Unidad de la Izquierda

La unidad de las izquierdas como estrategia (I)

Transversalidad, populismo y clasificación Izquierda/Derecha

 

 

El término transversalidad se utiliza para designar a todo aquello que atraviesa o corta algo a través de alguna de sus secciones. Es aplicado en diferentes ciencias como geometría, medicina, anatomía y también en campos como el social y el político, siendo a estos dos últimos a los que nos referiremos, pero advirtiendo de antemano que en ellos la transversalidad se ha convertido en una de esas palabras cuyo significado cambia de forma apreciable dependiendo de quién la maneje.

Dentro del populismo español, el término transversalidad está referido fundamentalmente al campo social para poner de manifiesto no sólo la diversidad del mismo, sino además, concordando con Laclau y Mouffe1 para añadirle la característica determinante de que en la actualidad en dicho campo “la clase obrera pierde su posición privilegiada en la lucha contra el capitalismo y su lugar es ocupado por alguno de los nuevos movimientos sociales…grupos que en la mayoría de los casos son interclasistas”.2 De manera que nosotros nos referiremos a esta utilización de la transversalidad, dado que el contenido de la misma es esencial en la formación del primer pilar en el que se asienta toda estrategia política (toma de posición respecto a cómo está constituido el campo social), a partir del cual se establecerá el segundo pilar, que en el caso del populismo español se concreta en la teorización de la necesidad de un nuevo sujeto político capaz de impulsar el cambio social, utilizando para ello una dicotomía del estilo pueblo/casta o ciudadanía/casta,3 lo que implica la negación previa de la utilidad de la división de dicho campo en izquierda/derecha.

Como no se trata de realizar ningún debate escolástico, el procedimiento que creemos será suficiente para obtener conclusiones constará de los siguientes pasos: 1. Afirmaciones que evidencian dos aspectos esenciales en la teoría populista (negación de las clases sociales y concepto de pueblo como nuevo sujeto del cambio) 2. Definición de cinco conceptos a tener en cuenta como referencia. 3. Confrontación de las afirmaciones de los apartados 1 y 2.

 

  1. Afirmaciones que evidencian dos aspectos esenciales en la teoría populista (negación de las clases sociales y concepto de pueblo como nuevo sujeto del cambio)

Comenzaremos por la definición que Eduardo Maura (Podemos), hace de transversalidad referida al campo social y su valoración de las clases sociales:

  1. a)Transversalidad es interpretar que no puede haber cambio real sin reconocer la diversidad de experiencias sociales…”.4

a1) <<Durante mucho tiempo, la izquierda tradicional ha pensado que uno era de izquierdas o de derechas en función de sus “intereses sociales objetivos” como individuo o como parte de una “clase” o “grupo social”…A veces la manera que nos vemos a nosotros mismos es más real que cualquier “realidad objetiva”>>.5

Continuaremos con un análisis que intenta demostrar la necesidad de una nueva dicotomía que sustituya a la de izquierda/derecha y el manejo de datos que se supone la sustentan. Para ello, utilizaremos las siguientes citas del sociólogo Antonio Antón:

  1. b) “Existe un fuerte debate sobre las características y la vigencia de la polarización entre izquierda y derecha, o bien su sustitución por otras dicotomías como la que enfrenta democracia/oligarquía, ciudadanía/casta…que expliquen mejor el conflicto social”.6

Para ello, comienza utilizando como base argumentativa un estudio del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) en el que se plasma:

         b1) “…la auto-ubicación ideológica de la población sobre el eje izquierda-derecha…”.7

Pero tal estudio se convierte en un señuelo que sólo sirve como mención descontextualizada de la conclusión ya predeterminada: la expulsión de la socialdemocracia del campo de la izquierda:

        b2) “Veamos, primero, los efectos confusos derivados de la inclusión de la socialdemocracia en la izquierda política…Por tanto, la contraposición simbólica izquierda/derecha es confusa”. 8

 

Para acabar afirmando:

        b3) “…el proyecto de cambio se apoya, sobre todo en esa gente de izquierda pero desborda la auto-identificación con  la izquierda, su base se asienta sobre la ciudadanía descontenta con el poder…”9

Volvamos al populismo. El análisis posmarxista de Laclau y Mouffe comenzó exponiendo su interpretación opuesta a la primacía del concepto de clase social, afirmando primero:

