Unidad de la Izquierda

La unidad de las izquierdas como estrategia 3/4

CLASIFICACIÓN DEL CAMPO POLÍTICO EN IZQUIERDA/DERECHA Y SEGUNDA DICOTOMÍA SUPERPUESTA

 

 

 

 

 

En 1/4 Transversalidad, populismo y clasificación Izquierda/Derecha, terminábamos diciendo: “Pensamos por lo tanto que la división del campo político en la dicotomía Izquierda/Derecha puede seguir siendo adecuada, pero para ello habrá que demostrar que dicha clasificación se puede realizar…”. Así pues, esta es la tarea que corresponde abordar en este momento.

La división del campo político en la dicotomía Izquierda-Derecha resulta un cometido previo imprescindible para el desarrollo de la estrategia de la Unidad de las Izquierdas, constituyendo ésta un componente esencial para la consecución de la transformación social.1 En la aplicación que aquí se realiza se considera que ambos aspectos (Unidad de las Izquierdas y transformación social) se encuentran fundidos en una misma totalidad, constituyendo la primera (dada su relación con su horizonte estratégico político), una herramienta estratégica imprescindible. Ahora bien, para que en el actual y complejo marco que presenta la sociedad postindustrial2 sea posible establecer una táctica política correcta, será necesario hacer operativa una Segunda Dicotomía Superpuesta (que deberá ser utilizada conjuntamente con la primera). La Segunda Dicotomía Superpuesta ha de asentarse en un criterio teórico que permita aplicar tácticas adecuadas…en relación con el horizonte estratégico político de las Izquierdas; de esta manera, se podrán valorar objetivamente los aciertos y errores producidos en el desarrollo táctico, los avances y retrocesos, así como favorecer la adopción de correcciones y ajustes.

Como cuestión previa a la división del campo político, hemos de hacer tres consideraciones:

1ª. Los términos Izquierda y Derecha corresponden a conceptos históricos; se circunscriben a sociedades políticas modernas a partir de la revolución francesa (dichos términos provienen del lugar que ocupaban los representantes en la Asamblea) y han evolucionado en el tiempo. En nuestro caso tendremos en cuenta dos fases:

  1. a) Inicial. La que abarca desde mediados del siglo XIX hasta los años posteriores a la revolución rusa de 1917 (desde el punto de vista teórico, en Europa, el horizonte estratégico de esta fase sufre una modificación como consecuencia de la propuesta que representa el concepto guerra de posiciones de Gramsci).
  2. b) Actual. La que se comienza a producir en Europa a partir de la II Guerra Mundial, uno de cuyos resultados será el desarrollo de la Sociedad del Bienestar en los países capitalistas; otro el colapso del modelo soviético y del denominado bloque del socialismo real; y el tercero, el desarrollo de un tipo de sociedad que Daniel Bell denominó sociedad post-industrial que en la actualidad evoluciona bajo el dominio del neoliberalismo económico. Esta fase es la que tendremos en cuenta para la división del campo político en las dos dicotomías necesarias que proponemos.

2ª. La oposición Izquierda-Derecha no es universal, no es por lo tanto aplicable a todas las sociedades políticas actualmente existentes. Bien es cierto que en su sentido actual, dicha oposición sigue teniendo arraigo en España, donde ha venido siendo utilizada con precisión a partir del Frente Popular de 1936 y ha mantenido su presencia durante el período de transición que desembocó en el actual sistema democrático. Ahora bien, actualmente, la dicotomía Izquierda-Derecha debe ser complementada con una Segunda Dicotomía Superpuesta adecuada para sociedades capitalistas complejas y que encuentra su razón en la existencia de sectores ciudadanos nada despreciables que han dejado de percibir la política exclusivamente bajo la dicotomía Izquierda-Derecha (en España fundamentalmente a partir de la crisis económica iniciada en 2008).

