta, 2017.

Publicado originariamente en el seminario Sindicalismo en el siglo XXI de la revista digital Perspectiva

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