  1. c) “La clase obrera pierde su posición privilegiada en la lucha contra el capitalismo y su lugar es ocupado por algunos de los nuevos movimientos sociales…” 10

        c1) “El supuesto de la clase trabajadora como sujeto universal impide dar cuenta de las complejas negociaciones de las         diferencias que son cruciales para el pluralismo de la democracia radical”.11

De donde surge la clasificación propuesta para sustituir a la de izquierda/derecha, la cual proviene de la propia teoría populista de Laclau, recogida bajo la forma: pueblo/poder o su variante española pueblo/casta. Es en este contexto en el que hay que entender la afirmación de Íñigo Errejón:

  1. d) “Algunos quieren ampliar la izquierda y otros queremos construir pueblo”.12

Finalmente, desplegamos la “cadena” que según el propio Laclau define el término pueblo:

        d1) “El pueblo es el resultado de la sobredeterminación hegemónica de una demanda democrática particular que funciona como significante vacío…el significante vacío es reducido a un nombre….para que el nombre desempeñe su rol, debe estar investido de afecto”.13

 

  1. Cinco conceptos a tener en cuenta como referencia
  2. e) En cada ciencia, se entienden como términos fundamentales aquellos que son capaces de realizar operaciones entre sí, formar otros más complejos y establecer relaciones con ellos. Por ejemplo, en el caso de la Química, los términos fundamentales son los elementos que aparecen en la Tabla Periódica de los Elementos. Por lo tanto, en las ciencias sociales resulta ser una cuestión ideológica de primordial importancia, determinar si se está de acuerdo con el atomismo y el individualismo metodológico (en el que se inscriben entre otros el liberalismo y el neo liberalismo)14 en cuanto a considerar a los individuos como los elementos fundamentales de todo sistema social dado,15 (véase a1), o si se entiende, como hace el holismo político (en el que no sólo se incluyen las izquierdas) que tal posición la ocupan grupos de individuos.
  3. f) Campo político, es aquel en el que sus elementos fundamentales pueden realizar operaciones entre sí, dando lugar a otros términos que mantengan con los primeros relaciones de naturaleza política. Las relaciones políticas son relaciones de poder, entendido éste como buen gobierno de una sociedad en la que sus partes sociales tienen diferente horizonte estratégico (atractor). Este es el carácter específico dominante de la totalidad que forma el campo político. En este campo se pueden establecer relaciones políticas bien desde la totalidad (Estado, por ejemplo, las relaciones internacionales de un país) o desde sus elementos o parámetros institucionales (por ejemplo, un parlamento o un partido político).
  4. g) Sin embargo, el campo social (también denominado Sociedad civil, lugar en el que se desenvuelven los grupos sociales, movimientos sociales y clases sociales) no posee unidad global, estando compuesto por un conjunto heterogéneo de estructuras desligadas entre sí. Por ello, el campo social no presenta un carácter específico dominante de totalidad (no pudiendo establecer relaciones como tal), siendo a veces entendido como un concepto negativo (campo no político). Sin embargo, tal como ya observó Alain Touraine,16 todo movimiento social sí posee principio de totalidad, lo que le capacita para establecer relaciones sociales a través de las cuales poder alcanzar sus objetivos específicos.
  5. h) Al principio, el padre de la sociología, Auguste Comte (1798-1857) dividió el sistema social en dos partes separadas: estática social y dinámica social, algo que después aplicó Herbert Spencer (1820-1903) al establecer la analogía entre una sociedad y un organismo biológico (modelo orgánico-sistémico): la estática social era la anatomía (partes o estructuras), mientras que la dinámica social eran las funciones corporales (sistemas circulatorio, respiratorio, etc.). Esta primera perspectiva ya permitió observar que los sistemas no están aislados, sino que entre ellos se establecen conexiones basadas en relaciones específicas (por ejemplo, el sistema circulatorio toma parte del oxígenodel aire que en el sistema respiratorio ha penetrado hasta los alvéolos pulmonares; al mismo tiempo, cede al aire el anhídridocarbónico del que la sangre está cargada); de la misma manera, entre el campo social y el campo político se pueden establecer conexiones, asentadas a través de operaciones constructivas que realizan los grupos en ambos campos, pero no pudiéndose hacer a través de la psicología de los individuos, ya que estos serían los mismos en ambos campos lo que obligaría a su desdoblamiento esquizofrénico (la psicología tampoco sería operativa a través de los conjuntos de individuos, puesto que éstos carecen de ella). Además, recientemente se ha puesto en evidencia la limitación del modelo orgánico-sistémico de sociedad “lo que significa que la sociedad debe ser concebida no sólo como un estado constante sino como un proceso…algunos procesos dan lugar a la emergencia de condiciones sociales, estados de sociedad, estructuras sociales, etc. completamente nuevos.”17 Es decir, actualmente todo sistema social debe ser considerado como un sistema no lineal, dinámico, complejo y abierto, caracterizado por la retroalimentación en la dinámica social y con la presencia de propiedades emergentes. Además, en nuestro caso, entendemos que el mecanismo del cambio social se encuentra en la contradicción que existe entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción, lo que exige la presencia de clases sociales y la posibilidad de la emergencia de la clase trabajadora.
  6. i) Una cuestión fundamental a tener en cuenta es que toda distribución estadística de una población de individuos sirve para establecer la presencia en dicho conjunto de determinadas variables (morfológicas, como la estatura; sociológicas, como el consumo de un producto o de inclinación mayoritaria hacia una opción política; o incluso psicológicas), las cuales podrán ser utilizadas tanto en el campo social como en el político, pero no incorporará a dicho conjunto el principio de totalidad, imprescindible para poder realizar operaciones y establecer relaciones.
  7. Confrontación de las afirmaciones de los apartados 1 y 2