3ª. El contenido del campo de la izquierda hemos de entenderlo a través de una característica funcional; ello quiere decir que, una vez elegido el parámetro o variable, la característica que siempre aparece es la de la pluralidad de las izquierdas. Este aspecto adquiere enorme importancia, al estar relacionado directamente con la política de alianzas correcta que hay que desarrollar, en cada momento y materia, con cada uno de los componentes del campo.

Una consideración previa de gran importancia ideológica (aunque en este caso, pueda no parecer determinante), es el que concierne a quién desempeña el papel de componente fundamental3 en el sistema social. Comencemos pues resolviendo este aspecto: para la derecha el componente fundamental del sistema social es el individuo4, mientras que para las izquierdas lo son los grupos sociales.5

 

Clasificación del campo político en Izquierda-Derecha

Ha llegado al momento de examinar si en concreto, para el actual sistema social español, es posible establecer algún criterio que permita clasificar su campo político en la dicotomía Izquierda-Derecha. Para ello, primero habrá que tener en cuenta que:

  1. a) Por definición, el criterio ha de atender a una oposición presente en el campo político. Por ello, en el caso del campo de la izquierda, serán desechados todos aquellos criterios caracterizados por utilizar mediciones indirectas, es decir, basados en el individualismo metodológico que toma al individuo como componente fundamental del sistema social.
  2. b) El criterio debe basarse en una idea fuerza perteneciente al sistema ideológico de cada campo que figure en el frontispicio de sus respectivos horizontes estratégicos6. Además, en el caso del campo de la izquierda y dado que alguno (o todos) de sus componentes plantea la transformación social, la idea fuerza debe resolver la contradicción fundamental que presenta el modo de producción capitalista, lo que significa que para ello habrá de estar conectada con la institución política por excelencia: el Estado. Por último, la idea fuerza que delimita el campo de la izquierda tendrá que ser sintética, lo que quiere decir que no podrá ser gratuita y deberá corresponder al concepto de verdad científica.

Procedamos pues a dividir el campo político en base a los criterios establecidos; y para ello, comenzaremos teniendo en cuenta el horizonte estratégico de la derecha, expresado en su idea fuerza fundamental: el libre mercado (que implica la propiedad privada de los medios de producción, distribución y financiación). Solo con utilizar este criterio, el campo ya quedaría dividido: aquellas fuerzas políticas cuyo horizonte estratégico sea el libre mercado figurarían en el campo de la derecha, al resto les correspondería el campo de la izquierda.

Pero en nuestro caso, no es suficiente con que el campo de la izquierda quede determinado por exclusión, siendo necesario establecerlo también utilizando un criterio positivo, para que de esta manera pueda estar unido a la estrategia política. Y es lo que vamos a hacer, pero para ello será necesario tener en cuenta las dos fases europeas mencionadas.

En la fase inicial, la idea fuerza del horizonte estratégico de las izquierdas fue la de clase obrera universal,7 la cual era compartida por las dos corrientes fundamentales: anarquismo y socialdemocracia (aunque divergían en cómo conseguirlo). Pero ya el 1914, en el seno de la socialdemocracia, se produce la primera ruptura de esta idea fuerza, debido a la actitud a adoptar ante la I Guerra Mundial. La decisión de la II Internacional de participar en dicha guerra, significaba no sólo la fragmentación de la clase obrera en los diferentes Estados, sino también, abandonar la idea de transformación social, la cual quedó en manos de los comunistas rusos (socialdemócratas bolcheviques, en aquellos momentos) y su triunfante revolución de 1917 realizada a través de un golpe de fuerza. Se iniciaba así la construcción del socialismo por arriba. La teoría leninista del eslabón más débil permanecía unida a la idea de clase obrera universal, siendo entendida mayoritariamente en la perspectiva de la inminente rotura de la cadena capitalista europea. De esta manera, el horizonte estratégico ideológico se colocaba en el horizonte de predicciones8 de la evolución del sistema, es decir en el corto plazo. Pero los eslabones no se rompieron, por lo que se comenzó a desarrollar la teoría del socialismo por arriba y en un sólo país. Posteriormente, el conflicto fronterizo chino-soviético de la década de 1960 (manifestación del verdadero conflicto ideológico), introdujo una resquebrajadura definitiva en la idea de clase obrera universal como resultado de la construcción del socialismo por arriba. La implosión de la URSS, la más que simbólica caída del muro de Berlín, el hundimiento de todo el denominado campo del socialismo real europeo y la deriva capitalista del sistema chino, cancelan definitivamente este horizonte estratégico.9

El desarrollo de la fase inicial se encontró con un acontecimiento que obligaría al capitalismo europeo a realizar un giro copernicano y evolucionar hacia la fase actual: la II Guerra Mundial. Como resultado de la misma y ante la posibilidad de que la correlación de fuerzas en países como Francia e Italia significase la continuidad del avance del comunismo, en Europa occidental se implantó el denominado Estado del Bienestar10 (sanidad, educación, pensiones, dejaban de ser asistenciales y pasaban a ser derechos de los ciudadanos); un gran pacto social que tuvo como resultado que la estructura del Estado pasase a ser mucho más amplia y compleja que la del mero aparato represor y de subyugación ideológica, al dotarse de instituciones que gestionan dichos servicios universales; “instituciones que convirtieron al propio Estado en territorio de la lucha de clases, porque son bienes públicos colectivos que suministran servicios esenciales para los ciudadanos”,11 fundamentados en una actividad económica cada vez más importante (el sector público representa casi el 40% del PIB).12 Ello hace que sea también a través del papel del Estado donde la oposición Izquierda-Derecha entra en conexión con la oposición que presentan las clases sociales. Esta nueva situación en Europa permitió la puesta en valor de la teoría gramsciana de la revolución, elaborada a comienzos de la década de 1930, presentando la forma de un proceso sustentado por sus conceptos de guerra de posiciones y hegemonía, lo que hoy normalmente expresamos como estrategia de transformación social. Así pues, en la fase actual del capitalismo en España, la idea fuerza del horizonte estratégico político del campo de la izquierda deberá establecerse teniendo en cuenta que la transformación social ha de ser concebida no como producto de una acción política que se resuelve en un golpe de fuerza, sino que la resolución ha de formar parte de un largo proceso en el que la cultura (como conjunto de normas que rigen el comportamiento social, establecido a través de organizaciones e instituciones) constituye una dimensión esencial para alcanzar la hegemonía en la sociedad civil, antes de proponerse la conquista del poder político.

Tras todas estas consideraciones, estamos en condiciones de afirmar que, en la fase actual del capitalismo en España, la idea fuerza del horizonte estratégico político del campo de la izquierda es: el desarrollo de una sociedad con creciente disminución de la desigualdad social, lo que en el límite supone la eliminación de esta última (y en la práctica, la construcción un nuevo sistema productivo).  

Una vez establecido el campo de la izquierda y su horizonte estratégico político, hemos de realizar algunas consideraciones:

1ª. En concordancia con la idea fuerza que configura el horizonte estratégico político del campo de la izquierda, la extinción del Estado, dado su carácter de totalidad atributiva13, pasa a ser entendida como un paso al límite.14

2ª. El campo de la izquierda está formado por diferentes opciones políticas (las izquierdas). Así pues, teniendo en cuenta el grado por el que cada una de las opciones se puede ubicar en el horizonte estratégico del campo, es posible configurar un eje ideológico de las izquierdas, lo que nos lleva a tomar en consideración el extremo de éste que forzosamente habrá de estar en contacto con el campo de la derecha: el denominado centro político. En la clasificación del campo político que realizamos, el centro político no es interpretado ni como una zona privilegiada, ni como una zona en la que se deba confluir por estar dotada de la virtud de la prudencia política, sino como una línea divisoria de dos corrientes que transcurren, una a su derecha y otra a su izquierda. De esta manera, el campo de la izquierda adquiere una estructura fractal,15 es decir que se puede dividir (centro-izquierda, izquierda moderada, izquierda transformadora), sin que por ello ninguna de sus partes se acerque al campo de la derecha. Una línea divisoria que por otro lado es permeable.