Entender la transversalidad como heterogeneidad y diversidad en el campo social, no es una concepción exclusiva del populismo, a), sino que forma parte de la definición de campo social, g).

Veamos ahora un ejemplo de lo que creemos es un manejo inadecuado de datos en la argumentación de la necesidad de un eje diferente al de izquierda/derecha, b). Respecto a la afirmación b1), mientras se mantiene en el contexto afirmado en i) no presenta ningún problema y en este sentido el debate debería quedar zanjado una vez que el autor expone los datos del CIS de 2014, donde el 82,4% de los encuestados elige su posición en el eje izquierda/derecha y sólo el 17,6% no sabe y no contesta. Pero parece que no es el caso, ya que en b2) se introduce artificialmente un “efecto confuso” (la inclusión o no de la socialdemocracia en la izquierda política) en beneficio de la conclusión deseada y en b3) se usa la suma de algunos individuos de izquierda y de otros ubicados fuera del campo de la izquierda, para formar con ellos un conjunto situado en un campo político diferente, ahora bajo la categoría de ciudadanos descontentos con el poder establecido, base de la nueva dicotomía ciudadanía/casta. ¿Se aclara así el “esquema confuso” inicial?. Tal parece que no.

Continuaremos con la negación de las clases sociales en a1). Esta posición ya fue iniciada por sociólogos como Daniel Bell18 y Alain Touraine19 partidarios de la teoría de la sociedad posindustrial que al calor del desarrollo del Estado del Bienestar en Europa tras la II Guerra Mundial (ante el temor al avance del comunismo), pronosticaron la tendencia a la disolución de la estructura de clases del siglo XIX, la disminución de la desigualdad social y la suavización de los mecanismos de mercado gracias a la intervención económica del Estado (¿?). Tal como se recoge en (c), la posición de Laclau y Mouffe va aún más allá. Hay que decir que para defender la estructura de clases que presenta el capitalismo no es necesario acudir a sociólogos marxistas, sino que nos puede orientar al respecto un no marxista como Anthony Giddens20 el cual “matiza la importancia de la estructura de clases en la conformación de los procesos sociales…La preocupación fundamental de Giddens es explicar el proceso de estructuración de las relaciones de clase, es decir, cómo explicar la conversión de relaciones económicas en estructuras sociales de carácter no económico…las clases pueden dar lugar a grupos concretos con fronteras claramente definibles formados por un conjunto común de interrelaciones que unen a sus miembros entre sí”.21 En este mismo sentido se manifiestan Hout y …,22 al considerar que las clases sociales siguen existiendo y que son un concepto indispensable por varias razones, entre ellas: 1. La clase es clave para determinar los intereses materiales. 2. Las clases definidas estructuralmente dan lugar a la aparición de actores colectivos que tratan de llevar a cabo el cambio social. Esta diferencia respecto a las clases sociales que vemos ya existe de partida entre la posición populista y la mayoritaria en las izquierdas quedará reflejada más ampliamente si cabe en la línea de meta, con el criterio utilizado para la clasificación del campo político.