3ª. La permeabilidad significa que una determinada opción política puede decidir pasar de un campo a otro; también que una fuerza política considere que otra pueda estar actuando como si hubiera cambiado de campo, lo que deberá tomar en consideración a la hora de establecer su táctica y acuerdos con ella; pero ello no quiere decir que pueda expulsarla del campo (acto siempre sectario, como el realizado por la III Internacional a finales de la década de 1920, al clasificar a los socialdemócratas como socialfascistas; un error que por otro lado tuvo trágicas consecuencias al permitir a Hitler ganar las elecciones que lo llevarían al poder). La permeabilidad sólo puede tener sentido político formando parte de la correcta aplicación de la estrategia de la Unidad de las Izquierdas y esta (al ser desarrollada dando los pasos tácticos que determina la Segunda Dicotomía Superpuesta), exige en cada momento analizar la política de alianzas posible, su reforzamiento y desarrollo, pero siempre teniendo en cuenta la orientación que proporciona el horizonte estratégico. Por último, dentro de esta praxis, no se puede olvidar que históricamente, entre las diferentes corrientes y opciones políticas del campo de la izquierda, existieron y existen diferencias e incompatibilidades (cuando no abiertas contradicciones) que bajo ningún concepto pueden ser obviadas, aunque sí superadas críticamente en el proceso.

4ª. También hemos de tener presente que los tres parámetros principales del campo de la izquierda, para hacerse con el control del mismo, han utilizado en determinados momentos estrategias completamente equivocadas respecto a los otros, tales como la trituración política y/o la expulsión del campo. Y lo han hecho, unos mediante el anticomunismo visceral (PSOE), otros con la teoría de las dos orillas (IU) y los últimos, con el esotérico planteamiento de la eliminación de la casta y la Triple Alianza (Podemos). Dichos métodos han de ser sustituidos por una praxis política que aproveche lo que de positivo tiene cada corriente, para así poder formar un cuerpo capaz de generar hegemonía (en el sentido gramsciano del término), basándose en la capacidad centrípeta que ofrecen los dos pilares de este concepto: hegemonía intelectual y moral y hegemonía política (ésta última exige capacidad para negociar en cada momento las alianzas posibles, planteándose alcanzar los objetivos que la correlación de fuerzas permite y siempre con la perspectiva de avanzar hacia el horizonte estratégico político).

5º. Para ampliar el Estado Social de Bienestar es necesaria la regulación y el control de los mercados y para ello hace falta una estrategia tendente a mitigar el Nuevo Dominio Indirecto que ejercen determinadas instituciones y grupos supranacionales a través de los Estados, pero que actúan desde fuera de ellos sin ningún control. Así pues, en la imprescindible acción política internacional transformadora también aparece implicado el Estado.

 

Segunda Dicotomía Superpuesta

En el apartado anterior hemos determinado que la evolución del sistema capitalista en Europa ha implicado establecer una nueva idea fuerza en el horizonte estratégico político del campo de la izquierda. Pero, contando solo con este elemento, resultaría muy difícil, por no decir imposible, desenvolverse en la determinación de tácticas correctas en una sociedad basada en el capitalismo financiero y global que ha introducido enormes cambios en la estratificación y con ellos, muy diferentes formas como los ciudadanos perciben el propio sistema social. Un estudio teórico significativo de estos cambios fue presentado por Daniel Bell en 1973 utilizando para ello el concepto de sociedad postindustrial; con él, hace referencia en primer lugar a cambios en la estructura que aparecen expresados en la manera en que estaba siendo transformada la economía y remodelado el sistema de empleo (cambio de una economía productora de mercancías a una de servicios; preeminencia de la clase profesional y técnica) y a las nuevas relaciones entre la ciencia y la tecnología, expresada en el binomio Investigación y Desarrollo, I + D (el sistema se organiza en torno al conocimiento para obtener el control social y el cambio; las técnicas de dirección de los complejos sistemas de organización exigen el uso del ordenador).16

Pero como es lógico, desde la década de los años 70 el capitalismo ha seguido evolucionado, primero en el capitalismo financiero: la automatización y la robótica se implantaron en la producción,17 el ordenador personal se generalizó y las redes sociales y la sociedad de la información presentaron nuevas formas de trabajo en el marco de una economía de consumo; después, hacia el capitalismo financiero y global, con el que se dispersa la producción por el planeta (cada vez son más los países que adquieren formación profesional), lo que tiene como resultado la deslocalización de actividades industriales y la destrucción de la base organizativa de clase, así como el debilitamiento de la capacidad de los Estados para proporcionar bienes públicos18; además, los negativos efectos del creciente carácter especulativo de este tipo de capitalismo no son despreciables ni mucho menos. Consecuencia de ello es que actualmente, en un país como España, “el conjunto de los trabajadores engloba una constelación de clases (con sus grupos y subgrupos) con fronteras borrosas y relaciones fluidas”19 las cuales presentan nuevas distinciones en el mercado de trabajo y en su relación contractual con el capital (empresa pública-empresa privada; contratos indefinidos-contratos temporales; contratos a tiempo completo-contratos a tiempo parcial, trabajadores autónomos de muy diferente tipo y condición…), lo que significa: “salarios, condiciones de trabajo, posibilidades de realización personal y capacidad de consumo muy diferentes”.20 Pero esta diversidad y fragmentación no significa, como pretenden Clark y Lipset,21 que el análisis político de clase haya desaparecido,22 ni tampoco (como pretenden otros, con el fin de acabar con la teoría del conflicto en el cambio social) que el continuum y la dicotomía Izquierda-Derecha haya entrado en un declive total y definitivo. Pero lo que sí es cierto es que esta nueva realidad indica que la ciudadanía ya no percibe la política exclusivamente desde la óptica clásica Izquierda-Derecha (ligada esta al más intangible y lejano aspecto estratégico), sino desde la urgente necesidad de soluciones concretas a sus problemas concretos (campo más cercano a la táctica política). En definitiva, que es necesario dotarse de un mecanismo más efectivo que permita desenvolverse en el terreno táctico. Hemos configurado este mecanismo y lo hemos denominado Segunda Dicotomía Superpuesta. Ahora bien, ¿cuál ha sido el criterio utilizado para establecerla?, ¿cuáles son sus términos?, y finalmente ¿cómo se relaciona con la dicotomía Izquierda-Derecha?. Estos aspectos los pasamos a exponer a continuación.

El criterio que hemos utilizado para establecer la Segunda Dicotomía se fundamenta en el primer componente (bifurcación) del modelo de transformación de organización23 aplicado a los sistemas disipativos24 (no lineales, con dinámica caótica). En él se afirma que con el paso del tiempo, un sistema u organización que utiliza su estructura y comportamiento habituales, deja de ser eficaz en su ajuste con el entorno. Esta situación (que la aleja del equilibrio), tendrá efectos desencadenantes en el sistema o la organización, los cuales acabarán necesitando una respuesta más adaptativa con el entorno. El sistema u organización podrá responder de dos maneras (bifurcación): 1ª. Persistiendo en sus comportamientos habituales. 2ª. Comenzando una transformación organizativa. La primera opción dará lugar al declive del sistema o la organización ya que la respuesta solo sirve para incrementar el desajuste con el entorno; la segunda, dará lugar al inicio de una transformación que podrá tener como consecuencia un sistema u organización más adaptados a su entorno.

Teniendo en cuenta lo establecido en el apartado anterior, para el campo de la acción política, la Segunda Dicotomía queda formulada entre: Soluciones que conservan (pero que no resuelven)-Soluciones que transforman (pero que exigen la conquista del poder político).25 Las primeras, debido a la resistencia al cambio que ofrece toda organización,26 siempre aparecerán como más factibles. Las segundas, deben ser formuladas rigurosamente (es decir, en primer lugar, siendo concordantes con el horizonte estratégico político) y puestas en práctica eficazmente por la opción política que pretenda ayudar a construir la hegemonía necesaria que permita avanzar hacia la transformación social. En definitiva, la aplicación de los términos de la Segunda Dicotomía es la forma más adecuada para desenvolverse en la realidad compleja y dinámica que presenta el actual sistema social español, donde es necesario aplicar gran variedad de acuerdos tácticos coyunturales como forma de desarrollar la guerra de posiciones.