Es precisamente partiendo de la negación de las clases sociales, como el populismo comienza a desarrollar el concepto de transversalidad, conectándolo al campo político en el sentido de lo afirmado en c) y c1). En España, el rechazo a los recortes practicados como solución a la crisis, siguiendo las directrices neoliberales, expresado en forma de diferentes mareas y plataformas, sumado a la total desconexión de estos movimientos de los dos partidos mayoritarios en el campo de la izquierda (PSOE e IU), favoreció el progreso de dicha perspectiva.

A la vía populista también le vienen bien algunas afirmaciones inexactas provenientes de diferentes sociólogos, como las de los autores de la teoría sobre la sociedad posidustrial (Bell y Touraine) y de algunos posteriores como Clark y Lipset23, tales como: 1. La clase obrera está fragmentada y no puede actuar como tal. 2. La clase obrera ha dejado de estar interesada en la revolución social. 3. La realidad ha demostrado que la clase obrera universal es inviable. Y son inexactas, porque si bien es cierto que el proceso productivo del neoliberalismo “nos ilustra sobre la complejidad de la clase obrera actual, su diversificación y estratificación y la disminución acelerada de su núcleo central de obreros industriales”,24 no lo es menos que una de las tareas imprescindibles cara a la transformación social (y de aplicación correcta de conexión del campo social con el campo político, teniendo en cuenta la transversalidad del primero), es reconectar dichos fragmentos, lo cual sólo será posible “si existe la organización política de izquierdas capaz de dirigir su aprendizaje social para que puedan crear sus propias instituciones y conectarlas con el campo político a través de las estructuras del Estado”.25 Además, actualmente en Europa, la cuestión no es si la clase obrera está interesada o no en la revolución, es decir en la “toma del poder en un acto” (guerra de movimientos en Gramsci), sino si (convenientemente reconstruida a través de la conexión de sus fragmentos con el campo político) su participación es imprescindible en el proceso de disminución de la desigualdad social (guerra de posiciones en Gramsci). En tercer lugar, el que el devenir histórico haya demostrado que la clase obrera universal ha sido inviable (“caída del muro de Berlín”), no invalida que sea completamente correcto considerar que una sociedad en la que disminuya la desigualdad social hasta su total desaparición, sólo tendrá una clase, pasando ésta a ser clase universal (otra cosa es que al tratarse de un proceso, a dicha clase todavía no se le deba poner nombre); de manera que la concepción marxista de clase universal, formalmente es indestructible.

Por último, veamos si el nuevo sujeto político que se propone para el cambio social, el pueblo, d) y d1), es adecuado para una estrategia que pretende la disminución de la desigualdad social. En primer lugar hay que decir que el concepto pueblo es metafísico, ya que considerado como el conjunto de ciudadanos,26 carecerá de principio de totalidad tal como ya hemos visto en i) y si se toma como una determinada mayoría de éstos (¿cuál?, ¿expresada cómo?, ¿en qué momento?), dejará de ser la totalidad. Por ello, históricamente, para incorporarlo al mundo real con carácter operativo se le dotó de una determinada característica que le venía dada (por ejemplo, el espíritu según el idealismo alemán de Hegel). De manera que la característica que el populismo de Laclau le adjudica al pueblo, d1), para que pueda pasar a ser sujeto político, es la de ser capaz de ofrecer una respuesta universal a las demandas parciales de los diferentes estamentos sociales, ya que puede articular la cadena equivalencial de demandas populares, condensándola en torno a significantes (palabras, nombres) que a través de la psicología y el afecto de los individuos se convierten en objetivos políticos.27 Pero, lo que se presenta como demandas populares en realidad son demandas expuestas por clases y segmentos sociales, las cuales contienen contradicciones; así que antes de nada, se tendrá que explicitar el mecanismo científico que hay que utilizar para determinar el denominador común condensado que es incorporado a la cadena, algo que no se hace; el resto de la teoría, intentando convertir en mediador a la psicología individual, el afecto y el relativismo de significante y significado en cada palabra, d1), se acerca más al campo del esoterismo que al de la filosofía o la ciencia política. Y es que sin llegar a alcanzar la categoría de las demandas contradictorias que el populismo trata de condensar, el cálculo matemático del máximo común denominador de todo conjunto formado por números naturales primos entre sí (por ejemplo de 13, 35, 119, 125, 299 por un lado y de 17, 31, 125, 455, 7031 por otro) ofrece siempre el mismo resultado…y vale 1.

De todo ello podemos concluir que dicotomías del tipo pueblo/poder o pueblo/casta no tienen la capacidad de dividir al campo político, al menos para ser un elemento útil relacionado con el atractor en la estrategia de transformación social.