A la Segunda Dicotomía la hemos adjetivado y denominado Segunda Dicotomía Superpuesta, indicando con ello que se debe utilizar conjuntamente con el horizonte estratégico político de las izquierdas (determinado en la clasificación Izquierda-Derecha) y que en esa disposición puede ocupar la posición superior. Pero dicha sobreposición no implica ninguna preeminencia, funcionando ambas dicotomías como láminas transparentes que llevasen elementos marcados, habiéndose utilizado para las figuras de cada una de ellas un color diferente; ello permitiría en todo momento referenciar las marcas de la una respecto a la otra y de la otra respecto a la una, e incluso se podría intercambiar su posición relativa sin que por ello se viese alterada su funcionalidad.

Así pues, el campo político ha sido posible dividirlo en Izquierda-Derecha; asimismo, ha sido necesario establecer una Segunda Dicotomía Superpuesta. Ello nos permitirá disponer de criterios teóricos para desarrollar tácticas políticas adecuadas a una estrategia predeterminada. La aplicación inmediata de estos dos elementos se produce precisamente en la estrategia política de la Unidad de las Izquierdas. Por ello, el siguiente y último paso consistirá en establecer los elementos nucleares que la configuran. De eso tratará 4/4.

 

  1. Queda fuera del contenido del presente artículo la utilización retórica de los términos izquierda y derecha, a todas luces perfectamente lícita en determinados contextos.
  2. Véase, Daniel Bell, The coming of post-industrial society (1973), publicadda en España como El advenimiento de la sociedad post-industrial: un intento de prognosis social. Alianza, 1976.
  3. Componente fundamental. No es el componente más pequeño del campo, sino aquel que es capaz de establecer relaciones y realizar operaciones en el mismo. En Química son los elementos (de ahí la trascendencia de la Tabla Periódica de los Elementos) y no los electrones, los protones o los mesones.
  4. Esta idea fue expuesta por Margaret Thatcher en 1987, con cándida precisión: “La sociedad no existe. Hay individuos, hombres y mujeres y familias…y ningún gobierno puede hacer nada si no es a través de la gente”.
  5. Un sistema social es un sistema no lineal, dinámico, complejo, abierto, que incorpora dimensión cultural. Ahora bien, si “la cultura es la forma evolutiva del homo sapiens” (Carlos Tuya, Evolución, cultura y socialismo, p. 41), ello es debido a que está constituida por el conjunto de normas (rutinas exitosas) que rigen el comportamiento social y que el individuo adopta en cuanto miembro de un grupo social o institución.
  6. En un sistema social, al ser un sistema no lineal, dinámico, que incorpora dimensión cultural, las ideas fuerza configuran el horizonte estratégico político y forman parte del sistema ideológico; por ello, aparecen tanto en el sistema de dominación como en el sistema ideológico subalterno que se enfrenta a él y al que pretende sustituir. En los sistemas no lineales, dinámicos, de las ciencias de la naturaleza, este papel lo representan los atractores, los cuales son una región del espacio-fase, generada por las repetidas iteraciones del sistema que atrae la mayor parte de las trayectorias temporales del mismo, por lo que les dota de estabilidad. [Véase 2/4 Crítica del modelo clásico marxista de formación social (basado en diagrama de bloques) y avance de algunas características para uno nuevo]. De la misma manera, las ideas fuerza presentes en una sociedad, tienden a dar estabilidad al sistema ideológico al que pertenecen.
  7. La idea de clase obrera universal como horizonte estratégico político, estuvo influenciada por las aplicaciones científico-técnicas a la organización de la producción, efectuadas por Taylor (utilización del estudio de métodos y tiempos) y por el modelo fordista de producción (cadenas de fabricación y montaje), basado en la expansión del mercado, maquinaria especializada, altos salarios y fábricas con elevado número de trabajadores.
  8. Los sistemas no lineales, con dinámica caótica y complejos, son deterministas pero muy poco predecibles en el tiempo [la evolución del tiempo (climático) es el ejemplo más socorrido]. El punto hasta el que el sistema es predecible, se denomina horizonte de predicciones.
  9. La construcción del socialismo por arriba, estuvo unida a la prisa por la estatalización (que no socialización) de los medios de producción, lo que planteó un serio problema teórico respecto a las características que presentaba el Estado en dicho sistema, ya que prácticamente “dejaban de existir las clases sociales”. Los teóricos soviéticos trataron de solucionarlo mediante la idea del Estado de todo el pueblo, siendo éste concebido como “una parte importantísima de la organización política de la sociedad socialista… (el cual) es evolución del Estado de la dictadura del proletariado” (P. N. Fedoséev, et ál, La teoría leninista de la revolución socialista y la época actual, 1975). Todo indica que este empeño no se consiguió llevar a buen puerto.
  10. El Estado del Bienestar es la gran tarea realizada por la socialdemocracia europea y justo es reconocer que su alcance y consecuencias, tanto económicas como políticas, han sido enormes.
  11. Pepe Candela, “Notas para una organización revolucionaria del siglo XXI” (2016).
  12. Estas dos características dan al Estado del Bienestar “…dos significados: por una parte, conforma el área de socialización dentro del sistema productivo capitalista (un cuerpo extraño que el sistema tratará de anular o, al menos, reducir y aprovechar los nichos de negocio mediante la privatización); por otra, un campo de lucha que conduce a poner en cuestión (de forma vaga mientras las izquierdas carezcan de modelo alternativo) el propio sistema, pudiendo llegar a generar amplios movimientos sociales”. Carlos Tuya, 2016. Carta.
  13. En una totalidad atributiva, el todo no resulta de la suma de las partes y cada parte sólo tiene sentido encuadrada en el todo (pensemos por ejemplo en las seis caras de un cubo). Los sistemas no lineales (y por lo tanto los sistemas sociales), presentan totalidades atributivas.
  14. Paso al límite. Se produce cuando una tendencia da paso a algo cualitativamente diferente. La circunferencia, entendida como un polígono de infinitos lados, es un ejemplo.
  15. Un fractal es una forma geométrica que se repite a sí misma en cualquier escala a la que se la observe. Los fractales son objetos matemáticos que adquirieron importancia al formar parte de la geometría de la Teoría del Caos.
  16. Daniel Bell, Ibíd.
  17. Automatización y robótica, son elementos fundamentales en la disminución y pérdida de peso específico de la clase obrera tradicional, característica en las grandes empresas del modelo fordista.
  18. Pepe Candela, Notas para una organización revolucionaria del siglo XXI, 2016.
  19. Carlos Tuya, Pensar el socialismo en el siglo XXI (2016), p. 59.
  20. Carlos Tuya, Ibíd., p. 59.
  21. T. N. Clark y S. M. Lipset, Are Classes Dying? (1991) (¿Están desapareciendo las clases?).
  22. Este aspecto ha sido analizado y resuelto en 1/4 Transversalidad, populismo y clasificación Izquierda/Derecha.
  23. Para ello, véase por ejemplo, Richard Leifer, Transformation Using a Dissipative Structure Model, 1989.
  24. Sistemas disipativos. Son sistemas que para sobrevivir necesitan disipar e intercambiar energía con el entorno, siendo esa la manera como se desarrollan. Los sistemas disipativos pueden permanecer lejos del equilibrio y evolucionar. Los sistemas sociales son disipativos, siendo a través de las crisis como disipan energía.
  25. Carlos Tuya, Eje Izquierda-Derecha y nuevas dicotomías, 2016.
  26. Jeffrey Goldstein, Complex Systems Leaderschip, 1988, explica la resistencia al cambio de toda organización en el bucle que forman: la identidad de la misma, el entorno, los principios básicos (misión, valores) y las conductas.

 

 

 

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