Pensamos por lo tanto que la división del campo político en la dicotomía izquierda/derecha puede seguir siendo adecuada, pero para ello habrá que demostrar que dicha clasificación se puede realizar en base a un criterio objetivo relacionado con el horizonte estratégico (atractor)…siendo esto algo que abordaremos en un posterior artículo.

 

 

  1. E. Laclau y C. Mouffe, Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Siglo XXI, 1987.
  2. E. Laclau y C. Mouffe, Ibíd. Citado por Rafael Feito Alonso, Estructura social contemporánea, p. 40. Siglo XXI, 1995.
  3. Ernesto Laclau, es el teórico del moderno populismo que a veces es clasificado “de izquierda” para diferenciarlo de otros populismos de derecha e incluso claramente fascistas. Su teoría la ha expuesto en La razón populista. Fondo de Cultura Económica, 2005.
  4. Eduardo Maura, Podemos, ¿Porqué es importante la transversalidad?, abril 2016.
  5. Ibíd.
  6. Antonio Antón. Público, Podemos y la superación del eje izquierda/derecha, 1 de octubre de 2014. VII Congreso andaluz de sociología, Eje izquierda/derecha y cambio político, noviembre 2014.
  7. Ibíd.
  8. Ibíd.
  9. Ibíd.
  10. Laclau y Mouffe, Ibíd, citado por Rafael Feito Alonso, Estructura social contemporánea, p. 40, 1995.
  11. Laclau y Mouffe, Ibíd, citado por Marta L. González, Ernesto Laclau y Chantal Mouffe: hacia una teoría radical de la democracia, Universidad de Santiago de Compostela, 2009.
  12. Diariocrítico.com. 9 de abril de 2016.
  13. Ernesto Laclau, Ibíd. Síntesis de sus posiciones.
  14. En 1987, Margaret Thatcher afirmaba, “La sociedad no existe. Hay individuos, hombres y mujeres y hay familias”.
  15. En ocasiones es necesario resaltar el oscurantismo metodológico que presentan algunas posiciones respecto a determinados conceptos científicos. Tal es el caso del atomismo y del individualismo metodológico que comparten la idea de que las explicaciones sociales son reducibles a explicaciones a nivel individual. Jon Elster (Making Sense of Marx, 1985), afirma que el individualismo metodológico es una doctrina que “mantiene que todos los fenómenos sociales -su estructura y su cambio- en principio son explicables a partir de los individuos…partir de las instituciones sociales y de los modelos agregados de conducta hasta llegar a los individuos es lo mismo que ir desde las células a las moléculas”. Y existe oscurantismo porque es necesario explicar la diferencia entre elemento simple y elemento fundamental de un campo. Hemos visto que en el caso de la Química el elemento fundamental no tiene porqué ser un elemento simple. En el campo de la Química existen formas más simples que los elementos de la Tabla Periódica, tales como protones, neutrones, electrones (a su vez compuestas), pero no son elementos fundamentales de ese campo, porque en él no pueden realizar operaciones ni establecer relaciones.
  16. Alain Touraine, Sociología de la acción, Ariel, 1969, citado por Guy Rocher, Introducción a la sociología general, p. 535, Editorial Helder, 1990.
  17. Piotr Sztompka, Sociología del cambio social, pp. 31 y 41, Alianza, 1995.
  18. Daniel Bell, El advenimiento de la sociedad posindustrial, Alianza, 1976.
  19. Alain Touraine, Ibíd.
  20. Anthony Giddens (sociólogo de la 3ª vía de Tony Blair), La estructura de clases en sociedades avanzadas, Alianza, 1983.
  21. Rafael Feito Alonso, Ibíd., pp. 124 y 126.
  22. M. Hout, C. Brooks y J. Manza, “The persistence of Classes in Post-Industrial Societies”, International Sociology, 1993.
  23. T. N. Clark y S. M. Lipset, “Are Classes Dying?”, Interational Sociology, 1991.
  24. José Candela, Notas sobre organización política revolucionaria en el siglo XXI y el sarampión de Podemos en la resaca del 20D, 2016.
  25. Ibíd.
  26. En teoría política, por pueblo se entiende el conjunto de individuos unidos al Estado por vínculos de ciudadanía.
  27. Para una crítica amplia de la teoría populista de Laclau, véase Carlos Tuya, La sinrazón populista, 2015.
image_pdfimage_print